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Los primeros ministros de Libia, Fayez al Sarraj (i), y Francia, Bernard Cazeneuve, reunidos en Túnez el 7 de abril de 2017

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El sur de Libia, una zona marginada en la que abundan los tráficos de todo tipo, corre el riesgo de transformarse en un terreno de ajuste de cuentas entre rivales políticos del norte que intentan extender su influencia, estiman algunos expertos.

Las luchas internas de poder y la inseguridad crónica desde la caída del régimen de Muamar Gadafi en 2011 han carcomido Libia, dirigida por dos autoridades rivales.

En Trípoli, el Gobierno de Unión Nacional (GNA), respaldado por la comunidad internacional, se enfrenta a la hostilidad de un ejecutivo paralelo instalado en el este del territorio.

Y es que el este se encuentra en parte bajo control del autoproclamado Ejército Nacional Libio (ENL), del mariscal Jalifa Haftar.

Desde hace una semana, varios enfrentamientos oponen a las fuerzas del ENL a grupos aliados al GNA cerca de la base aérea de Tamenhant, en los alrededores de la ciudad de Sebha, a más de 600 kilómetros al sur de Trípoli.

Esta base de 15 km2 se halla en un lugar estratégico y es la más importante del sur de Libia. Está bajo control de la milicia de la 3ª Fuerza de Misrata (a 200 kilómetros al este de Trípoli), ciudad con el mayor número de grupos armados del país.

Fue bombardeada por las fuerzas aéreas del ENL, que anunció una ofensiva terrestre para hacerse con el control de las instalaciones militares.

"El ENL quiere obtener una victoria en la región de Fezán (nombre histórico de la zona sur) para reforzar sus posiciones y el GNA se moviliza para prevenirlo", explica a la AFP el analista libio Mohamad Eljarh.

El GNA denunció el ataque y precisó que las fuerzas que se encuentran en Tamenhant le "pertenecen", por lo que lanzó una contraofensiva para expulsar al ENL del sur, confirmando así por primera vez un enfrentamiento directo con las fuerzas de Haftar.

- '¿Incontrolable?' -

Mattia Toaldo, experto del consejo europeo de relaciones internacionales, dijo a la AFP temer una situación "incontrolable" con grupos armados y tribus del sur "atrapados en el fuego del combate".

El martes, los embajadores en Libia de Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia expresaron su preocupación, insistiendo en la "diferencia" entre la lucha antiterrorista y los "actos susceptibles de conducir a un nuevo deterioro de la situación", en alusión a la ofensiva de Haftar, que ha convertido la lucha contra el terrorismo en su caballo de batalla.

Los analistas estiman que Haftar no dispone de las fuerzas necesarias en el sur frente a sus rivales.

Las fuerzas del ENL gozan de popularidad entre los distintos grupos del sur desde que les repartieron vehículos, pero "siguen siendo militarmente débiles en comparación con la 3ª Fuerza", afirma Claudia Gazzini, del International Crisis Group.

Además -explica- los vínculos económicos entre el sur y la ciudad de Misrata son "estrechos".

El sur de Libia ha estado marginado durante mucho tiempo, con el Estado prácticamente ausente. Esta situación favoreció el contrabando de mercancías, de droga, de armas y el tráfico de personas.

Son frecuentes las escaramuzas entre las tribus por el control de los tráficos muy lucrativos en las fronteras con Chad, Níger y Sudán.

Para frenar la llegada de migrantes del África subsahariana que transitan por Libia en su periplo hacia Europa, Italia hizo firmar en abril un "acuerdo de paz" a las tribus de Fezán, en virtud del cual deben controlar los 5.000 kilómetros de frontera del sur donde actúan los traficantes de migrantes.

Pero los analistas son escépticos sobre el éxito de este plan. Los migrantes proporcionan mucho dinero a los traficantes. "La única forma de detener este tipo de tráfico es generar fuentes de ingresos alternativas", estima Gazzini.

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