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La líder del partido de izquierda radical portugués Bloco de Esquerda, Marina Mortagua, en un mítin de campaña en Bairro Alto, zona de mucha vida nocturna en Lisboa, el 18 de septiembre de 2015

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De mirada franca y tono directo, Mariana Mortagua, estrella en ascenso de la izquierda radical portuguesa, quiere ser en las elecciones legislativas del 4 de octubre "la voz de aquellos que no son reconocidos" por los partidos tradicionales.

Mariana Mortagua, de 29 años, encabeza la lista del Bloque de Izquierda, partido hermano de Syriza, aunque la candidata no hace concesiones al primer ministro griego, Alexis Tsipras. "Syriza fracasó, pero abrió una brecha en la Unión Europea (UE) que nunca se cerrará", afirma Mortagua.

Como Syriza en sus orígenes, Mortagua quiere poner fin a la austeridad y reestructurar la deuda portuguesa, que roza el 130% del PIB.

"¡No podemos continuar pagando miles de millones de euros de intereses a los mercados financieros que especularon con nuestra deuda pública durante la crisis!", se desfoga, para luego añadir: "la austeridad no resuelve el problema de la deuda, y devasta a la economía".

La candidata rechaza "el chantaje de la Unión Europea" pero no prevé salir de la moneda única, salvo que "esta salida fuera impuesta". Prefiere abogar por "un euro compatible con un proyecto de izquierda".

- Competencia en la izquierda -

Contrariamente a lo que ocurrió con Syriza, el Bloque de Izquierda no destaca en las encuestas, en las que apenas cuenta con entre el 5% y 8% de la intención de voto, lejos del 35% del partido de Tsipras. "El ejemplo griego no nos ayuda", reconoce la candidata.

Su movimiento político vive a la sombra del Partido Socialista portugués, que sí cuenta con el 35% de la intención de voto según los sondeos, y de la alianza entre comunistas y verdes, que lograrían el 10%, en tanto en Grecia Syriza se benefició del descalabro de los socialistas.

Jeans, con un estilo más bien 'relajado', cabellos largos recogidos en una coleta, cuando hace campaña en el lisboeta Bairro Alto, un feudo joven y reputado por su vida nocturna, Mortagua se encuentra en su elemento.

Muestra una sonrisa discreta e intenta convencer a los viandantes, muchos de los cuales la reconocen y la animan.

Llegada al Parlamento luso en 2013 en tanto suplente de un diputado renunciante, Mariana Mortagua llegó a lo alto del escenario político a finales de 2014, como vicepresidente de la Comisión de Investigación parlamentaria sobre la quiebra del Banco Espirito Santo (BES).

Economista de formación, se hizo relevante por sus preguntas precisas y directas a los principales protagonistas de un caso que conmovió a los medios financieros del país en el verano de 2014.

- 'Telerrealidad' -

Puesto en dificultades por las preguntas de la diputada, el propio expatrón del BES, Ricardo Salgado, reconoció en ella "grandes cualidades de análisis".

"Esto fue como en la telerrealidad. Era la primera vez que la élite financiera y económica del país enfrentaba sus responsabilidades y fue interrogada por los parlamentarios, es decir, por el pueblo", dice ella.

Hija de Camilo Mortagua, militante antifascista que contribuyó a la caída de la dictadura de Salazar, Mariana nació el 24 de junio de 1986 en Alvito, un poblado de poco más de mil habitantes en la región rural del Alentejo.

Allí creció y libró su primer combate político, a los seis años de edad, exigiendo al alcalde la creación de un paso de peatones frente a la escuela. "¡Gané la causa!", recuerda.

El gusto por la política también sedujo a su hermana gemela Joana, candidata del Bloque de Izquierda en el distrito de Setúbal, al sur de Lisboa.

Hoy en día, Mariana Mortagua fustiga a "una muy vieja élite portuguesa que pensaba podía administrar al país como lo quería".

Una élite en la que ubica a miembros de los partidos tradicionales, a los que integra a la coalición de centro-derecha saliente, pero también al Partido Socialista. "Las diferencias entre ellos son mínimas", esgrime con seguridad.

AFP