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La policía fronteriza en la línea que separa Dinamarca de Alemania, en Krusaa (Dinamarca), el 4 de enero de 2016

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Suecia y Dinamarca tomaron este lunes medidas destinadas a contener el flujo de migrantes dentro de sus fronteras, desatando las críticas de Alemania, para quien el espacio de Schengen está "en peligro".

Por primera vez en medio siglo, Suecia ha decidido imponer la presentación de un documento de identidad a todas las personas procedentes de Dinamarca, país vecino que replicó a su vez instaurando controles en la frontera alemana.

"Lo hacemos para evitar una situación problemática que ya no nos permitiría recibir en buenas condiciones a los solicitantes de asilo", justificó Morgan Johansson, ministro de Inmigración de Suecia, el país de la UE que más migrantes acogió en 2015 proporcionalmente a su población.

Alemania, que en 2015 acogió a más de un millón de migrantes, recordó que "la libre circulación es un bien precioso" en el seno de la Unión Europea (UE).

"Schengen es muy importante, pero está en peligro" dijo Martin Schäfer, portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores dirigido por Frank-Walter Steinmeier, en un momento en que una decena de países comunitarios ha establecido diversos grados de control en sus fronteras incluyendo, como en el caso de Hungría y Eslovenia, vallas para evitar el paso de migrantes.

Ante el flujo inédito de refugiados desde los Balcanes, Suecia tomó en otoño diversas medidas destinadas a disuadir a los migrantes de elegir su territorio como destino final tras un largo periplo por Europa.

El 12 de noviembre restableció los controles aleatorios en sus fronteras, concentrados en el puente de Öresund y en los ferris procedentes de los puertos daneses y alemanes del mar Báltico.

Desde la medianoche de este lunes, en la estación danesa de Kastrup, en el aeropuerto de Copenhague, de donde salen los trenes hacia Suecia, se han establecido registros sistemáticos y 34 controles fronterizos.

Se trata de una decisión histórica: los nacionales de los países nórdicos podían circular libremente de un país a otro de la región desde los años 50.

- Controles en la frontera alemana -

Estocolmo ha impuesto hasta nueva orden a las compañías de transportes que verifiquen la identidad de los viajeros. De no hacerlo, se exponen a multas de hasta 50.000 coronas suecas (5.400 euros) por pasajero.

Los controles se efectuaban en la estación de Kastrup, situada en el aeropuerto de Copenhague, de donde parte la gran mayoría de los refugiados que desean viajar a Suecia.

El primer día transcurrió sin incidentes, más allá de la irritación de quienes deben abordar todos los días -unas 8.600 personas- la lanzadera Copenhague-Malmoe, tercera ciudad sueca.

"Necesitamos controles (en nuestras fronteras) pero deben ser fluidos", afirmaba Marten Jegenstam, consultor danés de 41 años que trabaja en Suecia.

La ola de refugiados, que tomó dimensiones inesperadas entre agosto y noviembre, disparó las tensiones entre Suecia, país que en 2015 recibió 163.000 demandas de asilo (la mayor proporción por habitante de toda la Unión Europea) y Dinamarca, que recibió 21.000 el año pasado.

La respuesta de Copenhague ante el temor de que que los migrantes rechazados por Suecia se queden en su territorio no se ha hecho esperar: en una rueda de prensa el lunes, el primer ministro Lars Løkke Rasmussen, anunció el establecimiento de controles, en su caso aleatorios, en la frontera con Alemania, por donde más migrantes transitan de camino a los Estados nórdicos.

"Que otros países nórdicos cierren sus fronteras puede tener muchas consecuencias para Dinamarca. Esto puede provocar más demandas de asilo", dijo en una rueda de prensa Rasmussen, al frente de un gobierno liberal que quiere limitar las llegadas de migrantes al país. Los controles estarán en vigor por un periodo de diez días extensibles.

- Sirios bajados del tren -

En la estación de Padborg (sur), unos 20 sirios, entre ellos varios menores, tuvieron que bajar del tren la noche del lunes cuando se disponían a viajar a Suecia, constató un periodista de la AFP.

Unos policías los escoltaron y les explicaron, con ayuda de un intérprete, las nuevas reglas vigentes: o pedían asilo en Dinamarca o no podían entrar.

"Todos querían ir a Suecia pero les dijimos que era imposible", explicó un policía a la AFP mientras el grupo era conducido a comisaría.

En el punto de paso entre la alemana Flensburg y la danesa Kruså, policías con petos fluorescentes paraban vehículos para comprobar las identidades de los ocupantes. "Todo transcurre en calma", aseguró uno de ellos.

Torsten Albig, ministro presidente de Schleswig-Holstein, lander alemán limítrofe con Dinamarca, lamentó la decisión de Copenhague, susceptible según él de "penalizar a los trabajadores fronterizos".

Desde primeros de septiembre, 91.000 migrantes han cruzado la frontera danesa-alemana, y 13.000 han pedido asilo en Dinamarca, según el primer ministro Rasmussen.

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AFP