Desde que huyó de su casa ante el avance del ejército turco, Anwar vive angustiado. Este kurdo de 35 años sabe que no puede volver a su casa pero se niega a permanecer en la escuela de Hasaké, donde duerme hacinado junto a otros desplazados.

Anwar es uno de los cientos de miles de desplazados por la ofensiva que Turquía lanzó contra las fuerzas kurdas en el noreste de Siria el 9 de octubre.

Cientos de miles de ellos han encontrado refugio en la ciudad de mayoría kurda de Hasaké, donde duermen en escuelas o albergues, y en sus alrededores.

"Nos estamos quedando aquí unos encima de otros, esto no es vida", cuenta Anwar, un enfermero kurdo que duerme en una escuela convertida en refugio.

Él y su familia huyeron de su casa en una ciudad a unos 200 kilómetros de la de Tal Abyad, después de que comenzara el asalto.

En esta escuela, cada aula ha sido transformada en espacios para dormir. Hay hasta 24 personas por habitación.

En los días posteriores a que su familia huyera, su casa fue saqueada, según le contó a Anwar un vecino árabe que se quedó en la ciudad.

"No queda nada en la casa, incluso se llevaron los cables [de electricidad] del tejado", dice.

"¿Cómo podemos volver?", se pregunta. "Si volvemos, tendremos que sentarnos en nuestras casas, tomar las armas y protegerlas", sostiene.

Habitantes desplazados y el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) acusan a las milicias rebeldes sirias que apoyan a Turquía de abusos, robos y saqueos en las zonas que han asediado.

Un testigo en Ras al Aín, ciudad que las fuerzas turcas conquistaron la semana pasada, relató que vio a combatientes robando motocicletas y camionetas abandonadas.

- "Ir a Irak" -

La ofensiva turca, que fue posible después de que Estados Unidos anunciara por sorpresa la retirada de sus tropas en el noreste de Siria, permitió a Ankara tomar más de 100 km de territorio a lo largo de la frontera sirio-turca.

Alrededor de 300.000 personas han sido desplazadas, según el OSDH.

Ankara alcanzó acuerdos de alto el fuego con Estados Unidos y Rusia para permitir que las fuerzas kurdas se retiraran de gran parte del territorio que controlan en el noreste de Siria, su bastión tradicional.

Anwar, padre de seis hijos entre 12 años y seis meses, no vislumbra el camino de vuelta a casa y desea irse definitivamente de Siria.

"Queremos ir a Irak, no vemos otra solución", afirma.

De acuerdo con la ONU, unos 9.000 kurdos sirios han cruzado a la región kurda de Irak desde que comenzó la ofensiva.

Pero el camino no es fácil, y los traficantes de personas cobran unos 250 dólares por persona, explica Anwar.

En la escuela refugio, las habitaciones son escasas, y solo disponen de unas pocas mantas. En el patio exterior, las mujeres lavan platos y ropa, mientras los niños juegan.

Abu Helen, que huyó de Ras al Aín, dice que está preocupado por el futuro de su hija de 16 años, que tuvo que abandonar los estudios.

"Todas las casas están abiertas y hay muchos saqueos", explica este hombre de 50 años sobre lo que le dijeron que ocurre en su ciudad.

Amnistía Internacional denuncia que las fuerzas turcas han mostrado una "indiferencia vergonzosa por la vida de civiles" durante el asalto.

Si bien la ofensiva fue lanzada contra las milicias kurdas, a las que Ankara acusa de apoyar a los separatistas kurdos de Turquía, miles de árabes también tuvieron que huir de la violencia.

"Con los bombardeos aéreos, no hacen distinción entre árabes y kurdos", lamenta Ali Abdulá, un árabe de 30 años que luchó junto a las fuerzas kurdas.

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