Los países firmantes del Acuerdo de París aprobaron el año pasado sus reglas de aplicación, excepto en un ámbito sensible y por el que Brasil libra en solitario un duro pulso: los mercados de carbono, cuya concepción se abordará en la COP25 de Madrid.

Precio al carbono

Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU, para limitar el calentamiento a +1,5 ºC, habría que reducir las emisiones de CO2 de casi 50% para 2030 respecto a 2010.

Para alentar esta transición verde, uno de los instrumentos consiste en poner un precio a las emisiones.

La tarificación del carbono progresa a nivel mundial, mediante las "tasas carbono" y el sistema de intercambio de cuotas de emisiones (ETS, Emission Trading Scheme).

En total, según el Banco Mundial, estas iniciativas nacionales y regionales de tarificación, en marcha o previstas, cubren alrededor del 20% de las emisiones mundiales de CO2.

El precio del carbono varía de un sistema a otro. La tonelada de CO2 alcanzó por ejemplo 32 dólares en el sistema de intercambio de cuotas europeas, y 17 USD en California, mientras que las tasas carbono van desde 0,08 dólares en Polonia a 121 en Suecia.

El 'think tank' I4CE, estima por su parte que 75% de las emisiones reguladas por una tarificación del carbono están cubiertas por un precio inferior a 10 USD.

Los economistas Nicolas Stern y Joseph Stiglitz recomiendan en cambio un precio mundial de 40 a 80 USD la tonelada en 2020 y de 50 a 100 USD en 2030 para limitar la temperatura a +2 ºC.

Un mecanismo creado en 2006 por el Protocolo de Kioto (Mecanismo de Desarrollo Limpio, MDL) permitía a un país desarrollado compensar sus emisiones financiando en un país en desarrollo proyectos destinados a reducir las emisiones.

¿Reducción o aumento de emisiones?

Contrariamente a Kioto que reclamaba esfuerzos únicamente a los países desarrollados, el Acuerdo de París prevé que todos los países se comprometan a reducir sus emisiones.

El artículo 6 del Acuerdo prevé dos mecanismos de mercados de carbono: el primero es un sistema bilateral entre Estados. El segundo prevé la financiación de proyectos concretos en el mundo.

El principio fundamental es financiar la reducción de emisiones en los países donde es más barato hacerlo.

El sistema podría permitir reducir de más de la mitad el coste de reducciones de emisiones en 2030, según la Asociación Mundial de Mercados de Emisiones (IETA, cuyos miembros son sobre todo grandes multinacionales como BP y Total).

Pero para obtener un sistema de reducción y no de simple compensación de emisiones, haría falta que los Estados decidieran reinvertir estos ahorros en una "mayor ambición".

"En un mundo teórico, un país que quiere reducir sus emisiones de 100 toneladas con un coste de 100 euros en casa, podría financiar un proyecto equivalente por 10 euros en un país en desarrollo. Le quedarían 90 euros para continuar reduciendo las emisiones", explica Gilles Dufrasne, de la ONG Carbon Market Watch, advirtiendo empero del riesgo de que el país en cuestión prefiera "utilizar el dinero para otra cosa".

Además, "si estos mercados no se conciben correctamente, podrían conducir a aumentar las emisiones mundiales", según Lambert Schneider, investigador del Instituto Oeko de Berlín.

¿Cómo llevar las cuentas?

Este es el punto más controvertido, especialmente por la posición de Brasil. Según los expertos, esto podría incluso dar al traste con el Acuerdo de París.

Se trata por un lado del "doble conteo": si un país vende una tonelada de reducción de emisiones a otro país, la tonelada solo debe ser descontada por el país que la compra. Pero Brasil es señalado por defender que esa reducción se refleje en ambos países.

"La lógica de Brasil es que todo lo que se desarrollará bajo ese mecanismo es por naturaleza adicional a lo que un país habría hecho" para alcanzar sus objetivos de reducción de emisiones, "por lo que no tiene sentido quitar un crédito que no se habría generado" sin ese mecanismo, explica Lola Vallejo, directora del programa Clima del Instituto de Desarrollo Sostenible y de Relaciones Internacionales (IDDRI).

Además, según los observadores, Brasil y otros países como India buscan transferir los créditos de carbono del sistema de Kioto no utilizados. Después de China, India es el segundo país con más créditos, seguido de Brasil (7%), según Vallejo.

Financiar los países pobres

Kioto preveía que 2% de los intercambios bajo el MDL fueran destinados a financiar la adaptación al cambio climático de los países más pobres, lo que permitió reunir unos 200 millones de euros.

El Acuerdo de París también prevé una contribución no cifrada. Los Estados insulares, especialmente vulnerables, reclaman un 5%.

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