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Tres turistas de China continental visitan el 17 de diciembre de 2016 un mirador con vistas al puerto de Victoria, en Hong Kong. La excolonia británica conmemorará el 1 de julio los 20 años de su retrocesión a China

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Cuando era adolescente, Naomi Wu iba a menudo de compras a Hong Kong, pero para esta joven programadora, igual que para muchos de sus compatriotas de la China continental, la excolonia británica ha perdido su encanto.

Junto a sus amigas, Naomi Wu, que vive en Shenzhen (sur), solía comprar ropa, maquillaje y bolsos en la excolonia británica, que este año conmemora los 20 años de su retrocesión a China.

"Pero ahora los productos chinos son igual de buenos, incluso mejores", dice esta informática de 23 años.

"Ahora en la China continental hay muchos centros comerciales, con edificios nuevos, también hay metro y parques. El año pasado se construyeron más rascacielos en Shenzhen que en Estados Unidos y Australia juntos", asegura.

Hong Kong conmemorará el 1 de julio los 20 años de su retrocesión, pero el territorio vive desde entonces bajo la sombra de las autoridades de Pekín, convertida en un potencia económica y cultural a nivel global.

Además, desde 1997, Pekín y Shanghái han cambiado mucho y son grandes ciudades con los bares, los restaurantes, los centros comerciales o los barrios artísticos que antes sólo se encontraban en Hong Kong.

En dos décadas, China ha pasado de quinta a segunda economía mundial, mientras en paralelo Hong Kong pasó del puesto número 24 al 33 de la clasificación económica mundial.

Ahora los consumidores chinos pueden comprarlo todo, o casi todo, sentados en sus sofá gracias a sus teléfonos móviles y al enorme éxito del comercio en línea.

Un fenómeno que influye de manera directa en el turismo hacia Hong Kong, donde el número de visitantes de la China continental no para de caer (-7% en 2016 en comparación al año anterior).

En paralelo, los honkgoneses acusan a Pekín de inmiscuirse en la política, la economía y la educación de un territorio en teoría autónomo.

En 2014 miles de personas salieron a las calles para pedir avances democráticos, un clima tenso que sigue tres años después y que notan los turistas del continente, a quienes los hongkoneses consideran a veces despectivamente como un poco rústicos.

"Nos gastamos mucho dinero pero nos denigran", lamenta Naomi Wu, escandalizada por unos comentarios despectivos que oyó en el metro de Hong Kong en su última visita.

En las redes sociales también se nota el desencanto.

"El ambiente es muy distinto del de antes. En las calles la gente nos lanza miradas agresivas", escribe Jennifer Liu en Zhihua, una web china de preguntas y respuestas. "La información que me llega de Hong Kong me parece extraña, llena de hostilidad", asegura.

Sin embargo, para los continentales, Hong Kong sigue teniendo algo muy precioso: libertades.

Según el principio "Un país dos sistemas", acordado en 1997 y que se extiende por 50 años, este pequeño territorio autónomo de 1.000 kilómetros cuadrados goza de libertad de expresión y de una justicia independiente.

Por eso miles de chinos "del interior" continúan pese a todo viajando a Hong Kong cada año por distintas razones, como la calidad de la enseñanza, las inversiones inmobiliarias, la comida más sana o el sueño de obtener un "pasaporte" hongkonés, más práctico para viajar.

"El atractivo de Hong Kong está en declive pero muchos siguen yendo allí para estudiar allí, donde encuentran un entorno más seguro", dice a la AFP Qiao Mu, un especialista de medios con sede en Pekín. "Continúan teniendo ganas de vivir en una sociedad más libre", asegura.

AFP