Una gran multitud de libaneses se concentraban este domingo en el centro de Beirut, en el cuarto día de un movimiento de protestas sin precedente en Líbano que reclama la dimisión de la clase política, acusada de corrupta.

El movimiento, que se extendió a varias ciudades del país, nació de forma espontánea el jueves tras el anuncio de una tasa para las llamadas efectuadas por el servicio de mensajería WhatsApp, aunque la medida fue anulada por la presión de la calle.

Sin embargo, las manifestaciones no cesaron, día y noche.

Este domingo, tras una larga noche de protestas que congregaron a decenas de miles de personas en varias regiones del país, los libaneses empezaron a reunirse de nuevo, según corresponsales de la AFP en el lugar.

La víspera, los manifestantes incendiaron neumáticos y bloquearon carreteras, pero no se registraron enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

Además, el partido cristiano Fuerzas Libanesas, aliado del primer ministro Saad Hariri, anunció la dimisión de sus cuatro ministros, aduciendo que el "Gobierno es incapaz de tomar las medidas necesarias para solucionar la situación".

El movimiento alcanzó las ciudades de Trípoli y Akkar, en el norte, la de Baalbek, en el este, y varias localidades costeras, incluyendo Tiro y Sidón, en el sur.

Los bancos, cerrados desde el viernes, tampoco abrirán el lunes, indicó la Agencia Nacional de Información (ANI).

El lunes expira el plazo de 72 horas que Hariri impuso a su frágil coalición gubernamental para que aprueben sus reformas económicas.

Líbano se comprometió en abril de 2018 a iniciar reformas durante una conferencia internacional a cambio de promesas de préstamos y donaciones por un total de 11.600 millones de dólares.

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