Con más de 6.000 personas llegadas de toda Francia, Bourges, en el centro del país, se convirtió el sábado en el epicentro del noveno sábado consecutivo de protesta de los "chalecos amarillos", una manifestación importante para la pequeña ciudad en donde se registraron algunos incidentes.

Esta pequeña ciudad de unos 65.000 habitantes amaneció el sábado blindada por la policía, a la espera de una participación imprevisible de los "chalecos amarillos".

Las fuerzas de seguridad estimaban que serían entre 2.000 y 3.000 los manifestantes. Llegaron finalmente a ser 6.300 a media tarde, según las autoridades.

La manifestación, declarada a las autoridades con un itinerario, comenzó con unos 1.200 participantes, pero al pasar las horas cada vez más manifestantes se sumaron a la columna.

Por la tarde, la columna se dividió. Unas 5.000 personas continuaron por el itinerario declarado que evitó el centro de la ciudad en donde las autoridades no autorizaron a que pasara la manifestación.

Un manifestante de 74 años, disfrazado con las vestimentas del histórico líder galo "Vercingétorix", dice haber venido a manifestar por los ancianos. "Vivo con 1.200 euros por mes, mis ahorros desaparecen todos los días en impuestos. Nos privan de todos nuestros medios", declara este arqueólogo jubilado.

El grupo de manifestantes que se alejó del grueso de la columna, unos 600, se dirigió hacia el centro de la ciudad. A media tarde empezaron los primeros choques con las fuerzas de seguridad en el centro histórico.

Durante una media hora las fuerzas de seguridad lanzan granadas lacrimógenas a los manifestantes que les tiran proyectiles de todo tipo. Poco después estallan nuevos enfrentamientos en una plaza, sin que se registren las escenas caóticas con negocios vandalizados y saqueados como en otras ciudades de Francia en las últimas protestas.

La columna que siguió el itinerario oficial tiene un ambiente totalmente diferente, alterado de tanto en tanto por un grupo pequeño de manifestantes que al ir al contacto de las fuerzas de seguridad provocan los disparos de gases lacrimógenos, constató la AFP.

A última hora de la tarde las autoridades habían detenido a unas 19 personas. Se registraron 11 heridos, entre ellos dos policías.

- 'Migajas' -

El viernes la ciudad se había preparado para lo peor. Los edificios públicos y jardines fueron cerrados y durante la noche los comerciantes protegieron sus vidrieras con paneles de madera.

"Bourges permite que todos viajen menos. París es simbólico, seguro, pero las otras ciudades son importantes también", estimó Carole Rigobert, de 59 años, que recorrió en coche 300 km desde las montañas del Jura junto a su marido. La pareja "espera medidas concretas" del gobierno.

"Los anuncios de Macron son migajas pagadas por los contribuyentes. Habla de hacer esfuerzos, pero son ellos los que tienen que hacerlos. Hay tantos abusos de privilegios entre los que tienen cargos electos", dice esta mujer.

"Durante mucho tiempo el poder compró la paz social, pero hoy se terminó, el pueblo se rebela", explica su marido Pascal, de 57 años, empleado comunal que gana 1.450 euros por mes.

Mientras que siguen llegando manifestantes, la atmósfera se tensa cuando algunos grupos, enmascarados y con guantes, cruzan varias veces la plaza. Un equipo del canal de televisión BFMTV debe dejar el lugar, apurado por algunos manifestantes, constató AFP.

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