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Unos refugiados se registran para obtener el subsidio mensual el 11 de mayo de 2017 en el campamento de refugiados de Malakasa, a unos 50 kilómetros de Atenas, donde malviven unos 700 afganos

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Con 13 años, Farahnaz está desesperada pensando en cómo empezar "una nueva vida". Todo un desafío para esta joven afgana en el campamento de refugiados griego de Malakasa, donde malvive junto a cerca de 700 compatriotas a la espera de un asilo incierto.

Perdido bajo una colinas, a 40 kilómetros al norte de Atenas, el campo está enclavado entre la autopista y una base militar, a un kilómetro de un pequeño pueblo.

Farahnaz ha empezado a ir a la escuela esta semana, a unas clases reservadas para los niños del campo que deberían haber empezado en otoño.

Aunque está contenta, esto no impide que la joven afgana, de rostro dulce y con un pañuelo, se aburra "mucho".

Tuvo que huir de Mazar-e Sarif, después de que los talibanes asesinaran a sus abuelos. "No me gustan mis recuerdos", resopla esta adolescente, demasiado madura para su edad, que sufre al ver a sus padres "siempre tristes" .

Asef Faizi, diseñador gráfico e informático de 24 años, lleva 15 meses en el campo griego. Huyó de Herat con 23 años y procura luchar contra la monotonía con un proyecto de documental, apoyado por una ONG.

No obstante, para la mayoría de residentes, sobre todo para los jóvenes solteros, "la vida está interrumpida".

- "Como si no fuéramos humanos" -

Es el destino de decenas de miles de afganos confinados en Grecia por el el cierre de fronteras y que esperan que les concedan asilo.

A diferencia de los sirios, los afganos son no "relocalizables" en Europa, es decir, que no son prioritarios para ser realojados en ciudades.

"Es como si no fuéramos humanos", lamenta Hamayun Hashimi, con el antebrazo deformado. Un recuerdo más de la violencia que ni su cara de ángel ni sus 21 años pudieron ahorrarle tras su partida de Kabul.

La población de Malakasa cuenta con muchos exiliados clasificados como "vulnerables", víctimas de tortura, enfermos o miembros de minorías amenazadas, indica la directora del campamento, Eleni Mantzourakis.

Para ellos, la integración en Grecia es la única opción pese al paro de más del 23% que tiene este país.

Pero el Estado griego no responde, estiman tanto Nikos Xarhakos, de un comité local de apoyo, como Anna Oikonomopoulou, del centro griego Diotima para apoyar a las mujeres.

- 'Pueblo afgano' -

"No hay ni un cartel en el campamento con lo que se puede hacer y lo que no, un inventario de reglas. Y no es por no haberlo solicitado", suspira Oikonomopoulou, afectada por la ignorancia de los "códigos sociales" de los recién llegados.

En seis meses, el centro Diotima ha evacuado de urgencia a cuatro mujeres del campamento de refugiados por violencia conyugal. Dos de ellas han regresado.

"Si en Grecia la violencia doméstica se ha disparado con la crisis económica, imagínese en estas familias, donde se ha roto el equilibrio", dice Oikonomopoulou.

Según esta psicóloga, el campamento se ha convertido en "una especie de pueblo afgano, con el qué dirán, el control de la comunidad". Por eso es complicado "abrirse a una sociedad nueva", sobre todo para las mujeres.

Faranhnaz confirma que las madres o sus amigas "no se sienten verdaderamente seguras".

No obstante, la situación ha mejorado desde el otoño, cuando las tiendas y los aseos comunes fueron sustituidos por casas prefabricadas y equipadas con lo básico pero que garantizan cierta intimidad.

Ahora el campamento está limpio y arreglado.

Una "comodidad" a la que aspira Hellenikon, otro campo de refugiados con más de mil afganos en las afueras de Atenas. Allí viven cerca de la ciudad, como le gustaría a Asef, pero su suerte no es envidiable.

Amnistía Internacional denunció las condiciones de vida "espantosas y peligrosas", especialmente para la población femenina, y el mes pasado pidió su cierre.

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AFP