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El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, habla durante una conferencia de prensa después de una reunión internacional sobre Libia, el 13 de diciembre, 2015, en Roma.

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Los países asistentes a la conferencia internacional sobre Libia encabezada por Italia y Estados Unidos pidieron este domingo en Roma un alto el fuego inmediato en el país y la rápida formación de un gobierno de unidad para frenar el caos.

Libia tiene dos parlamentos rivales y la ONU intenta fraguar un acuerdo entre ambos, aunque hay dudas sobre su viabilidad.

Un gobierno de unidad nacional "con sede en Trípoli" es "esencial para hacer frente, con el respaldo de la comunidad internacional a los desafíos críticos que enfrenta el país", dijo el comunicado final, citando la crisis humanitaria, económica y de seguridad que vive Libia.

Las potencias occidentales quieren que el futuro gobierno de unión frene el avance del grupo yihadista Estado Islámico (EI) a partir de su feudo en la ciudad de Sirte y que combata las redes de traficantes, que todos los meses mandan a Italia miles de migrantes en condiciones infrahumanas.

"Llamamos a todas las partes a aceptar un alto el fuego inmediato y total en toda Libia", agregaron los asistentes recordando su compromiso de entregar ayuda humanitaria a la población.

Según la ONU, 2,4 de los 6 millones de libios necesitan ayuda pese a los importantes recursos petroleros que tiene el país, que desde el caída de Muammar Gadafi en 2011 se encuentra sumido en el caos.

"Vinimos aquí porque no podemos permitir que siga el 'status quo'", dijo el secretario de Estado norteamericano, John Kerry. "Esto es peligroso para la viabilidad de Libia, peligroso para los libios y debido a que el grupo Estado Islámico está migrando allí es peligroso para todos", afirmó.

La reunión se desarrolló en el ministerio italiano de Asuntos Exteriores, donde el ministro Paolo Gentilonio recibió a Kerry y al enviado de la ONU para Libia, Martin Kobler.

- 'Una apuesta irresponsable' -

Representantes de 18 países europeos y árabes estaban presentes, como el viceministro ruso de Asuntos Exteriores, Guennadi Gatilov, y el francés, Harlem Désir.

El viernes, representantes de los dos parlamentos rivales anunciaron en Túnez que firmarán el 16 de diciembre un acuerdo para formar un gobierno, tras unos diálogos auspiciados por la ONU.

Sin embargo, las delegaciones de los dos parlamentos rivales —el de Tobruk (este), reconocido por la comunidad internacional, y el de Trípoli— advirtieron que no podían asegurar que el acuerdo fuera ratificado por sus miembros.

Para algunos observadores, la firma de este acuerdo obtenido pasando por una mediación extranjera sigue siendo "una apuesta irresponsable", como denunciaron Emma Bonino, exministra italiana de Relaciones Exteriores, y el alto diplomático francés Jean-Marie Guéhenno en la revista Politico.

El acuerdo de octubre prevé que alguien relativamente desconocido, Faez Serraj, asuma la dirección de un consejo presidencial de nueve miembros pero, según estos dos especialistas de la diplomacia, resulta "muy improbable" que se den las condiciones de seguridad para que el consejo asuma el poder en Trípoli.

"Esto significa que no tendrán ningún control sobre la administración de Estado", mientras que cualquier intento de restaurar la autoridad de Trípoli puede alimentar los impulsos secesionistas en el oriente, advierten.

Cientos de manifestantes se congregaron la tarde del viernes en la plaza principal de Trípoli enarbolando banderas libias y llamando a rechazar el acuerdo.

La presencia de varios miles de combatientes de EI en la zona costera de Sirte preocupa a la comunidad internacional y responsables locales aseguran que en la zona hay cientos de yihadistas extranjeros —tunecinos, sudaneses, yemeníes o nigerianos de Boko Haram— que acuden allí para formarse antes de llevar a cabo ataques en otros lugares.

Italia, antigua potencia colonial de Libia, está dispuesta desde hace meses a liderar una eventual intervención militar pero exige el acuerdo de un gobierno reconocido y un mandato preciso de la ONU.

AFP