Botes de gas lacrimógeno, cócteles Molotov y anteojos rotos. Los escombros y la basura desperdigados por el campus de la universidad Politécnica de Hong Kong, asediado por las fuerzas del orden, hablan por sí solos del caos y de la violencia de los enfrentamientos entre manifestantes y policía.

Este centro educativo se convirtió hace una semana en el centro del movimiento prodemocracia, cuando los manifestantes se enfrentaron violentamente con la policía antidisturbios hasta el 19 de noviembre.

Desde entonces se inició una tensa pausa, y se cree que sigue habiendo disidentes dispersos en el interior mientras los oficiales se abstienen de asaltar el campus. Pero el salvajismo anterior está escrito en los escombros dejados en el normalmente ordenado campus, cercano al pintoresco puerto de Hong Kong.

En el campus, el armamento policial -bombas de gas lacrimógeno, balas de goma y granadas de esponja- se mezcla con los medios, a veces rudimentarios, utilizados por los manifestantes para protegerse y defenderse.

También están omnipresentes los artefactos Molotov (material inflamable contenido en botellas de vino y cerveza) utilizados por los manifestantes, así como los botes de combustible de butano, paraguas, cascos de obra, gafas de natación e incluso una máscara de esgrima para protegerse contra los proyectiles de la policía.

Se pueden ver botellas colirio dispersas -un remedio apresurado contra los gases lacrimógenos-, así como un poncho de plástico para defenderse del cañón de agua.

Pero hay evidencia de que no todas estas medidas de protección funcionaron, como atestiguan anteojos rotos y charcos de sangre.

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