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Un submarino brasileño en construcción, en alianza con Francia, en Itaguaí, unos 70 km al sur de Rio de Janeiro el 7 de abril de 2017

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En un hangar inmenso dominado por un ruido ensordecedor, obreros brasileños trabajan en el montaje de los cascos de dos submarinos, pero en un país sacudido por la crisis y la corrupción las nuevas embarcaciones enfrentan aguas turbulentas antes incluso de salir del taller.

El galpón situado en Itaguaí, 70 kilómetros al sur de Rio de Janeiro, tiene 38 metros de altura y alberga las estructuras donde las futuras naves, colocadas en secciones diferentes, están siendo armadas antes de ensamblar todas sus partes.

Este proyecto faraónico que prevé la construcción de cinco submarinos, entre ellos uno a propulsión nuclear, está conducido en estrecha cooperación con Francia, después de que el grupo DCNS consiguiera en 2009 el contrato de 6.700 millones de euros (unos 7.100 millones de dólares al cambio actual).

Pero la crisis obstaculizó los planes: hundido en la peor recesión de su historia, el gigante sudamericano enfrenta severas reducciones presupuestarias contra las que lucha para poder lanzar al agua la primera nave en 2018. Un estreno, que aún si logra cumplirse a tiempo, llegaría ya con más de un año de retraso.

El programa PROSUB está diseñado para proteger los 8.500 kilómetros de costas de Brasil, así como sus yacimientos de petróleo en aguas profundas. Los nuevos submarinos sustituirán a los cinco sumergibles convencionales en actividad, construidos en colaboración con Alemania entre 1980 y 1990.

Además de la transferencia de tecnología, incluye la construcción de un taller naval y una base militar que operará en Itaguaí, en un complejo de 540.000 m2.

- Retrasos en serie -

La espera de la nave que lleva componentes nucleares -construida exclusivamente con tecnología brasileña- será aún más larga.

Con su fase de diseño ya terminada, la construcción empezará en 2021 y su debut bajo el agua quedaría para 2028, cinco años más tarde de las previsiones iniciales.

Para hacer frente a esos retrasos, más de 1.700 obreros trabajan sin descanso, la mayoría vistiendo uniformes con el logo de Odebrecht, socio de la francesa DCNS en la construcción de las infraestructuras y corazón del megaescándalo de corrupción que sacude al país.

Odebrecht está acusada de pagar sobornos de forma sistemática a políticos para obtener contratos públicos, especialmente en la petrolera estatal Petrobras.

Y la obra de Itaguaí no es una excepción. Según los fiscales a cargo del caso, Odebrecht alimentó de 2012 a 2014 las cajas negras del Partido de los Trabajadores (PT), por entonces en el poder, para asegurarse de que los trabajos seguirían beneficiándose de las subvenciones del gobierno.

- ¿A tiempo? -

"La investigación no afectó al proyecto. Tuvimos que disminuir el ritmo de las obras por las restricciones presupuestarias, pero ahora concentramos todos nuestros esfuerzos para que el primer lanzamiento al agua sea en 2018", relativizó por su parte el almirante Gilberto Max Hirschfeld, responsable del proyecto.

La primera sección del casco será enviada en julio al taller naval, un recorrido de unos cuatro kilómetros que pasa por un túnel de 710 m cavado en una montaña.

Un detalle que dice mucho sobre la amplitud de un proyecto del que el almirante no esconde su importancia estratégica.

"Las riquezas de Brasil atraen mucha codicia y no podemos saber qué va a pasar en 50 o 100 años", opinó.

Para Hirschfeld, además, es normal que los plazos sean flexibles en este tipo de proyectos, para lo que citó como ejemplo el retraso en la entrega de la nueva generación de submarino nuclear francés Barracuda, otra obra de DCNS, pospuesta recientemente de 2017 a 2019.

Ante la nueva realidad presupuestaria, el programa PROSUB decidió apostarlo todo a la construcción de submarinos, aunque eso haya ralentizado las obras del taller naval y de la base militar, listos en un 63% según la Marina.

El almirante admitió igualmente que la cantidad de obreros pasó de los más de 6.000 en 2014 a menos de 2.000 actualmente.

"Estamos redefiniendo algunos ajustes de planificación teniendo en cuenta las infraestructuras que han tomado un poco de retraso. El país atraviesa dificultades, pero serán totalmente absorbibles", estimó de su lado Eric Berthelot, presidente de DCNS Brasil.

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