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Viñedos el 1 de octubre de 2016 en Chianti, Toscana

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Pregúntenle a Cesare Cecchi lo que piensa del Brexit y arrugará la nariz como si estuviera abriendo una botella avinagrada de su "Chianti clásico", uno de los vinos que produce en la Toscana (centro-norte de Italia).

"Estamos todos muy preocupados porque la situación es incierta" tras la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE), confesó el representante de una de las dinastías del vino más famosas en el mundo.

Cecchi manifiesta el sentimiento de muchos productores, los cuales se citaron esta semana en Verona (noreste de Italia) con motivo de Vinitaly, la mayor feria de vino de la península.

Una cita en la que la palabra Brexit suele ser el centro de las conversaciones de miles de productores y amantes del vino presentes en los 4.000 stands de la feria.

Un mes después de la decisión de la primera ministra británica, Theresa May, de anunciar el divorcio oficial entre el Reino Unido y la Unión Europea, Alex Canneti, director de la firma de importaciones de Londres Berkman Wine Cellars tampoco oculta sus preocupaciones.

El mayor temor es que los vinos, y la gastronomía en general, sean rehenes de las negociaciones entre Londres y Bruselas.

El énfasis que puso recientemente el ministro de Asuntos Exteriores británico, Boris Johnson, sobre la necesidad de que Italia acepte la ley de libre comercio con el Reino Unido para poder seguir vendiendo su famoso Prosecco, no pasó desapercibido.

"Es exactamente lo que más temíamos. Nos dijimos '¡Oh, Dios mío!'", comentó Canneti a la AFP.

- Buscar una salida -

Excluidas las discusiones sobre los servicios financieros o la tecnología nuclear, el mayor nudo podría ser la alimentación, reconoce Canneti.

No se puede excluir que los negociadores usen el vino o el queso para asustar a la gente, dijo.

"Ellos saben muy bien lo que está en juego. En Francia hay viticultores dispuestos a quemar camiones cargados si se enojan. Es una manera de presionar a Europa", sostiene Canneti.

Gran Bretaña produce poco vino, sólo en unas pocas hectáreas de Inglaterra y Gales.

Pero la pasión de los británicos por el vino tinto y el blanco no tiende a apagarse, por lo que el Reino Unido es uno de los principales mercados para los productores franceses e italianos, después de Estados Unidos.

Las importaciones de vino proveniente de la Unión Europea a Gran Bretaña alcanzaron el año pasado a un monto de 2.600 millones de euros.

Esta tierra de bebedores de cerveza se ha transformado en pocos años en territorio de adeptos a "la copa de vino", un momento relajante que ha producido un auge de las ventas de Chardonnay australiano y Pinot Grigio italiano, y más recientemente de Prosecco, el vino blanco espumoso también italiano elaborado sobre todo en el Veneto, donde las exportaciones aumentaron más del 30% el año pasado.

Este éxito repercute en las otras regiones de producción europeas, especialmente sensibles a los caprichos del mercado del Reino Unido.

Si en dos años no se logra un acuerdo, existe la posibilidad de que las importaciones de vino de la UE sean gravadas con impuestos 'salados', mientras que el vino australiano, de África del Sur o Nueva Zelanda podría entrar sin aranceles, gracias a los acuerdos bilaterales que Londres ha firmado con estos países.

Para algunos vinos, la diferencia sería mínima, poco más de diez centavos por botella, que no es mucho en el caso de una botella de Burdeos o Barolo, que cuestan varias decenas de euros.

El declive de la libra esterlina también podría afectar al consumidor, lo que preocupa a los productores europeos.

"La tasa que se aplique será fundamental, sobre todo en Gran Bretaña, ya que los impuestos allá están entre los más altos de Europa", sostiene Cecchi.

"Honestamente, estoy muy preocupado, sobre todo debido a la incertidumbre. Pero espero que prevalezca el sentido común (...) todos queremos un buen acuerdo", confesó.

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