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El presunto yihadista del grupo EI Shams Al Mohammad esconde su rostro mientras espera el inicio de su juicio, en Berlín, el 4 de enero de 2017

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Un sirio de 20 años comparecía este miércoles en Berlín en el primer juicio contra un solicitante de asilo sospechoso de haber sido infiltrado por el grupo yihadista Estado Islámico (EI) entre los migrantes llegados a Alemania en 2015.

El acusado, Shaas al Mohamad, guardó silencio dentro del cubículo de vidrio, con los ojos fijos en su intérprete, dejando a sus dos abogados reclamar, en vano, que el juicio se celebrase a puerta cerrada. Más tarde, negó pertenecer a la organización yihadista.

Su caso ilustra un miedo muy debatido en el país, principalmente después del atentado del 19 de diciembre en Berlín: que el grupo EI haya incrustado a combatientes suyos entre los cientos de solicitantes de asilo llegados por la ruta de los Balcanes.

Detenido el 22 de marzo de 2016, Shaas al Mohamad será juzgado, al menos, hasta abril por "pertenencia a una organización terrorista en el extranjero" e "infracción de la ley de armas de guerra".

Cuando se produjeron los hechos tenía entre 16 y 19 años. Si es condenado como mayor de edad, podría enfrentar hasta diez años de prisión, mientras que sólo podría incurrir a una pena de hasta cinco años de cárcel si es condenado como menor.

Reclutado a mediados de 2013 por el EI en Siria, "continuó con su trabajo" para la organización yihadista después de su llegada a Alemania en el verano de 2015, afirma la fiscalía federal. "Identificó potenciales objetivos de ataque" en Berlín, en Alexanderplatz, la Puerta de Brandeburgo y el Reichstag (el Parlamento alemán), según la misma fuente.

Según el tribunal federal, también indicó por teléfono a alguien en Siria sobre el número de personas y autobuses que se encontraban allí a horas concretas.

La fiscalía también lo acusa de haber servido "de contacto para potenciales autores de atentados" y de haber "señalado su disposición para cometer un ataque en Alemania".

Fue reclutado en 2013 por un imán de su pueblo natal, en Siria, cuando era adolescente, siguió una formación religiosa y militar y participó en varias operaciones del grupo EI.

Según los investigadores, fue guardia en el aeropuerto de Deir Ezor (este de Siria), participó en la conquista de esta ciudad por parte de los yihadistas y abasteció "por numerosos trayectos" a los combatientes.

Pero, ante la policía alemana, él sólo reconoció haber "comerciado" con miembros del grupo EI y negó todo "contacto" con los mandos locales de la organización.

Refiriéndose a las escuchas y conversaciones de la aplicación WhatsApp incluidas en el archivo del caso, sus abogados rechazaron la identidad de sus interlocutores y su afiliación al grupo EI y mencionaron otros grupos rebeldes, como el Ejército Sirio Libre.

El riesgo de que los refugiados cometan atentados es uno de los dardos con los que la derecha populista suele fustigar a la canciller Angela Merkel por su política de apertura respecto a los solicitantes de asilo de 2015.

La canciller ha insistido en la necesidad de no mezclar "terroristas" y refugiados, algo difícil después que los ataques cometidos en nombre del grupo EI en Baviera en julio de 2016 (20 heridos) y en Berlín, el 19 de diciembre (12 muertos) fueran atribuidos a solicitantes de asilo -un afgano, un sirio y un tunecino-.

Sin embargo, las investigaciones no han arrojado hasta el momento pruebas de que contaran con cómplices ni de que tuvieran experiencia en la yihad, acreditando la tesis de que se trataría de "lobos solitarios" y no de combatientes enviados por el grupo EI.

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AFP