En cada cita clave de la vida política iraquí --sea para las elecciones, para formar el gobierno o para luego manifestarse en contra-- el polémico y versátil Moqtada Sadr tiene el poder de inclinar la balanza, para un lado u otro.

El exjefe de milicia con el turbante negro de los descendientes del profeta Mahoma se presenta ahora como el hombre de las reformas y el detractor de los políticos corruptos en el duodécimo país más corrupto del mundo.

Huyendo de los medios de comunicación y siendo pobre orador, es capaz de hacer reaccionar a toda la clase política con un tuit y movilizar a un país donde la juventud es mayoritaria.

A principios de octubre expresó su apoyo a las manifestaciones que reclaman la caída del gobierno que él mismo ayudó a formar hace un año.

Pero, según el especialista iraquí de la Universidad de Singapur Fanar Haddad, "los 'sadristas' son parte de la clase política y siempre han contado con ministros y altos funcionarios".

Es un personaje "sinuoso", resume Karim Bitar, director de investigación del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas.

"Agitador nacionalista antiestadounidense durante la guerra, se alineó luego con Arabia Saudita y súbitamente dio un giro radical y se acercó de nuevo a los iraníes", grandes enemigos de Riad, señaló.

Nacido hace 46 años en Kufa, cerca de la ciudad santa chiíta de Nayaf en el sur Irak, este hombre de cara redonda y barba canosa es descrito por círculos cercanos como irascible.

- "Resistencia" -

Sadam Husein hizo matar a su padre, Mohamed Sadek Sadr, defensor de un chiísmo militante. Previamente también había ordenado ejecutar al primo de su padre, el gran pensador chiíta Mohamad Baker,.

Gracias a ese prestigioso linaje, Sadr se popularizó a partir de 2003 a la cabeza de la "resistencia" chiíta --comunidad mayoritaria en Irak-- contra la ocupación estadounidense.

Después de la invasión que derrocó a Sadam Husein, Sadr comandó la poderosa milicia iraquí que llegó a tener 60.000 combatientes, que luchó tenazmente contra el ejército estadounidense.

Pero luego las disolvió, al término de un conflicto con las fuerzas del Primer Ministro Nuri al Maliki, tras cuya llegada al poder en 2006 Sadr desaparece. Vuelve a aparecer en 2011 en un barrio de Najaf y acaba de pasar cuatro años en una escuela religiosa en Irán.

Él, cuyos partidarios gritan regularmente en sus manifestaciones anticorrupción "Irán fuera, Bagdad libre", apareció en septiembre en casa del Guía supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei.

- "Antropólogo imprescindible" -

"Es un antropólogo", afirma a la AFP Renad Mansur, investigador del Centro de Reflexión Chatham House. Pero, "a fuerza de seguir la calle, se contradice de un año a otro".

Hace un año ayudó en la formación del gobierno de Adel Abdel Mahdi; hoy, se unió a los manifestantes que reclaman su caída. "Eso no le preocupa", dice Mansur.

Aunque para ello deba negociar con las fuerzas de Hachd al Chaabi dominadas por grupos proiraníes, a las que siempre se ha negado a unirse, alegando tener una línea iraquí independiente.

A pesar de sus retrocesos, admiten incluso sus opositores políticos, Sadr conserva la mayor base popular del país, dispuesta a obedecerle casi ciegamente, principalmente del barrio más densamente poblado de Irak, su bastión en Bagdad.

Con el movimiento de protesta actual, lo demuestra una vez más: es una personalidad que divide pero que sigue siendo imprescindible en Irak", asegura Bitar.

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