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Un centro comercial destruido en Qaraqosh, una de las principales ciudades cristianas de Irak, el 3 de marzo de 2017

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Cinco meses después de haber sido liberada del yugo del grupo yihadista Estado Islámico (EI) el tiempo parece haberse detenido en Qaraqosh, una de las principales ciudades cristianas de Irak, sumida hoy en el silencio y el abandono.

Sus amplias avenidas están vacías y sus jardines, descuidados. A veces pasan coches a gran velocidad, pero muy pocos se detienen en la carretera que une las dos grandes ciudades del norte del país, Mosul y Erbil.

Qaraqosh fue 'liberada' en octubre, tras sufrir dos años y medio de ocupación yihadista, desde el verano de 2014.

El grupo EI se cebó especialmente con los edificios de Qaraqosh, una ciudad conocida también bajo el nombre de Hamdaniya o Bajdida, por ser una de las más importantes ciudades cristianas de Irak.

Los yihadistas tumbaron campanarios, rompieron iconos y dañaron crucifijos, como el que ornaba el muro exterior de la iglesia católica siriaca de los Santos Behnam y Sarah.

La iglesia María al Tahira fue devastada y su fachada aún presenta pintadas con la bandera negra del grupo extremista, así como amenazas. "Sin el Estado del islam, no habrá seguridad ni paz en Irak o en Siria", proclama uno de los mensajes, en un pilar de mármol.

El patio de la iglesia ha sido transformado en campo de tiro. Centenas de casquillos se acumulan en el suelo cerca de una pila de partituras musicales, constataron los periodistas de la AFP, que viajaron varias veces a Qaraqosh durante el mes de marzo.

Ante ese panorama, Aram Saqt dice tener el corazón roto. "Toda mi vida estaba aquí y era feliz", dice el joven de 24 años. "Siento mucho más que tristeza, estoy destruido", asegura, mientras camina por la nave de la iglesia, ennegrecida por el humo.

- Regreso imposible -

Las calles de Qaraqosh están hoy ocupadas sobre todo por miembros de las Unidades de Protección de la Planicie del Nínive (NPU, por sus siglas en inglés), una pequeña milicia cristiana encargada de proteger la ciudad.

Sin embargo, aunque la seguridad está garantizada, los habitantes afirman que la vuelta a la normalidad es imposible por la falta de servicios de base y de medios necesarios para reparar sus casas.

"¡Debería haber agua, electricidad, alcantarillas, seguridad!", exclama Imama Behnan, que vive en Erbil con su familia.

Cuando huyó en 2014, pensó que el exilio sería breve. "Limpié la casa (...), cerré con llave y me fui. Pensábamos que sería por un día o dos. Ahora se cumplen tres años", dice sollozando.

El vacío dejado en la ciudad revela los desafíos económicos, sociales y políticos a los que se enfrentan las autoridades iraquíes en las localidades liberadas del grupo EI.

Los habitantes de Qaraqosh dicen, además, que son víctimas de las diferencias territoriales entre la región autónoma kurda de Irak y el Gobierno central.

Acusan a las fuerzas kurdas de impedirles retornar a sus casas para reforzar así su control sobre la ciudad.

Los kurdos "quieren tomar esas zonas, pues pertenecen a los cristianos y son estratégicas entre Erbil y Mosul", lamenta Jamil Salahedin al Jamil, nacido en Qaraqosh y miembro de las NPU.

Sin embargo, el viceministro del Interior del Gobierno regional kurdo rechaza estas acusaciones: "Esperamos que los desplazados puedan volver a sus casas lo más rápido posible. No les ponemos ningún obstáculo", dice a la AFP Jalal Karim.

Incluso afirma que "los ayuda y alienta a volver a sus casas", aunque reconoce que algunos no pueden hacerlo por "las minas y las bombas en la zona".

No obstante, muchos habitantes no están convencidos y consideran que no tienen donde ir.

Como Jamil, que decidió emigrar a Francia después de pasar años defendiendo la presencia cristiana en Irak. "Tenía esperanzas y sueños. Pero ya estoy harto. ¿Por qué el amor de un país debe ir en una sola dirección?", se pregunta.

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AFP