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La comunidad de Roseburg (Oregon, EEUU) escucha a sus líderes durante una vigilia el 2 de octubre de 2015 en memoria de las víctimas del tiroteo en su universidad

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Después de una nueva matanza en un campus universitario en Estados Unidos, los militantes contra estos episodios crónicos de violencia se preguntan cómo podría cambiar Estados Unidos su enfoque sobre las armas de fuego.

La masacre del jueves en el estado occidental de Oregon -que se saldó con diez muertos, entre ellos el atacante, quien fue abatido por la policía- no parece cambiar las posiciones de los dos bandos.

De un lado, se encuentran quienes se oponen a cualquier tipo de control sobre las armas, en nombre de la sacrosanta segunda enmienda de la Constitución, que consagra el derecho a poseer armas. Su argumento se basa en dos ideas básicas: ninguna ley podrá impedir que los desequilibrados y criminales consigan un arma o que abran fuego sobre una multitud; ante estos peligros, los ciudadanos tienen precisamente necesidad de armarse para defenderse.

Del lado opuesto, las asociaciones que luchan contra la libre proliferación de armas han perdido la esperanza en una adopción rápida por parte del Congreso de una ambiciosa ley nacional. Han desplazado así su combate al terreno local, donde Estado a Estado, intentan convencer a los legisladores de que haya controles de antecedentes judiciales y psiquiátricos obligatorios de los interesados en comprar un arma.

El tiroteo de Oregon fue seguido del clásico esquema de reacciones indignadas -incluida la del presidente, Barack Obama, o del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon- y declaraciones de intenciones vagas, fundamentalmente de los candidatos a la elección presidencial de 2016.

"Cualquier expectativa de un cambio verdadero en un futuro cercano sería tomar deseos por realidades", dijo a la AFP Jimmy Taylor, autor de 'American gun culture'. Y eso "pese a que el ejecutivo presiona" para ello, añadió, citando todos los intentos de reforma que quedaron por el camino y el enorme volumen de armas en circulación, que auguran nuevos episodios de violencia.

El viernes, Barack Obama aseguró que el hecho de que no exista un efectivo control de armas en Estados Unidos es una "decisión política" que debe afrontarse. "Voy a politizar este asunto porque nuestra falta de acción es una decisión política que estamos tomando", dijo Obama, para quien la oposición al control de armas "se debe a la política, porque hay grupos que financian campañas y alimentan el miedo en la gente".

"Ya he pedido a mi equipo que analice qué tipo de autoridad tenemos para hacer valer de forma más eficiente leyes ya existentes para poner las armas fuera del alcance de los criminales. Pero eso no cambiará hasta que la política cambie", subrayó.

- Reabrir las heridas -

La matanza que enlutó la pequeña población de Roseburg, en Oregon, es "la número 45 en un centro educativo este año y la número 142 en un centro educativo desde la tragedia de Sandy Hook", una escuela de Connecticut (noreste) en la que murieron 20 niños y seis adultos en 2012, según la organización Everytown for Gun Safety.

Y cada nuevo tiroteo reabre las heridas de las víctimas anteriores. "Me indigna y me da mucha tristeza esta nueva tragedia loca. Lo peor es saber que habría podido evitarse", dijo el viernes a la AFP Yvonne Crasso, cuya hermana de 23 años murió por disparos en 2012.

En Estados Unidos, muchos parecen resignados frente a la capacidad de movilización del lobby de las armas, la todopoderosa e intransigente Asociación Nacional del Rifle NRA, y de sus redes en el Capitolio.

"El presidente tiene razón al subrayar que muchos de los portadores de armas de fuego no apoyan las posiciones de la National Rifle Association, pero aquéllos que sí lo hacen son los que escriben cartas, se manifiestan y hacen todo el resto", indicó en su blog Stephen Saideman, profesor de la Universidad Carleton, en Ottawa.

"Hemos entrado en guerra en este país. Una guerra que opone a personas razonables y responsables con fanáticos únicamente motivados por sus intereses; una guerra entre el bien y el mal", aseguró el viernes en USA Today Andy Parker, cuya hija, periodista, fue abatida a finales de agosto en Virginia.

Pero, según Gregg Carter, profesor de la universidad Bryant de Rhode Island y especialista en el tema de las armas, "las probabilidades de un cambio (legislativo) a corto plazo no son muchas". "Los republicanos tienen una mayoría sólida en las dos cámaras del Congreso y el programa del Partido republicano manifiesta abiertamente su respaldo claro y firme al derecho a las armas", explicó a la AFP.

Carter ve, sin embargo, una esperanza de cambio a más largo plazo -una década- ,sobre todo gracias a los millones de inmigrantes legales de América Latina y Asia, regiones sin cultura de tenencia individual de armas.

AFP