Contenido externo

El siguiente contenido proviene de socios externos. No podemos garantizar al usuario el acceso a todos los contenidos.

El pensionista Pavlo Markovich, residente en la pequeña localidad de Peremozhne, en la región ucraniana de Lugansk, se apoya en la valla de su casa el 23 de septiembre de 2015

(afp_tickers)

Tras dos meses de calma, los disparos de armas pesadas volvieron a tronar en el este rebelde de Ucrania, por lo cual los habitantes comenzaron a preparar los sótanos para que un posible reinicio de los combates no los tome desprevenidos.

"Hace dos meses dejamos de dormir en el subsuelo, pero hay combates de vuelta. Durante la noche, se escuchan disparos de mortero y otras armas pesadas. La casa vuelve a temblar", cuenta a la AFP Elena Krivonos, una habitante de Staromikhaïlivka, ciudad bajo control separatista al límite de la "capital" rebelde de Donetsk. "Al parecer, estamos lejos del fin de la guerra", concluye este mujer de 31 años, madre de dos hijos, mientras acomoda ropa de invierno y mantas en el sótano.

El sábado, las dos partes del conflicto, los rebeldes y el gobierno ucraniano, anunciaron oficialmente que habían concluido la retirada de armas livianas en una zona de 15 kilómetros a ambos lados de la línea del frente. Los beligerantes afirmaron también que ya había culminado la retirada de las armas pesadas, como establecían los acuerdos de paz de Minsk 2.

El conflicto en el este de Ucrania, que ha causado la muerte de 8.000 personas desde su inicio, en abril de 2014, se había calmado considerablemente después de la instauración de una nueva tregua el 1 de septiembre. El respeto de la tregua por ambas partes durante casi dos meses sorprendió a los observadores, pero en los últimos días, se han intensificado los enfrentamientos, sobre todo nocturnos, en los cuales murieron varios soldados ucranianos.

Desde su mirador en Mariinka, a unos 20 kilómetros de Donetsk, bastión separatista, Oleg, un guardia fronterizo afirma que los tanques rebeldes abandonan periódicamente la ciudad para trasladarse a la línea del frente. "Nuestro puesto de control es la última posición ucraniana. Más lejos están los separatistas. Al anochecer y durante la noche, los francotiradores entran en acción y nos disparan. Últimamente se los veía a simple vista", explica Oleg.

Cerca de Donetsk, en Piski, localidad en manos de las fuerzas gubernamentales, casi totalmente destruida por meses de combates mortíferos, los soldados acusan a los rebeldes de querer socavar el proceso de paz.

"El enemigo trae los tanques casi hasta Piski. Todos los días disparan con armas automáticas, con morteros y lanzagranadas", afirma el soldado Dmitro Dvoichenkov, experiodistas de televisión, artillero y portavoz de la 93ª brigada del ejército ucraniano. "En los últimos días, hubo incluso muertos, pero eso no sucede a menudo. En cambio, hay heridos de forma permanente", agrega ese hombre de 48 años, mientra a lo lejos se escucha el ruido de las ametralladoras.

La brigada respeta la retirada de las armas, aunque eso puede ser peligroso, explica Dvoichenkov. "En caso de ataque, esperamos la llegada de refuerzos, las armas pueden llegar bastante rápido, en una hora. Pero, por el momento, nos defenderemos con lo que tenemos: armas livianas o piedras", dice.

"El enemigo lo hace adrede, pues si esta etapa de los acuerdos de Minsk se concluye, habrá que pasar a la siguiente, o sea el retorno a Ucrania del control de las fronteras con Rusia. Cosa que los rebeldes no quieren", explica a la AFP Olexandre Zavtonov, otro portavoz militar ucraniano.

En cambio, los rebeldes prorrusos consideran que las fuerzas ucranianas son responsables de los últimos choques. "Batallones que Kiev no controla disparan contra Donetsk. Lo hace deliberadamente para que nuestras fuerzas respondan", dice a la AFP un alto responsable de la república autoproclamada de Donetsk, Edouard Bassurin.

AFP