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Los retratos del líder de Corea del Norte, Kim Jong-un (izq), y el presidente de EEUU, Donald Trump, en una combinación de imágenes del 10 de agosto de 2017

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Uno habla de "presión pacífica" sobre Corea del Norte; el otro promete "ira" y "fuego". Frente a la escalada verbal de Donald Trump, el margen de acción del secretario de Estado, Rex Tillerson, y de la diplomacia estadounidense quedó muy reducido.

Con la gira asiática de Tillerson para intentar aislar a Pyongyang y la reciente adopción de una resolución de la ONU para endurecer las sanciones contra el régimen de Kim Jong-un por su programa balístico y nuclear, parecía que la diplomacia estadounidense había tomado las riendas del complicado enfrentamiento con Corea del Norte.

"Normalmente, tras lograr ese tipo de sanciones hubiese sido el momento para decir: 'Ahora tenemos que dar un tiempo a que las sanciones funcionen', y mientras tanto intentar con el diálogo a ver si es posible", dijo James Schoff, de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional.

Pero las declaraciones del presidente estadounidense llegaron a "perturbar el proceso diplomático", aseguró este experto a la AFP.

Golpe tras golpe, martes y miércoles, Trump prometió a los norcoreanos "ira" y "fuego" en caso de "más amenazas a Estados Unidos", y luego les advirtió de que el arsenal nuclear de Washington es "más poderoso que nunca antes".

Rápidamente, Tillerson intentó bajar el tono y dijo que Corea del Norte "no es una amenaza inminente", a la vez que aclaró que con sus palabras Trump solo envió un "mensaje fuerte" que el líder norcoreano "Kim Jong-un pueda comprender".

Luego, el secretario de Defensa, Jim Mattis, volvió a subir el tono e instó a Corea del Norte a abandonar su carrera nuclear y dejar de fomentar acciones que llevarían "al fin de su régimen y a la destrucción de su pueblo".

- "Mensajes contradictorios" -

Aunque el Departamento de Estado asegura que todo el Gobierno estadounidense habla "con una sola voz", para el analista Jeffrey Lewis, del Instituto de Estudios Internacionales de Middlebury, Tillerson y Mattis han tenido que "intervenir para tratar de convertir (los dichos de Trump) en un pronunciamiento normal".

El resultado es una suerte de juego de roles "involuntario" en el que Tillerson y Mattis son "policías buenos" y Trump es el "policía malo", según Schoff, quien añadió que este accionar tiene "muy poca coherencia".

Por su parte, para Lisa Collins, investigadora del Center for Strategic and International Studies de Washington, las "amenazas retóricas" de Trump no responden a una "estrategia" y tampoco "son particularmente útiles".

"La existencia de una amenaza militar externa ayuda a Kim Jong-un a consolidar su poder interno", explicó.

¿Pero qué deben escuchar los aliados y enemigos de Washington: el ruido de sables de la Casa Blanca o la música que intenta hacer sonar el secretario de Estado? En su estilo poco mediático, Tillerson habla de "presión pacífica", asegura que el Gobierno estadounidense no quiere un mayor enfrentamiento y evoca incluso la posibilidad de un futuro "diálogo", aunque con la condición de que Pyongyang abandone su programa nuclear.

Esos "mensajes contradictorios" tienen el riesgo de provocar un "error" de análisis en algunos de los protagonistas e incluso generar un "incidente" que podría "escalar en un conflicto que podría ser nuclear", advirtió Daryl Kimball, director de la Asociación de Control de Armas.

Por eso, y a pesar de la escalada verbal, Lewis estimó que en esta situación "no hay espacio para nada más que la diplomacia" porque "la ventana para atacar a (Corea del Norte) o convencerla de renunciar" a su carrera nuclear "se ha cerrado".

Este experto cree también que en última instancia Tillerson será escuchado por su Gobierno.

Al final, será necesario enfrentar negociaciones -más o menos directas- con Pyongyang, según todos los expertos consultados por AFP, y eso puede comenzar con pequeños pasos, como encontrar una solución para los tres estadounidenses detenidos por Corea del Norte o un congelamiento de las pruebas balísticas y nucleares.

El objetivo es "evitar una guerra nuclear", dijo Lewis.

Aunque para Collins, el verdadero obstáculo está en el desacuerdo total sobre el contenido de esas eventuales discusiones: Washington pide la "desnuclearización" de su enemigo, que espera de su parte el "reconocimiento de su estatus de potencia nuclear".

"Es un camino muy estrecho para que la diplomacia se haga paso", concluyó Schoff.

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AFP