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Musulmanes residentes en Barcelona en el bulevar de Las Ramblas en protesta contra el terrorismo el 19 de agosto de 2017

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Se acerca la hora del rezo y el imán Raja Miah no espera mucha asistencia. Desde los atentados de Barcelona y Cambrils, la numerosa comunidad musulmana del barrio barcelonés del Raval teme perder la convivencia cultural imperante hasta ahora en España.

"La gente tiene mucho miedo", explica Miah sentado en un cuarto diminuto mientras, justo al lado, una quincena de niños aprenden el Corán en esta modesta mezquita en el corazón del Raval, a apenas medio kilómetro de Las Ramblas, de luto desde el jueves.

"Hay mucho miedo, apenas salen. Muy poca gente viene a rezar. Normalmente somos unas cuarenta personas, anoche no éramos ni quince y por la mañana diez", explica este imán de 23 años, llegado hace nueve años desde Bangladés.

La comunidad musulmana del país vivía hasta ahora en un oasis ante el auge de la islamofobia en Europa: los partidos de extrema derecha son completamente residuales y sólo un 4% de los ciudadanos considera la inmigración un problema, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS, oficial).

Aun así, la ola de atentados del grupo yihadista Estado Islámico en Europa provocó un aumento de los incidentes islamófobos, pasando de 48 a 534 entre 2014 y 2015, según la Plataforma Ciudadana contra la Islamofobia.

Y ahora, después de los atropellos masivos que causaron 14 muertos y más de 120 heridos, temen que pueda ser peor.

Un incómodo silencio reinaba el sábado por la mañana de las zigzagueantes y habitualmente bulliciosas calles del Raval, un barrio popular y densamente poblado junto a Las Ramblas.

La mitad de su población es inmigrante, con una extensa comunidad de Pakistán, Bangladés y Marruecos. "Los españoles nos tratan bien, nos ayudan, nos hacen sentir en casa", explica Raja.

Pero apenas unos minutos después del atentado de Barcelona ya empezó a sentir que algo cambiaba. Asustado, huía de los alrededores de Las Ramblas cuando lo paró la policía: "Es normal, me vieron con barba y la túnica y quisieron cachearme. Pero te sientes mal", explica.

"Nos da miedo que pase como en Francia, Reino Unido u otros sitios", donde los partidos de extrema derecha crecieron fuertemente en los últimos años, reconoce Islam Zahid, que a sus 22 años regenta un pequeño supermercado en una escondida calle donde sólo se escucha el ruido de unos críos jugando al fútbol.

- Manifestación en Barcelona -

Remontando Las Ramblas con su hija hacia una manifestación de la comunidad musulmana en repulsa de los atentados, el marroquí Marzouk Rouj asegura estar "hundido".

En la concentración, justo al principio de la céntrica avenida, un centenar de personas, muchas con los ojos humedecidos, condenan los atentados reivindicados por la organización Estado Islámico: "No son musulmanes, son terroristas", "Islam es paz" gritaban.

"Llevo más años viviendo aquí que en mi país. Mis hijos van a la escuela aquí y no quiero que los miren mal por culpa de unos bárbaros", dice Marzouk, empleado de la construcción de 39 años, que llegó de Nador cuando tenía 16.

Por la tarde, varios musulmanes hicieron una ofrenda floral en los homenajes espontáneos a las víctimas realizados en Las Ramblas.

"Al final los musulmanes somos las principales víctimas, tanto por las muertes como por la presión social", explica Xantal Genovart, vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Musulmanas de Cataluña.

Esta región del noreste de España, donde vive una cuarta parte de la población musulmana de España, más de medio millón sobre un total de 1,9 millones, también es una de las mayores zonas de radicalización yihadista según los expertos.

Pese a todo, Mounir Benjelloun, presidente de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas, se muestra optimista: "Creo que España sabrá manejar y separar a los culpables para que no prospere ese mensaje xenófobo".

Por el momento, las señales son positivas: el viernes una veintena de manifestantes contra el islam en las Ramblas tuvieron que retirarse cuando los viandantes les cerraron el paso a gritos de "¡Racistas no!".

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AFP