Las manifestaciones antigubernamentales en Irak, que a principios de octubre se saldaron con más de 150 muertos, se han reanudado el jueves por la noche, en vísperas de una movilización de partidarios del líder chiita Moqtada Sadr.

El gobierno de Adel Abdel Mahdi, quien llegó al poder hace apenas un año, ha puesto en alerta a las fuerzas de seguridad. Por la noche usaron cañones de agua para dispersar a decenas de manifestantes que habían llegado a la entrada principal de la Zona Verde, donde se encuentran las instituciones y la embajada de Estados Unidos, afirmaron varios testigos.

El movimiento de protesta denuncia la corrupción de los dirigentes y reclama empleos y servicios públicos en un país rico en petróleo pero con una escasez crónica de electricidad y agua potable.

Moqtada Sadr, un exjefe de milicias convertido en el heraldo de la protesta anticorrupción, ha exhortado a sus seguidores a echarse a la calle y a sus combatientes a estar preparados para "proteger a los manifestantes", lo que hace temer más episodios violentos.

A principios de octubre, 157 personas murieron, en su mayoría manifestantes, según un balance oficial.

A gritos de "todos ladrones", cientos de personas se manifestaron en la emblemática plaza Tahrir de Bagdad, que fue a principios de octubre el epicentro de la movilización.

El ministro del Interior, Yasin al Yaseri, acudió a la plaza para decirles a los manifestantes que la policía estaba allí "para protegerlos", según las autoridades.

En Nasiriya, a 300 km más al sur, los manifestantes convocaron "sentadas hasta la caída del régimen". En Diwaniya, también en el sur, estaban congregados en una plaza céntrica.

- Sermón en nombre de Sistani -

Las manifestaciones cobrarán fuerza el viernes por la mañana. Y por la tarde se sumarán los simpatizantes de Moqtada Sadr, ganador de las elecciones legislativas y parte integrante de la coalición gubernamental, que exigió la dimisión del gabinete y elecciones anticipadas en este país de mayoría chiita.

En 2016 los partidarios de Moqtada Sadr irrumpieron en la Zona Verde de Bagdad y ocuparon las principales instituciones del Estado.

En una demostración de fuerza, recientemente, los combatientes de sus "Brigadas de la Paz" aparecieron armados durante desfiles en su bastión de Sadr City, en Bagdad.

En este contexto, se espera con ansia un sermón pronunciado en nombre del gran ayatolá Ali Sistani, la máxima autoridad religiosa chiita de Irak y del que se dice que pone y quita a los primeros ministros. Será a media jornada.

Hace dos semanas, Ali Sistani dio al gobierno hasta el viernes para arrojar luz sobre la violencia y responder a las demandas de los manifestantes, que se echaron a las calles de forma espontánea por primera vez el 1 de octubre.

Abdel Mahdi anunció una serie de medidas, hizo públicas las listas de cientos de puestos de funcionarios atribuidos a jóvenes diplomados y prometió pensiones para las familias de los manifestantes caídos como "mártires".

Pero no ha anunciado reformas importantes y ni la comparecencia ante la justicia de los "peces gordos" en el duodécimo país más corrupto del mundo, según la lista de Transparencia Internacional. La opinión pública quiere una nueva Constitución y la renovación total de la clase política.

El jueves por la noche Abdel Mahdi defendió su balance y acusó a sus predecesores de haberle dejado las riendas de un país con una economía exánime y una seguridad frágil.

- "El sur chiita y tribal" -

El gobierno todavía cuenta con el apoyo del poderoso Hashd al Shaabi, una coalición paramilitar dominada por milicias chiitas proiraníes. Se trata del segundo bloque parlamentario y es miembro de la coalición gubernamental.

El martes, las autoridades publicaron un informe de investigación sobre la violencia que ha avivado el descontento.

Acusan a las fuerzas de seguridad de uso "excesivo" de la fuerza, pero no resuelven el tema de los "francotiradores no identificados". Según el informe, el 70% de los muertos fueron alcanzados por disparos en la cabeza o el torso.

Como al comienzo de octubre, las convocatorias de manifestaciones afectan a la mayoría de las provincias del sur, chiitas y tribales, y no al norte y al oeste, de mayoría sunita y del que hace dos años se expulsó al grupo yihadista Estado Islámico (EI).

El Kurdistán autónomo (norte) también se mantiene al margen.

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