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La primera ministra británica, Theresa May, en la Asamblea General de la ONU, en Nueva York, el 20 de septiembre de 2016

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La posibilidad de que Londres acabe rompiendo con la Unión Europea sin concesiones ni compromisos gana enteros y, de concretarse, podría complicar mucho la vida a las empresas, pero también a los ciudadanos ordinarios.

El Gobierno de Theresa May lleva a cabo consultas con empresarios desde hace varias semanas con el objetivo de precisar su estrategia negociadora con Bruselas una vez que active el Artículo 50 del tratado de Lisboa, la puerta de salida de un Estado miembro.

Públicamente, Downing Street no ha revelado nada sobre el acuerdo al que aspira y ha desautorizado a todos los ministros que dan pistas o plazos, como pasó recientemente cuando el de Exteriores, Boris Johnson, estimó que el Gobierno notificará oficialmente su salida a principios de 2017.

Pero los banqueros y empresarios que participaron en las primeras reuniones salieron con la impresión de que empiezan a imponerse los partidarios de una ruptura pura y dura con Bruselas, en vez de quienes quieren conservar el acceso al mercado único, aunque sea al precio de seguir permitiendo la libre circulación de europeos.

"La dinámica política está claramente del lado del Brexit duro", el 'hard Brexit', como se ha bautizado a esta opción, dijo a la AFP Daniel Hodson, presidente del comité ejecutivo del Foro de Negociaciones para los Servicios Financieros, un lobby euroescéptico.

Una salida abrupta "podría provocar daños colaterales", admitió Hodson.

- Contratación de miles de aduaneros -

"El peligro de adoptar una posición dura es que va a incrementar la incertidumbre, reducir la confianza y llevar a las empresas a concretar sus planes de irse de Reino Unido", advirtió John McFarlane, presidente del lobby financiero The CityUK, citado por el diario Financial Times.

La vaguedad que reina desde el referéndum del 23 de junio irrita a muchos, que temen el impacto del Brexit en la relevancia financiera de Londres y mucho más allá.

"La City hará lo posible para reducir la incertidumbre ligada al Brexit, para tranquilizar a los medios empresariales y asegurarse de que las inversiones en nuestro país siguen", explicó Mark Boleat, presidente del comité político de la City of London Corporation.

La salida de la UE no significa necesariamente que Reino Unido vaya a abandonar el mercado común o la unión aduanera, pero Bruselas ha reiterado muchas veces que el fin de la libre circulación de trabajadores implicaría ambas cosas y el deseo de acabar con la inmigración fue lo que llevó a muchos a votar Brexit.

Si finalmente abandona del todo la UE, Londres tendrá que negociar nuevos acuerdos comerciales y reforzar los controles aduaneros, tanto de personas como mercancías.

Eso significa que tendría que contratar a miles de agentes de aduanas, pero también rediseñar el sistema de controles en puertos y aeropuertos en el canal de la Mancha.

Porque, una vez fuera de la UE, los británicos podrían necesitar visados para viajar a Europa.

Y para el millón de emigrantes británicos en Europa, empezaría una pesadilla burócrática, porque los jubilados podrían quedarse sin el libre acceso al sistema sanitario del que disfrutan ahora y los trabajadores necesitarían permisos de residencia y trabajo.

Igual podría ocurrirles a los tres millones de ciudadanos de la UE que viven en Reino Unido, la mayoría en Londres.

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AFP