El presidente estadounidense, Donald Trump, y los republicanos colocan sobre la mesa una y otra teoría conspirativa en el marco de las audiencias en el Congreso sobre su destitución, ofreciéndoles una visibilidad inédita.

Varias de estas teorías surgen repetidamente en las audiencias públicas, entre ellas que un servidor de los correos electrónicos de Hillary Clinton que habría desaparecido en Ucrania, o que son los ucranianos -y no los rusos- quienes habrían intentado influir en las presidenciales estadounidenses de 2016.

Sin embargo, el jueves Fiona Hill, exresponsable del Consejo de Seguridad Nacional durante el gobierno Trump, aseguró que la tesis de la injerencia ucraniana en las presidenciales estadounidenses es "una ficción".

El martes, Kurt Volker, exenviado estadounidense en Ucrania, también tachó como "no creíble" la idea de que Joe Biden o su hijo, Hunter, estén seriamente involucrados en negocios oscuros en Ucrania.

Pero el republicano Devin Nunes, número dos del comité legislativo que celebra las audiencias de destitución, no deja de evocarlas, al igual que conocidas figuras republicanas, como el hijo del presidente, Donald Trump Junior, o el conductor estrella de Fox News Sean Hannity. Éste es a su vez retuiteado muy seguido por el propio mandatario.

Las audiencias confirman el amplio público que poseen ahora las teorías de un complot.

Si bien internet ha sido terreno fértil para este tipo de teorías durante 20 años, hasta ahora permanecían confinadas al margen. Pero con la elección de Trump, tienen acceso ahora a las más altas esferas del poder, subrayan analistas.

Profesor de ciencia política de la Universidad de Miami, Joseph Uscinski recuerda que antes de Trump, otros presidentes estadounidenses abrazaron teorías conspirativas, sobre todo Richard Nixon.

"Pero no hablaba de ellas muy abiertamente", subrayó. "Trump está en el extremo opuesto (...) Las usa para motivar a las personas que están un poco al margen del Partido Republicano (...) y para evadir las críticas. Y lo hace desde que fue electo".

Las teorías conspirativas no son nuevas. Varios sondeos indican que una mayoría de los estadounidenses están hoy convencidos de que Lee Oswald no fue el único que disparó contra el expresidente John F. Kennedy, asesinado el 22 de noviembre de 1963.

Pero según Eric Oliver, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Chicago, estas afirmaciones se han expandido más ampliamente entre los conservadores estadounidenses con el alza del poder de la derecha cristiana desde los años '70.

En el seno de este movimiento hay muchos "intuicionistas", electores para quien la intuición prima sobre el conocimiento, asegura. "Muchas veces también creen en lo sobrenatural o en el apocalipsis, lo cual funciona bien con una visión conspirativa" de las cosas.

Es difícil saber qué parte de la población estadounidense es adepta a estas teorías. Pero para Uscinski, no hay nada que muestre que las teorías conspirativas son más populares hoy que en las últimas décadas.

Hace unos días, Oliver hizo un sondeo que reveló que 18% de las personas interrogadas creen en el rumor de un involucramiento de Ucrania en los comicios estadounidenses de 2016.

- ¿Democracia en peligro? -

Muy a la moda desde hace unos años, el chequeo de datos tiene poco impacto en estos estadounidenses, según varios observadores.

Uscinski también destaca que hay rastros de este movimiento entre los demócratas, sobre todo entre los seguidores del senador y presidenciable Bernie Sanders, para quien "el 1% de los más ricos controlan la política y la economía, lo cual no es cierto".

Para Jonathan Kay, autor del libro "Among the Truthers" (Entre quienes dicen la verdad), a la hora de creer en teorías conspirativas "poco importa si uno es de derecha o de izquierda".

"Cualquiera que esté envidioso del poder o sienta su poder fragilizado está expuesto a las teorías conspirativas", dice, citando el ejemplo de la literatura conspirativa en torno a los atentados del 11 de septiembre de 2001, que tiene su origen en la izquierda.

Las teorías conspirativas "ofrecen a las personas una pasarela entre lo que ven y lo que creen", subraya.

Si bien estos analistas estiman que la nueva visibilidad de estas teorías del complot no corren el riesgo de hacer que nadie se pase de un partido a otro, se inquietan de sus consecuencias en el debate político estadounidense.

"Las democracias modernas yacen sobre una forma de racionalidad en el discurso", destaca Oliver. "Están en peligro cuando ese discurso es socavado por los demagogos y las teorías conspirativas".

Para Uscinski, existe el riesgo de que el presidente base algunas de sus decisiones en estas teorías falsas, o que los ciudadanos sean alentados a inspirarse en ellas.

Hasta ahora, Oliver consideraba que las teorías conspirativas funcionaban principalmente como una herramienta política para Trump. Pero dijo que la insistencia del mandatario para que Ucrania anuncie una investigación sobre los Biden "me hace pensar que realmente las cree".

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