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Afganos heridos durante un atentado con un camión bomba, reciben atención en un hospital de Kabul, el 31 de mayo de 2017

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Multitud de afganos angustiados se precipitaron el miércoles hacia los hospitales y las morgues de Kabul en busca de sus familiares, después de que un atentado con camión bomba dejara al menos 90 muertos y 400 heridos en el corazón de la capital afgana.

Escondida en una cisterna de agua, la carga explosiva estalló hacia las 08H30 locales (04H00 GMT), accionada por un kamikaze, cerca del palacio presidencial y de varias embajadas, una zona extremadamente protegida.

Y, una vez más, los civiles pagan las consecuencias de este trágico ataque, que ya parece un hecho ordinario en este país, presa de la violencia.

Sollozando en silencio afuera del hospital de la oenegé italiana Emergency, especializada en cirugía de guerra, un joven afgano buscaba desesperadamente a su tío y sus primos.

"Iban al trabajo, como todos los días, y ahora están desaparecidos", explicó a la AFP. "Los he buscado en tres hospitales, en vano. Ya no sé dónde más buscar".

Algunos, con más suerte, pudieron abrazar, entre lágrimas, a sus familiares ensangrentados, tras haber barrido los pasillos del hospital en su búsqueda.

Otros escuchaban con ansiedad la lista de víctimas fallecidas leída por el personal médico. Según este, algunos cuerpos mutilados estaban irreconocibles. Pero numerosas personas, llorando sin cesar, insistían en que los identificaran.

Mientras que los heridos iban llegando a los hospitales, algunos en estado crítico, el ministerio de Interior emitió llamados urgentes para que la gente donara sangre, enviando a decenas de voluntarios a la capital.

"Mis dos hijos están gravemente heridos .Los he visto, sangran, están muriéndose", imploraba una mujer, rompiendo en llanto. "No puedo vivir sin ellos. Voy a morir sin ellos".

El hospital de la oenegé Emergency también se vio afectado por la explosión, pero su personal acudió en ayuda de numerosos pacientes heridos a pesar de los daños.

El hospital vecino de Wazir Akbar Khan prontó quedó sobrecargado, y los médicos se veían obligados a tratar a dos pacientes en una misma cama. Muchos de ellos estaban gravemente heridos por metralla o vidrios.

El presidente afgano, Ashraf Ghani, denunció un "crimen de guerra". Por su parte, el ministro de Salud destacó que el balance podría agravarse.

Por la noche, el ataque no había sido reivindicado y su objetivo preciso tampoco estaba claro.

"La explosión de hoy en un barrio central y frecuentado del corazón de Kabul recuerda una vez más hasta que punto esta guerra se ha vuelto ordinaria para los civiles afganos", denunció Patricia Gossman, investigadora en Human Rights Watch.

"El número de víctimas civiles ha alcanzado un nivel récord puesto que el conflicto afgano se ha intensificado este último año. Los ataques de este tipo, que apuntan deliberadamente o sin distinción contra civiles, son crímenes de guerra", agregó.

Dos empleados de medios de comunicación afganos figuraban entre las personas fallecidas en la explosión, que también causó importantes daños en 1TV, una cadena privada situada cerca del lugar del ataque.

Pero, como si de un desafío se tratara, la cadena consiguió reanudar su difusión al cabo de unas horas.

"Estamos vivos y de nuevo en directo", tuiteó el redactor jefe de 1TV, Abdula Khenjani. "El terror no puede detenernos".

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