La policía de Hong Kong presentó oficialmente sus excusas este lunes, por primera vez desde el comienzo del movimiento de protestas en junio, tras haber rociado la víspera una mezquita con tinta azul durante la dispersión de manifestantes.

"Inmediatamente después del incidente, responsables de la policía presentaron sus sinceras excusas al imán principal y a los dirigentes de la comunidad musulmana", indicó a la prensa Cheuk Hau-yip, comandante regional de las fuerzas del orden del distrito de Kowloon oeste.

Los responsables de esta mezquita, la más grande de la excolonia británica, ubicada en la península de Kowloon, señalaron a periodistas que habían aceptado las disculpas, así como las de la jefa del ejecutivo de Hong Kong, Carrie Lam.

En un comunicado difundido el domingo, la policía afirmó que el edificio religioso fue damnificado por error.

Por su parte, "La señora Lam se excusó por la aspersión involuntaria" de tinta (azul), según un comunicado publicado este lunes por su oficina.

- Carrie Lam en la mezquita -

Junto al jefe de Policía, Stephen Lo, Lam efectuó una breve visita a la mezquita este lunes, bajo un importante dispositivo de seguridad.

La entrada al edificio fue rociada por un camión policial que lanzaba con un cañon un líquido azul intenso, provocando la cólera de la comunidad musulmana y de los manifestantes.

Esta tinta, que mezclada con una solución de pimienta quema la piel, es utilizada para identificar a los manifestantes, pero también mancha calles y edificios.

En imágenes de video puede verse un camión de la policía estacionado ante la mezquita cuando se produjeron los enfrentamientos entre los manifestantes y las fuerzas del orden.

Tras hacer una pausa, el dispositivo comenzó a asperjar un líquido azul sobre media docena de periodistas y personas que se encontraban en la calle, en el exterior del edificio religioso.

Este pequeño grupo fue rociado dos veces y parte de la tinta alcanzó los escalones y la entrada de la mezquita.

- Aumento de la violencia -

La mezquita original de Kowloon fue construida a fines del siglo XIX para los soldados musulmanes de las Indias británicas.

Reconstruida a comienzos de los años 1980, es un centro importante para la comunidad musulmana hongkonesa, que cuenta con unos 300.000 fieles.

El domingo, Hong Kong vivió una nueva jornada de violencia, por vigésimo fin de semana consecutivo.

Decenas de miles de personas participaron en una concentración no autorizada, pero pacífica.

Rápidamente, los hechos degeneraron cuando activistas radicales lanzaron cócteles molotov y piedras contra un puesto de policía, locales de empresas y estaciones de metro.

La fuerzas del orden respondieron utilizando cañones de agua, gases lacrimógenos y balas de goma. Los enfrentamientos continuaron durante toda la noche.

Hong Kong vive su peor crisis política desde su retrocesión a China en 1997, con manifestaciones y otras acciones casi cotidianas denunciando una degradación de las libertades, así como la creciente injerencia de Pekín en los asuntos del enclave semiautónomo.

Después que las autoridades prohibieran el uso de máscaras en las manifestaciones, a principios de octubre, la excolonia británica experimentó un aumento de la violencia, con actos de vandalismo contra empresas acusadas de apoyar al gobierno local, a su vez leal al poder central chino.

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