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El suizo René Brülhart, presidente de la Autoridad de Información Financiera, el 7 de marzo de 2017 en la plaza San Pedro del Vaticano

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Instalada en el corazón de la Ciudad del Vaticano, la joven autoridad contra el lavado dirigida por un experto suizo asegura haber dado pasos de gigante para eliminar las operaciones opacas del "banco del Papa", salpicado por los escándalos.

La Autoridad de Información Financiera (AIF) está a sólo unos pasos de la residencia del papa Francisco, que festeja el lunes sus cuatro años de Pontificado.

Dentro de ella, en sus oficinas adornadas con crucifijos, no quedan dudas. La entidad está al servicio del papado, como recuerda con voz suave su presidente, René Brülhart.

Antes de su misión en la Santa Sede, este abogado aceptó el desafío de adecuar las normas de la plaza financiera de Liechtenstein a las normas internacionales, sin que fuera recibido con los brazos abiertos.

René Brülhart llegó a la AIF en el otoño 2012, durante el pontificado de Benedicto XVI, que había creado esta agencia para empujar a las instituciones financieras del Vaticano a adoptar los criterios internacionales en materia de lucha contra el blanqueo de dinero y la financiación del terrorismo.

"Mi primer trabajo consistió en comprender los desafíos", describe sobriamente René Brülhart. Luego, abocarse a la escritura de una nueva ley contra el lavado, conforme a las normas internacionales y ya no más a la única lógica de la casa.

"Tuve numerosas puertas abiertas en el Vaticano", asegura. "Pero no todos están contentos, sirvo antes que todo a la institución de la Santa Sede".

No dice nada sobre la "vieja guardia" que le puso obstáculos. El papa Francisco decidió en junio de 2014 cambiar a la totalidad del consejo de dirección de la AIF.

- Gran limpieza -

Según los informes de actividad de la AIF, siete transacciones potencialmente sospechosas le fueron señaladas en 2011 y 2012. Luego fueron casi 900 en los tres años siguientes, prueba de que el sistema cambia.

Los señalamientos conciernen esencialmente a cuentas del Instituto para las Obras de Religión (IOR), apodado 'el banco del Papa'. Una pequeña parte se envía cada año al fiscal del Vaticano.

La gran limpieza terminó a fines de 2015, con el cierre de casi 5.000 cuentas bancarias "sospechosas".

"Todas no eran ilegales o estaban vinculadas a actividades criminales", precisa Brülhart. "Algunas pertenecían a personas que no correspondían más a la clientela querida por el IOR", explica.

El estatuto del banco, que no fue modificado, permite abrir una cuenta después de una donación, pero el banco busca captar y concentrarse en "clientes" religiosos, las congregaciones y los empleados del Vaticano.

A escala de los tiempos del Vaticano, la celeridad del gendarme financiero parece revolucionaria.

"Esconderse detrás de anchos muros ya no era posible", subraya un observador interno.

Y ya era tiempo. Durante el pontificado de Benedicto XVI estallaron nuevos escándalos financieros, en 2010 se congelaron fondos sospechosos y en 2012 el director del banco se vio obligado a dejar la institución.

Hasta entonces, el IOR hacía pocas preguntas sobre el origen de los fondos.

En el pasado, la mafia también fue acusada de aprovechar este anonimato o de utilizar testaferros para blanquear fondos.

Ya "no recomendaría" intentar reciclar dinero sucio en el Vaticano, afirma René Brülhart.

"Si no se tomara en serio nuestro trabajo, ni el Banco de Italia, ni las organizaciones de supervisión estadounidenses o alemana habrían firmado memorándum de acuerdo con nosotros", sostiene.

En 2011, el Vaticano pidió participar en el proceso de evaluación Moneyval, órgano del Consejo de Europa para el lavado de dinero. El último informe, en 2015, concluyó que el Vaticano palió muchas deficiencias estructurales, pero tardó en iniciar las demandas judiciales.

En la oficina del fiscal de la Santa Sede esperan 17 investigaciones, tres de ellas ya están siendo instruidas en Italia. Entre 2013 y 2016 se congelaron 13 millones de euros de fondos de origen dudoso.

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AFP