Las alternativas vegetarianas a las hamburguesas y las salchichas, promovidas por empresas emergentes como las estadounidenses Beyond Meat y Impossible Burger, gozan de un gran entusiasmo entre cada vez más consumidores y los gigantes del sector de la carne quieren aprovecharse de esta moda.

El número uno mundial del sector cárnico, la brasileña JBS, vende desde este verano boreal una hamburguesa de soja elaborada con remolacha, ajo y cebolla, cuyo aspecto se asemeja a un trozo de carne picada poco hecho.

En Estados Unidos, el mayor productor de carne, Tyson Foods, lanzó en junio una nueva serie de productos hechos con plantas o una mezcla de carnes y verduras. Sus rivales Hormel Foods, Perdue Farms o Smithfield tomaron iniciativas similares.

"La gente muestra cada vez más curiosidad y ganas de probar fuentes de proteínas alternativas y apetitosas", dice Bryan Kreske, responsable de las marcas en Hormel Foods.

Ya sea una tendencia duradera o una moda efímera, las grandes empresas agroalimentarias no quieren desaprovecharla. Su objetivo no son el 5% de vegetarianos, sino el 95% de la población que no lo es.

Como esas compañías no pueden promover sus nuevos productos hablando del respeto del medioambiente o de la protección de los animales, ya que toda su producción cárnica se lo impide, recurren a menudo al argumento de la salud.

Nuestros clientes "no desean principalmente reducir su consumo de carne, sino que quieren aumentar el de las verduras", asegura Eric Christianson, encargado de marketing en Perdue.

- Cambio de mentalidad -

Las hamburguesas a base de soja ya existen desde hace décadas. Pero Beyond Meat y Impossible Burger llevan unos 10 años intentando crear productos que se acerquen cada vez más al sabor y la textura de la verdadera carne.

Esas empresas se han dado a conocer este año al entrar en restaurantes de comida rápida, como Impossible Burger en Burger King, y con la llegada de Beyond Meat a Wall Street.

Las grandes compañías cárnicas se han puesto manos a la obra para aprovechar la tendencia, aunque no tienen ninguna intención de abandonar la producción de carne.

En Hormel, la marca Happy Little Plants "pasó en poco menos de 13 semanas de una idea basada en el concepto de un consumidor 'curioso de plantas' a una gama de productos comercialmente viables", apunta Kreske.

El dueño de Impossible Burger dice regularmente que su objetivo es sustituir por completo la carne en el sistema alimentario de aquí a 2035.

Pero el reto es enorme. En el sector lácteo, las bebidas elaboradas a base de vegetales como la soja representan apenas el 13% de las ventas. Y muchos las eligen en parte debido a problemas de salud como la intolerancia a la lactosa, recuerda Christianson, de Perdue. Pero la carne no puede contar con ese factor, y la transformación tiene que ser fruto de un cambio de mentalidad del consumidor.

Aunque el sector de las alternativas a la carne puede ser "significativo", según Christianson, no podrá seguramente alcanzar la misma proporción que los productos para sustituir la leche.

Los gigantes de la carne "no quieren perder cuotas de mercado", dice Robert Martin, experto en las políticas alimentarias en el Centro por un Futuro Sostenible de la Universidad John Hopkins.

Pero si el mercado de las proteínas se concentra en manos de unas pocas empresas, "eso podría limitar la innovación y la competencia", explica.

Según él, cualquier iniciativa que promueva las alternativas basadas en plantas supone "un avance positivo". Más aún si se tiene en cuenta que esas grandes compañías tienen medios financieros y conocimientos "para alcanzar la economía de escala que pueda permitirle hacer bajar los precios".

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