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Los miembros del Parlamento de Kosovo prestan juramento durante una sesión el 3 de agosto de 2017 en Pristina. Su incapacidad para formar un nuevo gobierno podría demorar su reconocimiento en el ámbito internacional y el envío de fondos

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La incapacidad de Kosovo para formar un nuevo gobierno dos meses después de las elecciones podría demorar su reconocimiento en el ámbito internacional y el envío de los fondos que necesita este joven Estado de los Balcanes.

En las elecciones legislativas anticipadas del 11 de junio, quedó en primera posición una coalición dominada por el Partido Democrático de Kosovo (PDK), del presidente kosovar, Hashim Thaçi, pero no cuenta con una mayoría absoluta que le permita gobernar en solitario.

Antes de intentar formar gobierno, esta coalición de exlíderes rebeldes debe elegir al presidente del Parlamento.

Pero a falta de la mayoría necesaria, se limitó a boicotear la labor de la Asamblea, intentando atraer a su campo a otros diputados y asegurar así la continuidad de su poder.

Ya han fracasado cuatro intentos de elegir al presidente del Parlamento.

"La clase política en el poder no quiere abandonarlo", considera Agron Bajrami, redactor jefe del diario Koha Ditore.

Kosovo proclamó su independencia de Serbia en 2008 y ésta ha sido reconocida por más de 110 países, entre ellos Estados Unidos y la mayoría de los de la Unión Europea (UE).

No lo han hecho, en cambio, ni Serbia ni su principal aliado internacional, Rusia.

El responsable de la misión de Naciones Unidas para Kosovo, Zahir Tanin, advirtió el miércoles de los efectos devastadores de la crisis política en el ámbito económico y social en este país de 1,8 millones de habitantes, uno de los más pobres de Europa, como cancelaciones o aplazamientos de ayuda financiera o de inversiones.

"El clima de incertidumbre política a lo largo de los tres últimos meses está relacionado sin duda con estos hechos", opinó.

- "Mensaje equivocado" -

Candidato potencial a la adhesión a la Unión Europea, Kosovo se arriesga a perder los fondos de preadhesión para 2017, de un monto de 78 millones de euros, advirtió la oficina de la Unión en la capital, Pristina.

"El programa [de ayuda] debe ser ratificado por el Parlamento antes de diciembre de 2017. Si no, Kosovo podría perder [estos] fondos", precisó en un comunicado.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) paralizó por su parte en julio el pago de una tramo de crédito de 16 millones de euros.

"El importe no es enorme, pero es un mensaje equivocado sobre la situación en Kosovo para los potenciales inversores extranjeros", comenta el analista económico Naim Gashi.

La crisis está también influenciada probablemente por el establecimiento en La Haya de un tribunal que debe juzgar por crímenes de guerra a antiguos miembros de la rebelión kosovar, durante el conflicto contra las fuerzas serbias (1998-1999).

Son muchas las especulaciones sobre posibles procesos contra Hashim Thaçi, antiguo líder del UCK, la guerrilla independentista albanokosovar.

Según Agron Bajrami, la decisión del PDK de aferrarse al poder es una "táctica", pues "estar en el poder te otorga condiciones más favorables para negociar la inmunidad".

Una crisis prolongada disminuye también las posibilidades de Kosovo de continuar con su calendario de adhesión a las instituciones internacionales, especialmente a la UNESCO y la Interpol, fijadas para este año.

- "Diálogo clínicamente muerto" -

En estas circunstancias, Serbia, que se opone con vehemencia a estas integraciones de Kosovo, no necesitará hacer esfuerzos para evitarlas.

Según el ministro kosovar de Relaciones Exteriores en ejercicio, Emanuel Demaj, Kosovo aún no ha presentado una solicitud de adhesión a la UNESCO, tras el fracaso de la anterior, en 2015.

Para formular una nueva demanda, Kosovo debe modificar sus leyes sobre las libertades religiosas y la herencia cultural. Misión imposible sin un Parlamento que funcione.

En cuanto a la Interpol, Demaj no se mostró muy optimista. "Va a haber dificultades", reconoció.

La normalización de las relaciones con Serbia, que es la condición principal impuesta por Bruselas para el proceso de adhesión de Belgrado y de Pristina a la UE, también se ve afectada por el punto muerto político.

Los analistas indican que las dos partes no se han reunido desde hace un año.

"El diálogo está clínicamente muerto", según el profesor de derecho internacional Vigan Qorrolli.

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AFP