Contenido externo

El siguiente contenido proviene de socios externos. No podemos garantizar al usuario el acceso a todos los contenidos.

El líder del Partido Socialista portugués, Antonio Costa, dirigiéndose a sus seguidores tras perder ante la derecha en las elecciones generales, en un hotel lisboeta el 4 de octubre de 2015

(afp_tickers)

La izquierda portuguesa, mayoritaria en el nuevo parlamento, que se reúne por primera vez este viernes, tiene la firme intención de tumbar al futuro gobierno de derecha del primer ministro designado, Pedro Passos Coelho.

El Partido Socialista (PS), que quedó segundo en las elecciones legislativas con un 32,3% de los votos, frente al 38,6% de la derecha, perfila los detalles de una alianza con los partidos de izquierda antiliberal, algo inédito en 40 años de democracia portuguesa.

El jueves, al anunciar su decisión de volver a nombrar a Passos Coelho a la cabeza del gobierno luso, el presidente del país, el conservador Anibal Cavaco Silva, alertó sobre las consecuencias que tendría una eventual unión de la izquierda. Según el jefe de Estado, esta "alternancia sin coherencia" puede tener "consecuencias financieras, económicas y sociales mucho más graves" que un gobierno de derecha inestable.

El PS respondió asegurando que "ni el presidente ni la derecha tienen lecciones que darle" y pidió a su grupo parlamentario que haga caer el futuro gobierno de Passos Coelho, siguiendo así la estela del Bloque de Izquierda -el Syriza portugués-, el Partido Comunista y los Verdes.

La demostración de fuerza tendrá lugar cuando el Parlamento portugués vote el programa de gobierno que la coalición de derecha debe presentar, como máximo, diez días después de que asuma sus funciones.

La izquierda se prepara para mostrar su unidad desde este viernes, eligiendo a un socialista como presidente del Parlamento durante su primera sesión plenaria.

En la nueva asamblea, el conjunto de la izquierda reúne 122 escaños de un total de 230, frente a los 107 de la coalición de derechas, líder en los comicios del pasado 4 de octubre, a pesar de cuatro años de austeridad presupuestaria.

- Pasar la página de la austeridad -

Aunque la izquierda lograra provocar la caída de Passos Coelho, el líder del PS, Antonio Costa, no tiene la garantía de hacerse con el poder. "El discurso del presidente ha sido tan violento, que es poco probable que acepte nombrar a un gobierno socialista apoyado por los partidos a su izquierda", consideró el politólogo Antonio Costa Pinto.

El presidente podría, de hecho, mantener a Passos Coelho a la cabeza de un gobierno que gestione asuntos comunes a la espera de una posible disolución del Parlamento, algo que no podría producirse hasta dentro de seis meses.

Para evitar tal punto muerto, Cavaco Silva invitó al ala derecha del Partido Socialista a romper con la disciplina de partido y a "pronunciarse de manera consciente, teniendo en cuenta los intereses superiores de Portugal".

La politóloga Marina Costa Lobo cree que la virulenta intervención de Cavaco Silva "tendrá efecto de cemento, unificando a los partidos de izquierda, que se sentirán más fuertes para rechazar el programa de gobierno".

Tras un plan de ayuda internacional de 78.000 millones de euros, acompañado de cuatro años de austeridad presupuestaria y del que Portugal se liberó en mayo de 2014, el jefe de los socialistas logró federar a los partidos de izquierda en torno a la idea de pasar la página de la austeridad.

Para calmar las preocupaciones de los inversores y de los socios europeos, Costa repitió en varias ocasiones que los compromisos internacionales de Portugal no se pondrán en duda y que el PS "no es Syriza", el partido de izquierda radical en el poder en Grecia.

También aseguró que sus potenciales aliados estaban dispuestos a dejar una parte de sus reivindicaciones en suspenso, sobre todo las posturas más críticas defendidas hasta ahora respecto a Europa.

Costa, reconocido por sus habilidades para la negociación, debe ahora sellar un acuerdo de la gran coalición de izquierda, un escenario que parecía impensable hace solo tres semanas.

AFP