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Soldados y policía patrullan en la Grand Place de Bruselas mientras la capital belga permanece en el nivel de alerta más alto posible, el 23 de noviembre de 2015. La policía belga arrestó a cinco personas más en nuevas redadas antiterroristas

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Los habitantes de Bruselas, capital de Bélgica pero también de las instituciones de la Unión Europea y sede de la OTAN, vivían este lunes, al ritmo de las sirenas de la policía, un día poco común bajo la amenaza terrorista.

La típica imagen de la Grand Place, plaza central del casco histórico de Bruselas, se vio este lunes, como durante el fin de semana, radicalmente cambiada. Un blindado de las Fuerzas Armadas fue estacionado delante del ayuntamiento de estilo gótico mientras que en los alrededores, soldados con uniforme de camuflaje y armas automáticas, patrullan las calles comerciales.

Las autoridades decidieron el viernes por la noche elevar al máximo nivel la alerta por amenaza de atentado y lanzaron llamadas de prudencia a la población. A esta decisión, inédita en décadas, se sumó este lunes el cierre excepcional de las escuelas "hasta nueva orden". Las autoridades deben revisar el nivel de alerta este lunes por la tarde.

Sin embargo, en el centro histórico de la capital belga, no toda la actividad se detuvo, constató la AFP. Las camionetas hacían sus entregas a los comercios y los obreros instalaban las pequeñas cabañas de madera en los alrededores de la Bolsa y de la Grand Place para el tradicional mercado de Navidad, que debe abrir el viernes. También permanecieron abiertos algunos cafés, pero con pocos clientes.

En una escuela primaria de Haren, un barrio alejado del centro de la ciudad, no se escucharon los gritos de niños al sonar la campana que indica la hora del recreo. Tatiana, una joven madre, verifica si el acceso al patio es imposible, y luego continúa hasta la guardería vecina en donde un breve anuncio confirma el carácter inédito de este lunes, al día siguiente de una importante operación policial en varios barrios de Bruselas. "Por decisión del gobierno, la guardería estará cerrada este lunes", indica un cartel pegado en la puerta.

"Sé lo que está pasando, es triste", explicó Tatiana. Su hijo de ocho años, Oleg, había ido solo al colegio y volvió rápidamente tras ver las puertas cerradas. "Se quedará en casa con su hermana Alissa, que debería haber ido a la guardería", explicó Tatiana.

En el parque del Cincuentenario, uno de los espacios verdes de la capital, cercano a la sede de las instituciones europeas, unas familias pasean con sus hijos, bajo un frío sol de invierno. El tránsito de vehículos era menos denso que de costumbre a la hora punta en el centro de la ciudad, a pesar de los 366km de atascos acumulados en el conjunto de la red vial belga.

La capital belga, de 1,2 millones de habitantes, recibe a diario a unos 320.000 personas que acuden del resto del país para trabajar. En las estaciones de autobuses, cuya frecuencia se reforzó para contrarrestar la falta de metro, los habitantes de Bruselas se arman de paciencia. Los tranvías funcionan y los trenes circulan con normalidad.

"Tomamos las medidas necesarias para garantizar la seguridad de la gente. Pero la vida debe seguir en Bruselas. Por ejemplo el sector público permanece abierto. Los funcionarios vendrán a trabajar esta mañana", explicó el ministro del Interior, Jan Jambon, en declaraciones a una radio. Pero la mayoría de las infraestructuras culturales y deportivas permanecen cerradas.

Christophe, administrador de un local de comida rápida, se preparaba para abrir como de costumbre. "Espero trabajar un poco para recuperar lo que perdí los últimos días. Las oficinas están abiertas", agregó.

Michel y Patricia, una pareja de jubilados de un suburbio flamenco de Bruselas, encontraron las puertas cerradas de un local de ropa deportiva. "Hay que mantenerse alerta, pero la vida continúa, sino a este ritmo sería la ruina del país", estimó Patricia.

AFP