Hace unos días en la Casa Blanca, un enjambre de periodistas rodeaba a una mujer muy rubia en lo que parecía una acalorada discusión.

"¿Qué tiene para decir sobre esto?", le espetaba un reportero. "No me contestó", replicaba otro.

En 25 minutos de intenso interrogatorio, Kellyanne Conway, la impasible asesora del presidente Donald Trump, no evadió ninguna pregunta.

Para todo, desde el probable juicio político contra el mandatario, a la guerra comercial entre Estados Unidos y China, a los riesgos del vapeo, tenía una respuesta.

En muchos casos no es una respuesta sino una habilidosa manera de cambiar de tema, devolverle la pregunta al periodista o simplemente quejarse.

Pero en una Casa Blanca donde pocos funcionarios se comunican abiertamente con los medios de manera regular, Conway al menos estaba hablando. Además, estaba sonriendo, aunque el gesto destilara sarcasmo.

- Leal defensora de Trump -

Un ejército de agentes del Servicio Secreto protege a Trump. Pero con sus rápidos comentarios filosos, nadie parece defenderlo mejor que Conway.

Su extravagante sentido de la moda, que la muestra enfundada en un vestido con estampado de piel de serpiente un día y con un conjunto rojo brillante al siguiente, sobresale en una ciudad a menudo gris.

Y en un gobierno donde los altos funcionarios terminan despedidos a una velocidad vertiginosa, Conway es una sobreviviente.

No solo ha estado allí desde el primer día, sino que ya era la gerente de campaña de Trump en 2016, la primera mujer en estar detrás de una candidatura presidencial ganadora en Estados Unidos.

Pero lo que caracteriza a Conway es su lealtad.

Ya sea que aborde con Trump el helicóptero Marine One en el Jardín Sur de la Casa Blanca, se reúna con él en la Oficina Oval o siga entre bambalinas un acto suyo de campaña, esta mujer de 52 años rara vez está lejos del presidente.

Y Conway, formada como abogada y encuestadora, es muy consciente de la profunda ira que despierta su jefe en un país dividido.

Lo sabe de primera mano: su esposo, el destacado abogado George Conway, es uno de los críticos más prolíficos de Trump en Twitter, desde donde cuestiona, repetidamente y sin pelos en la lengua, hasta la aptitud mental del presidente para el cargo.

"Simplemente me sorprende la cantidad de gente que sigue dispuesta a sacrificar su honor y reputación para defender a un hombre que no tiene virtudes morales redentoras", tuiteó George Conway la semana pasada.

A pesar de la insistencia de Kellyanne Conway de que el cisma político en su hogar no colide con su trabajo, el propio Trump sacó el tema en marzo, llamando a George Conway un "esposo del infierno".

- Cara pública de la Casa Blanca -

Kellyanne Conway trabaja en política en las sombras, pero paradójicamente, una de sus principales funciones es ser una cara pública de la Casa Blanca.

Esto implica apariciones frecuentes en la cadena de televisión favorita de Trump, Fox News, pero también en conferencias de prensa improvisadas con el resto de los medios, que en la jerga de Washington se conocen como "gaggles" (graznidos).

Y bajo fuego, Conway reacciona como su jefe: ataca. La única diferencia es que ella tiende a ser educada.

En el "gaggle" de hace unos días, cuando le preguntaron sobre el hecho de que Trump llamara "escoria" a cualquier opositor dentro de su partido republicano, dijo con calma: "Yo usaría palabras diferentes", agregando enseguida: "Creo que lo que quiere decir el presidente es legítimo".

Presionada sobre si la Casa Blanca estaba frustrada y confundida en su intento de responder a la posibilidad cada vez más cercana de un juicio político a Trump, volvió a la ofensiva.

"No se necesita decir que estoy confundida", dijo, mirando de arriba a abajo a quien le había hecho la pregunta. "No es frustración, es consternación", apuntó.

Si bien Conway parece disfrutar diálogos así, los intercambios pueden volverse notablemente amargos.

Recientemente reprendió a una reportera del periódico de tendencia conservadora The Washington Examiner por mencionar en un artículo la enemistad de su esposo con Trump. Las acusaciones de que ella también había amenazado a la periodista la enojaron aún más.

"Nunca amenacé a nadie. No uses esas palabras. No es una amenaza", insistió fuera de la Casa Blanca.

"Si amenazo a alguien lo sabrás, ¿de acuerdo?"

Y por unos segundos, Conway no estaba sonriendo.

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