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El primer ministro británico, David Cameron (I), y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, el 16 de febrero de 2016 en Bruselas

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La Unión Europea (UE), confrontada a las exigencias británicas para evitar el 'Breixt', la salida del Reino Unido de la 'familia', atraviesa una ola de crisis de una intensidad inédita desde la emergencia del proyecto continental hace unos sesenta años.

Además de este riesgo de una Europa sin el peso pesado británico, segunda economía del bloque, la UE se enfrenta a la mayor afluencia de migrantes desde la Segunda Guerra Mundial, los sobresaltos de la zona euro y la amenaza de atentados terroristas tras los reivindicados por el grupo yihadista Estado Islámico (EI) en París, en 2015.

- 'Brexit' -

El primer ministro británico, David Cameron, exige a la UE reformas y flexibilizaciones que atañen a varios temas clave, como la inmigración, la gestión económica y la soberanía política, para luego intentar convencer a sus conciudadanos de quedarse en la UE, mediante un referéndum que podría celebrarse el próximo junio. Cameron se encuentra bajo la presión de los euroescépticos del Reino Unido, en particular del partido antiinmigración y nacionalista UKIP, de Nigel Farage.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, presentó el 2 de febrero un preacuerdo para responder a las reivindicaciones británicas y evitar un 'Brexit', pero el proceso sigue siendo "muy fragil" según el propio Tusk. El ex primer ministro polaco ha comenzado una gira por las capitales europeas, que el martes lo llevará a Atenas, Praga y Berlín, antes de la cumbre del jueves y viernes en Bruselas para intentar un acuerdo entre los 28.

Entre las reivindicaciones de Cameron, la que concierne la limitación de las prestaciones sociales para los ciudadanos de otros países de la UE promete acalorados debates. Esta medida apunta en primer término a los trabajadores procedentes de Europa central y oriental, miles de los cuales trabajan en Gran Bretaña.

- La crisis de los migrantes -

Desde el llamamiento a la movilización lanzado en la primavera boreal de 2015 por la Comisión Europea para gestionar en común la llegada masiva de migrantes a las costas de Italia y Grecia, los Estados miembros se encuentran muy divididos al respecto.

Con excepción de Berlín y Estocolmo, la mayoría de las capitales rehúsan asumir la cuota que les corresponde en la repartición de 160.000 demandantes de asilo, por lo que esta iniciativa se encuentra al borde del fracaso.

Los atentatados del 13 de noviembre pasado en París (130 muertos) y los actos de violencia en Colonia (Alemania) el día de Año Nuevo han oscurecido el ambiente en general y las 'veleidades' de solidaridad.

La respuesta europea a esta crisis migratoria -en gran parte vinculada a las guerras siria y afgana, pero también a la miseria en África subsahariana- se apoyaba también en la apertura en Italia y Grecia de centros de registro de los recién llegados, encargados de distinguir entre refugiados aptos para ser protegidos internacionalmente y los migrantes económicos. Además, estos centros han tardado en entrar en funcionamiento.

Los países del antiguo bloque del Este son los más hostiles a la acogida de migrantes, y algunos como Hungría han levantado barreras en sus fronteras durante el último verano. Seis países de la UE han restablecido controles temporales en sus accesos, al punto de que el espacio Schengen -de libre circulación entre 26 países (22 de ellos miembros de la UE)- está considerado en un peligro sin precedentes.

- La crisis de la zona euro -

La mayoría de los 19 países de la zona euro no termina de aceptar la exigencia del Pacto de Estabilidad, que impone que la deuda pública no exceda el 60% del PIB.

No obstante, la situación para España y, sobre todo, Italia, Portugal y Grecia continúa siendo particularmente difícil según las autoridades europeas, aunque ciertos analistas consideran que la crisis del euro no es la causante de esa situación.

La Unión Económica y Monetaria estuvo a punto de sufrir un 'Grexit' en 2015. Grecia obtuvo durante el verano de ese año un tercer plan de ayuda internacional bajo condición de continuar a ritmo sostenido las difíciles reformas de austeridad, que aún persisten.

Los acreedores (UE y FMI) controlan la situación de cerca, y el avance de las reformas fue considerado a comienzos de febrero aún insuficiente para permitir paso a las discusiones sobre la reducción de la deuda pública (17% del PIB en 2015 según cifras de la Comisión).

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AFP