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Satoru Takegaki, de 64 años, antaño guardaespaldas de un líder de la mafia japonesa Yamaguchi-gumi, muestra un cartel de una campaña contra estas bandas criminales el 7 de octubre de 2015 en Himeji

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Diez años después de haberse retirado del mundo de la mafia y el crimen, Satoru Takegaki ocupa sus días ayudando a otros exgángsters a encontrar trabajo y a vivir como personas normales, fuera ya de la mafia japonesa Yakuza.

Este exguardaespaldas de la mafia, ahora reconvertido, espera que muchos más antiguos yakuzas recurran a su grupo de apoyo, sobre todo en momentos en que el bajo mundo japonés padece una de sus mayores conmociones en varios años.

En septiembre, varios miembros de la Yakuza se separaron de la organización mafiosa y formaron otro grupo, generando temores de que se desatase una guerra entre 'gangs'. Una de las facciones escindidas era conocida como Yamaken-gumi, un grupo que tiene 2.000 miembros y que se erigió en líder de esta separación. Según la prensa japonesa, el nuevo grupo tiene cerca de 3.000 miembros, frente a los 23.000 que componen la matriz de la Yakuza, el grupo Yamaguchi-gumi.

Al igual que sus primos italianos de la mafia o chinos de las tríadas, los yakuzas viven sobre todo del juego, droga y prostitución, pero también se han introducido con el paso de los años en numerosos sectores de la actividad (obras públicas, reciclado, contratación de personal, etc.) en los que perturban las reglas y extorsionan a empresas.

Esta división en el mundo del hampa hace temer a la policía que se repitan los baños de sangre entre los 'gangs' que se produjeron en los años 80, pero revela asimismo el debilitamiento de la mafia japonesa, antaño famosa por su rígido código de honor, con castigos bárbaros, como cortar dedos a la menor transgresión.

- La mafia se debilita -

"Las divisiones hacen que todas las partes se debiliten. No se puede negar que la mafia japonesa estár perdiendo fuelle" afirma Atsushi Mizoguchi, periodista freelance y experto en el crimen organizado en Japón.

La mafia fue durante tiempo considerada un mal necesario para asegurar el orden en las calles y que las cosas se hicieran rápidamente, aunque con métodos dudosos. Los yakuza florecieron entre el caos de la postguerra en Japón, hasta convertirse en una multimillonaria organización criminal, que operaba en varios de los sectores del país.

Pero su influencia y su número están decayendo. Se estima que el año pasado, el total de miembros de la Yakuza era de 53.000, menos de la tercera parte de los 180.000 que había en los años 60.

"La miembros de la dirección de los Yamaguchi-gumi suelen tener unos ingresos anuales de 1.000 millones de yenes (8,3 millones de dólares)", afirma a la AFP Mizoguchi. "En cambio, los yakuza de bajo rango se sienten felices con un billete de 10.000 yenes (83 dólares) en el bolsillo" añade, para explicar las crecientes diferencias de ingresos.

Sin embargo, a diferencia de la mafia italiana o de las triadas chinas, los yakuza han ocupado una posición peculiar en la sociedad japonesa: en efecto, no son ilegales, y cada uno de sus grupos tiene sus cuarteles generales a la vista de la policía. Pero "ello no quiere decir que la ley los reconozca como entidades legales, y sí, en cambio, que sus actividades sean controladas", precisa Kazuhito Shinka, que dirige una unidad contra el crimen organizado en Japon.

AFP