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Exterior de la embajada de Estados Unidos en la localidad costera israelí de Tel Aviv, el 20 de enero de 2017

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El presidente estadounidense, Donald Trump, renunció este jueves, en contra de su promesa de campaña, a trasladar la embajada estadounidense en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, e invocó la esperanza de un acuerdo de paz con los palestinos.

El mandatario republicano, quien se había comprometido a desplazar la sede de la embajada a la Ciudad Santa, postergó finalmente su decisión por al menos seis meses, anunció la Casa Blanca, unas horas antes de que venciera un plazo legal.

Una ley aprobada por el Congreso en noviembre de 1995 estipula que la representación diplomática de Estados Unidos en el Estado hebreo debe estar en Jerusalén, lo que supone reconocer de hecho que esa ciudad es la capital de Israel.

Desde hace dos décadas, una cláusula de esa ley permite al Ejecutivo estadounidense posponer su aplicación y todos los presidentes desde entonces firmaron cada semestre esa cláusula.

Eso ha permitido a Washington, como a la mayoría de las potencias, mantener su embajada en Tel Aviv. El último que activó esa cláusula fue el presidente demócrata Barack Obama un mes ante de cederle el mando al republicano Trump.

El plazo que tenía Trump para tomar una decisión terminaba este jueves. Y aunque el presidente se mostraba esquivo acerca de sus intenciones, expertos y diplomáticos preveían desde hacía varios días que firmaría la cláusula que permite postergar la entrada en vigor de la ley.

Pero la Casa Blanca advirtió que no era una renuncia definitiva.

"A pesar de que el presidente firmó la excepción de la Ley de la Embajada en Jerusalén y postergó el traslado de la embajada de Estados Unidos a Israel desde Tel Aviv a Jerusalén, nadie debería considerar que esa medida constituye una retirada del apoyo del presidente a Israel y a la alianza" entre los dos países, dijo un portavoz.

- Persiste la intención de mudar la embajada -

Por otro lado, la Casa Blanca reafirmó que Trump tiene la firme "intención de mudar la embajada". "La pregunta no es si eso se producirá, sino solo cuándo", insistió el portavoz.

En cualquier caso el imprevisible presidente y sus asesores habían dado estas últimas semanas señales de que Estados Unidos renunciaría por el momento a tomar una decisión que hubiera tenido consecuencias regionales e internacionales muy importantes.

Trump se cuidó primero de abordar el tema durante su viaje a Israel y Cisjordania la semana pasada. Luego, su embajador en Israel, el abogado judío David Friedman, ferviente partidario del traslado de la embajada y de la colonización israelí, se mostró menos categórico durante su audiencia de confirmación ante el Senado en febrero.

Las autoridades palestinas, dirigentes árabes e incluso el exsecretario de Estado norteamericano John Kerry advirtieron en varias ocasiones sobre el riesgo de una explosión de violencia entre palestinos e israelíes en caso del desplazamiento de la embajada.

El argumento parece haber sido escuchado en un momento en el que Trump pretende relanzar el proceso de paz israelo-palestino, en punto muerto desde 2014.

Mientras que todos sus predecesores no pudieron superar los obstáculos, "el presidente Trump ha tomado esta decisión para maximizar las posibilidades de negociar con éxito un acuerdo entre Israel y los palestinos", argumentó la Casa Blanca.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a quien Trump había recibido en febrero y calificado de "amigo", declaró que estaba "decepcionado". El mismo adjetivo eligió en Twitter el conservador lobby proisraelí estadounidense, el Comité de Asuntos Públicos Israelí Estadounidense.

La organización judía estadounidense de izquierda J Street saludó, en cambio, que Trump "decidiera mantener la política prudente de sus predecesores".

Los palestinos, por su parte, se congratularon por la decisión de no trasladar la embajada a Jerusalén.

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