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El líder del partido laborista noruego, Jonas Gahr Støre, deposita su voto para las elecciones parlamentarias del país, en Oslo, el 10 de septiembre de 2017

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Los noruegos seguían votando este lunes en unas elecciones que determinarán si la coalición de gobierno conservadora sigue en el poder o se forja una alianza de izquierdas para dirigir el "país más feliz del mundo" los próximos cuatro años.

El bloque denominado burgués, liderado por la actual primera ministra, la conservadora Erna Solberg, y el laborista, conducido por Jonas Gahr Støre, aparecían muy parejos en las últimas encuestas, lo que promete un escrutinio con incertidumbre, en que los pequeños partidos podrían convertirse en árbitros.

Los colegios electorales cerrarán a las 21h locales (19h GMT), hora en la que se conocerán los primeros resultados parciales de una consulta que algunos editorialistas describen como "el mayor 'thriller' electoral en décadas", en el rico reino nórdico de 5,3 millones de habitantes.

"Estoy preparada para otros cuatro años más", aseguró Solberg, de 56 años y muy popular entre su electorado, tras haber votado en una escuela de su ciudad natal, Bergen (oeste del país). "Queda por ver si el pueblo noruego está preparado para cuatro años más conmigo", señaló con cierta ironía.

En el poder desde 2013, el Gobierno actual, que agrupa a conservadores y a grupos populistas moderados, como el Partido del Progreso, que destaca por sus posturas contrarias a la inmigración, ha hecho campaña prometiendo continuidad.

A su favor, el Gobierno cuenta con la gestión de la crisis petrolera (Noruega es el mayor productor de hidrocarburos de Europa occidental, el mayor motor de su economía), afectado por la brutal caída de los precios del crudo -la mayor en 30 años-, a partir de mediados de 2014. Asimismo, supo lidiar en 2015 con la crisis de migrantes, con 31.000 solicitantes de asilo en el país.

"Queremos cuatro años más para seguir haciendo esto que ya funciona", había dicho antes Solberg. El Gobierno de derecha impulsó el crecimiento gracias a la reducción de la presión impositiva y al frecuente recurso al fondo soberano de cerca de un billón de dólares.

Para Støre, un millonario diplomado en Ciencias Políticas en París, la fórmula es otra. Un alza de impuesto para los "más ricos" para poder consolidar el Estado del bienestar, tan apreciado por los noruegos, y poder combatir de este modo las desigualdades.

"Necesitamos un cambio ahora, porque estamos alejándonos los unos de los otros", dijo el domingo el candidato laborista, de 57 años, después de votar junto a su mujer en una escuela de un barrio del oeste de Oslo, un distrito mayoritariamente conservador.

- País feliz pero voto contestatario -

Productora de 49 años, Elin Festøy votó por el 'statu quo'. "Lo que me interesa es el empleo. Pienso que tenemos que obrar de tal forma que los jóvenes encuentren empleo, pero también comprender que crear empleo es la mejor manera de integrar a los refugiados y migrantes", considera.

En cambio, Kaja van der Schoor desea un cambio. "En lo que concierne a los refugiados, diría que hay que cambiar ciertas cosas", explica esta reclutadora de empleados, de 28 años. "La manera en que ha sido diseñada (la política migratoria) ha dividido a la sociedad y asusta a los noruegos, diciendo que es algo malo, en tanto hay una cosa que debemos hacer. Tenemos que ayudar", afirma.

Conservadores y laboristas concuerdan, sin embargo, en muchos temas: las actividades petroleras en el Ártico, una política de inmigración severa y la importancia de mantener una relación estrecha con la Unión Europea (UE), de la cual el reino escandinavo no forma parte.

La oposición laborista, no obstante, ha denunciado las dificultades de Solberg a la hora de frenar las declaraciones, muchas veces provocadoras, de sus aliados del Partido del Progreso, especialmente los discursos de la ministra de Inmigración e Integración, Sylvi Listhaug.

Frente a los estrechos márgenes, pero también a la caída de la intención electoral para los dos grandes partidos, las formaciones minoritarias van a tener un rol importante en esta elección.

"Cada uno tiene su nicho, con un mensaje muy claro", explicó a la AFP Johannes Bergh, analista del Instituto de Investigación Social. "Su avance va a complicar la formación de una coalición gubernamental estable", una tarea que podría llevar su tiempo.

En un país que en marzo fue designado por un prestigioso estudio de la ONU como el "más feliz del mundo", esta consulta podría favorecer a varias formaciones contestatarias, con un posible impacto sobre la industria del petróleo.

Entre éstas, destacan el Partido de Centro, una formación con base en las zonas rurales que se opone a las élites urbanas, el Partido Verde, que plantea que no haya nuevas operaciones de exploración petrolíferas, y el Partido Rojo, un grupo marxista.

Ante esta atomización del mapa político, la emergencia de un nuevo gobierno podría tomar "varias semanas", advierte Bergh.

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AFP