"Insurgentes" en vez de "manifestantes prodemocracia". La prensa oficial china hace su particular lectura de las revueltas que duran ya cinco meses en Hong Kong.

- Insurgentes "sedientos de sangre" -

"Salvajes", "bárbaros", "terroristas": la prensa china califica con dureza las manifestaciones que desafían al poder pro-Pekín desde inicios de junio.

La prensa continental obvia las reivindicaciones democráticas de los manifestantes y se centra en la violencia de los radicales, como el que roció con gasolina a un hombre el lunes antes de prenderle fuego.

"La crueldad y la locura demostradas por los insurgentes muestran que se han convertido en locos sedientos de sangre", denunció el viernes el diario en inglés China Daily.

"La violencia en Hong Kong se ha intensificado y se ha convertido en una manifestación de extrema derecha contra la democracia, la libertad y los derechos humanos", estimaba el jueves el Diario del Pueblo, principal órgano del Partido Comunista en el poder.

- "Evitar el contagio" -

El objetivo del régimen comunista es mandar, a través de la prensa, un mensaje a la población contra la tentación de imitar a los manifestantes hongkoneses, estima el sinólogo Michel Bonnin, de la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales (EHESS) en París.

"La principal preocupación del gobierno chino es evitar un eventual contagio. Como suele hacer, ha escondido la situación tanto como ha podido y cuando ya no pudo seguir ocultándola más, ha demonizado al movimiento, haciendo ver que se trata de manifestantes independentistas manipulados por fuerzas hostiles extranjeras" declaró a la AFP.

- Violencia policial -

La cobertura de los disturbios no habla de los centenares de miles de manifestantes pacíficos y se concentra solo en la violencia de los más radicales.

El Global Times, diario de lengua inglesa, justificó así el disparo realizado el lunes por un policía contra un manifestante: "Atacar y amenazar a la policía en el ejercicio del mantenimiento del orden tiene consecuencias pesadas, incluso la muerte".

- Sin imágenes -

Aunque la prensa denuncia la violencia, apenas hay imágenes de la misma ni en la televisión ni en los diarios.

Esto se debe a que las repetidas amenazas del poder no tienen ningún efecto en los manifestantes que siguen desafiando a Pekín desde hace cinco meses, analiza Michel Bonnin.

La prensa prefiere concentrarse en las acciones de los militantes pro-Pekín.

En junio, al día siguiente de una gigantesca manifestación que reunió a dos millones de personas según los organizadores, el China Daily prefirió cubrir una congregación de un centenar de manifestantes ante el consulado de Estados Unidos para protestar contra el presunto apoyo de Washington a los contestatarios.

- La "mano negra" occidental -

La propaganda de Pekín repite constantemente que los manifestantes están manipulados desde Occidente.

El supuesto objetivo de esta "mano negra" es provocar una "revolución de color" en Hong Kong como las que se produjeron en el mundo árabe a partir de 2011 y separar de nuevo esta excolonia británica del resto de China.

La prensa pone como ejemplos los casos de Libia y Siria para demostrar que este tipo de revoluciones degeneran en guerras civiles, justificando en cambio el mantenimiento del sistema autoritario en China.

- El caos hace peligrar la economía -

La televisión nacional evita dar la palabra a los manifestantes pero en cambio se la da a ciudadanos que se quejan de los inconvenientes para su vida diaria.

"Los negocios van mal", declaró el jueves una hongkonesa a la cadena nacional CCTV. Los manifestantes "bloquean las calles, los vehículos no pueden circular. Hoy he tomado el metro (...) he tardado más de una hora en avanzar dos estaciones".

"Nosotros esperamos que el gobierno ponga fin a la violencia, que la vida retome su curso y haya seguridad y tranquilidad", declaró otra habitante.

Los diarios insisten en el debilitamiento de la economía hongkonesa, actualmente en recesión.

- Amenaza de intervención armada -

El Global Times recordaba el miércoles que "el teatro de las manifestaciones" está a escasa distancia de un cuartel de la policía militar en Shenzhen, la ciudad continental más cercana de Hong Kong, y todavía más cerca de la guarnición del Ejército Popular de Liberación en Hong Kong.

El ejército chino, que dispone de una guarnición en Hong Kong, puede intervenir en el territorio si así lo solicitan las autoridades locales.

"Como está muy condicionada por la propaganda nacionalista", la población china "solo podrá estar satisfecha en caso de represión directa del ejército chino", vaticina Michel Bonnin.

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