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Desplazados iraquíes de la operación del Gobierno contra el Estado Islámico en la ciudad de Faluya transportan alimentos básicos donados por una ONG, el 20 de junio de 2016 en el campamento iraquí de Khaldiyeh

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Los combates y la tiranía del grupo Estado Islámico (EI) ya quedaron atrás, pero miles de habitantes que lograron huir de Faluya siguen sufriendo la guerra, que los priva de vivienda y alimentos.

"El Gobierno nos dijo que nos fuéramos de nuestros hogares y lo hicimos. Nos hablaban del campo de acogida como si fuera un paraíso", cuenta Ayub Yusef, un habitante de Faluya de 32 años. "No lamento haberme ido porque al final allí hubiéramos muerto. Aquí estamos vivos", aunque "seguimos, por así decir, en otro infierno", agrega.

Yusef, su mujer y sus dos hijos forman parte de las decenas de miles de personas que huyeron de Faluya y sus alrededores desde el inicio de la ofensiva del ejército el 23 de mayo pasado.

Aunque el ejército ya controla la mayor parte de Faluya, a 50 km al oeste de Bagdad, cada día cientos de personas se van de la ciudad semidestruida por los combates. Esa afluencia complica aún más la tarea de las organizaciones humanitarias encargadas de la asistencia a los refugiados.

La familia de Yusef se quedó en un campo de desplazados a orillas del lago de Habaniya, pero ante la falta de tienda de campaña, tuvieron que dormir al aire libre. "Mis padres lograron conseguir una tienda en otro campo. Vamos a tratar de dormir con ellos esta noche", agrega.

"Esperábamos una especie de albergue al menos, pero no nos dieron nada", dice por su lado Taresh Farhan, 49 años, mientras monta una tienda de campaña. "Vivimos bajo la tiranía del Estado Islámico y ahora sufrimos otra injusticia", dice una mujer furiosa.

"Ya llevamos cinco días aquí y no tenemos nada para comer, ni siquiera una botella de agua", agrega. "Este campo es como el resto de Irak: si no tiene relaciones no consigue nada", insiste. "¡Qué vergüenza! No hay baños para mujeres. Tenemos que ir al desierto", agrega la mujer cubierta de un velo que sólo deja ver los ojos.

En Jaldiya, otro campo a orillas del lago Habaniya, una ONG distribuye alimentos, que para muchos serán la primera comida desde que se fueron de Faluya. "En nuestros últimos días en Faluya, cortábamos el césped para comerlo", confiesa Hamd Bedi, una mujer de 41 años, que espera a su octavo hijo.

- Horas de caminata -

La semana pasada, el primer ministro iraquí, Haider al Abadi, proclamó la victoria del ejército en Faluya después de izar la bandera de Irak en el principal edificio gubernamental.

El ejército sigue batiendo el norte de la ciudad para desalojar a los últimos combatientes del Estado Islámico, pero ahora el principal desafío es humanitario.

El director para Irak del Consejo Noruego para los Refugiados (CNR) lamentó este martes que los civiles "hayan huido de una pesadilla para descubrir otra". "Faluya fue reconquistada, pero sus ciudadanos enfrentan una catástrofe", declaró.

La mayoría de las familias sufren la ausencia de los hombres, muchos de ellos detenidos por las fuerzas de seguridad bajo sospecha de pertenecer al EI.

Yaser Abed, el marido de Hamd Bedi, fue liberado el domingo tras cuatro días de interrogatorio. "Logramos huir porque mi mujer estaba al final del embarazo. Le pedimos al Dáesh [acrónimo en árabe del EI] el permiso para ir al hospital y lo logramos", cuenta.

"Al salir del hospital no regresamos a nuestro domicilio y nos escapamos. Caminamos durante siete horas. Tuve que llevar a mi mujer a cuestas", recuerda.

"En el camino vimos familias, que huían delante de nosotros, diezmadas por las bombas colocadas por el EI. Ahora estamos aquí, sin nada para comer, sin dinero y eso que esperamos un niño", dice fatalista.

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AFP