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Amuna Hasan sentada en una vivienda que comparte con varias familias en la ciudad de Afrin, en el noroeste de Siria, el 1 de febrero de 2018

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En una casa de Afrin, Amuna Hasan y los suyos comparten con seis familias tres habitaciones, una cocina y un cuarto de baño. En su huida de la ofensiva turca en Siria, los desplazados del enclave kurdo viven hacinados en viviendas espartanas.

"Dormimos sentados ¿es normal? ¿Cómo vamos a aguantar aquí? ¿Acaso nos puede pasar algo peor?", suelta enfadada Hasan, con un cigarrillo en la mano.

La anciana huyó de la localidad de Jandairis, cerca de la frontera turca, para escapar de los bombardeos aéreos y de los disparos de artillería de la ofensiva lanzada el 20 de enero por Ankara contra una milicia kurda en la región de Afrin.

Hoy, en la ciudad de Afrin, Amuna Hasan comparte con sus hermanos el nuevo domicilio que alquilan. Y cada familia está compuesta por diez personas, explica, sentada en el suelo.

"Hace días que no nos lavamos, el cuarto de baño no funciona, en lo único que pensamos es en poder comer", lamenta la mujer, con el cabello cubierto por un velo gris con lunares violetas.

Detrás de ella, un anciano yace sobre un colchón. Una decena de mujeres y niños están sentados en la habitación donde se escucha llorar a un bebé. Varias mantas están dobladas y apiladas en una esquina.

"Huimos bajo las bombas y la lluvia, en medio de los gritos. La muerte rondaba", cuenta. "Y ahora estamos asediados aquí, basta una bomba y moriremos todos".

- 'Situación trágica' -

Según la ONU, al menos 15.000 personas han sido desplazadas por los combates, que devastan la periferia de la región de Afrin.

Y desde el comienzo de la ofensiva, los bombardeos turcos mataron a casi 70 civiles, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).

Turquía desmiente tomar como blanco a la población y asegura que sólo apunta a la milicia kurda de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), que Ankara quiere expulsar de su frontera.

Las autoridades turcas consideran este movimiento como un grupo terrorista pese a haber sido un aliado de Estados Unidos en la lucha contra los yihadistas.

En las viviendas, las familias viven con medios precarios: colchones en el suelo y a veces una estufa en el centro de la habitación para protegerse del frío.

Abdel Hajj Ahmad, de 49 años y oriundo de la aldea de Sheij Mohamed, forma parte de estos desplazados. Llegó a la ciudad de Afrin con 12 familiares. Dice haber vivido un calvario.

"La situación es trágica. No había coches en las carreteras. Nos fuimos con nuestro equipaje, caminamos hasta dar con un automovilista que aceptó llevarnos", declara.

La familia llegó a destino y se refugió en casa de unos conocidos de Afrin. "Somos nueve familias, o sea casi 40 personas que comparten una única cocina y un cuarto de baño. ¿Se lo imagina?", lamenta.

"Es la primera vez que descubrimos la vida de los desplazados", dice con tristeza.

- 'Volver a casa' -

Nazliya Belo acogió a su tío y los suyos de un día para otro. "Éramos diez y ahora somos 30 en casa", cuenta. Lleva puesto un vestido gris y una cadena de oro en el cuello.

"Nos ayudamos los unos a los otros (...), las circunstancias difíciles de la guerra nos unieron, estamos felices de tenerlos aquí pero tuvieron que abandonar su casa, es triste", suspira la joven de 28 años.

Belo pide a todos los habitantes de Afrin ayuda para "los habitantes de las aldeas cuyas casas sufrieron destrozos".

"Es una gran tragedia, tenemos que abrirles las puertas a todos", insiste.

La solidaridad atenúa algo el dolor de los desplazados, cuya prioridad es volver a casa.

Abdin Kachad, de 30 años, huyó con su familia hace dos semanas de su aldea de Kura Baba y se refugió en la localidad de Rajo, pero cuando ésta fue bombardeada puso rumbo a Afrin.

"Esperamos que los bombardeos no nos persigan", afirma. "Tienen que parar para que podamos volver a casa".

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AFP