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Personas manifiestan afuera de la alcaldía de Roma el 8 de octubre de 2015

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La incertidumbre reina en Roma, sobre todo en el Vaticano, después de que el alcalde, Ignazio Marino, formalizara este lunes su renuncia a dos meses del inicio del Jubileo y tras haber desafiado los llamados "poderes fuertes": política, mafia, curia.

Acosado por una campaña de desprestigio inédita, abandonado por su partido, el Partido Democrático (PD), de centro izquierda, Marino oficializó su renuncia, un acto debido y sufrido, que siembra muchas dudas y reacciones entre la opinión pública.

Pequeños grupos de militantes han protestado ante la sede del PD y anunciado que jamás volverán a votar por sus candidatos.

Con la renuncia se cierra de todos modos una fase negra para la Ciudad Eterna, durante la cual estaba sumida en la incuria y su alcalde resultaba incapaz de administrarla y controlarla.

Una de las ciudades más complejas del mundo, con más de 2000 años de historia, con la presencia del Vaticano, un verdadero enclave que atrae millones de personas al año, naufragaba entre la suciedad, el tráfico enloquecido, la ausencia de transporte público además de la ineficencia y el clientelismo.

Al mismo tiempo la voluntad de alcalde de hacer "limpieza", de combatir la ilegalidad y la corrupción, le valió muchos enemigos: desde los grandes constructores, pasando por los dueños de restaurantes y taxistas, hasta los ausentistas y burócratas.

Médico especializado en trasplantes, exsenador del PD, Marino fue elegido alcalde en julio del 2013 y desde entonces ha sido atacado por todos los frentes, personal, político, administrativo y judicial, si bien es considerado una persona honesta.

"Va a ser interesante ver lo que pasará ahora", comentó en un editorial el diario Il Corriere della Sera.

El gobierno liderado por el primer ministro Matteo Renzi, junto con el prefecto de Roma, Franco Gabrielli, tienen veinte días para nombrar un comisario extraordinario que administre la ciudad hasta la celebración de las elecciones, previstas para mayo del próximo año.

Una personalidad muy difícil de hallar y que muchos temen, sobre todo en las páginas web, que represente a la vieja guardia de la política, dispuesta a llegar a acuerdos con los llamados "poderes fuertes", que remaron en contra de Marino.

El alcalde tuvo que hacer frente en diciembre del 2014 a un gigantesco escándalo que reveló la existencia de una red criminal formada por empresarios y políticos de todos los partidos que desde hacía varios años se hacía con las licitaciones públicas.

Pero la mayor preocupación del gobierno es la llegada a Roma de millones de peregrinos con ocasión del Jubileo convocado por el papa Francisco hace sólo siete meses.

Roma, con 2.874.000 habitantes suma 4.321.000 en toda el área metropolitana, y no está preparada para recibir unos 15 a 20 millones de peregrinos y turistas.

Para el diario del Vaticano, L'Osservatore Romano y la diócesis de Roma, la ciudad necesita "renacer" y sobre todo una "nueva clase dirigente".

- Una ciudad endeudada -

La prensa italiana, que atacó sin piedad a Marino en los últimos meses, tuvo que reconocer que a pesar de sus errores y fracasos, el alcalde no era el único responsable de la situación de la ciudad.

Después de décadas de mala gestión, fue el primero en parar los derroches y frenar la gigantesca deuda. Según el diario económico Il Sole 24 Ore llega a 8.650 millones de euros.

"Haremos todo lo posible para que el Jubileo sea un éxito", anunció Renzi, recordando los escándalos de corrupción y retrasos anteriores a la Exposición Universal, que finalmente mantuvo sus promesas este año en Milán.

El anuncio de 30 millones de euros más del fondo de 50 millones ya previstos para el transporte, avenidas y zonas verdes es el primer reto administrativo que tendrá el comisario extraordinario.

Las obras deberán comenzar dentro de una semana. Las dos líneas del metro deberán pasar cada 2 o 3 minutos en las horas punta.

Se ha previsto en total treinta proyectos, pero la falta de una dirección clara en las próximas semanas puede retrasar aún más las obras, un fenómeno crónico que genera mucho escepticismo por lo que muchos temen que "regrese la delincuencia" por la puerta trasera a administrar Roma.

AFP