Desde la terraza de un edificio abandonado, donde en la época de Sadam Husein funcionaba un emblemático restaurante, Haydar vigila a la policía antidisturbios en torno a la plaza Tahrir, epicentro de las protestas iraquíes que entran en su segundo mes.

El edificio de 18 pisos traza la tumultuosa historia reciente de Irak, pero la mayoría de los que lo ocupan ahora, luego de un mes de manifestaciones antigubernamentales, son demasiado jóvenes para saberlo.

Ezzedin, estudiante de ingeniería, de 21 años, es uno de ellos. "Somos la columna vertebral de los manifestantes", dice orgulloso a la AFP desde el octavo piso.

Para él, el edificio es un puesto de observación preciado, desde el que, con sus camaradas, puede monitorear las multitudes que se aglomeran en la Plaza Tahrir y en el puente Al Jumhuriyah.

El puente conecta Tahrir con la Zona Verde, donde se encuentran las oficinas gubernamentales y las embajadas extranjeras. Las fuerzas de seguridad han levantado barricadas sobre él para evitar que los manifestantes tomen el enclave.

La policía antidisturbios dispara gases lacrimógenos contra grupos de jóvenes que han establecido sus propias barreras improvisadas en el puente.

"Proporcionamos apoyo logístico a nuestros hermanos sobre el terreno diciéndoles cuándo las fuerzas de seguridad se están retirando o empujando hacia adelante", dice.

Los jóvenes han ocupado el edificio desde que estalló una nueva ola de protestas en Irak el 24 de octubre, después de una mortífera oleada de mítines que duraron una semana a principios de ese mes.

Pero el edificio, conocido como "restaurante turco", tiene una larga historia.

El extenso complejo de hormigón en el borde del Tigris fue construido en la década de 1980 y supuestamente ganó su nombre gracias a un restaurante turco que se encontraba en la planta superior.

Fue bombardeado durante la primera Guerra del Golfo en 1991 y fue posteriormente reformado por el entonces dictador Sadam Husein como sede del gobierno.

- Un arduo ascenso -

El edificio fue derrumbado durante la invasión encabezada por Estados Unidos en 2003, precisamente porque miraba hacia el puente Al Jumhuriyah, que las fuerzas estadounidenses cruzaron para apoderarse de Bagdad.

Quedó abandonado hasta 2011, cuando las fuerzas de seguridad lo utilizaron para supervisar las protestas en Tahrir contra el entonces primer ministro Nuri al Maliki.

"Esta es una batalla por el control. Si las fuerzas de seguridad toman el edificio, los manifestantes estarán en problemas", explica Dergham, otro manifestante iraquí.

Muchos han pasado ocho días seguidos durmiendo en el edificio ya que llegar a su cima no es una tarea fácil. Los manifestantes deben atravesar el puente Al Jumhuriyah, muy controlado por las fuerzas de seguridad, y luego subir una oscura escalera con las antorchas de sus teléfonos celulares puesto que el edificio no tiene electricidad.

No hay acceso a internet, por lo que deben llamarse para compartir las novedades sobre las protestas.

Los nuevos inquilinos están acampados en cada esquina del inmueble eviscerado y se cubren con gruesas mantas para protegerse de las temperaturas nocturnas, pues el edificio fue despojado de todos sus muebles y electrodomésticos.

El hedor es una mezcla abrumadora de años de sobrepoblación mohosa y días de manifestantes sin baños. "Algunos duermen por la noche, otros durante el día. Nuestros ojos nunca se cierran", explica Dergham.

- Fuerte Bagdad -

El edificio se ha convertido en un símbolo de este último capítulo de la historia de Irak.

Más de 250 personas han muerto desde que estallaron las manifestaciones el 1 de octubre, aproximadamente la mitad de ellas en Bagdad.

Banderas iraquíes de diferentes tamaños cubren sus ventanas, así como una libanesa, signo de solidaridad antigubernamental.

El edificio posee una letanía de nombres: "Montaña de la revolución", "Fuerte Bagdad", "Jardines Colgantes", haciendo alusión a los famosos antiguos jardines de Babilonia.

"Este edificio es el salvavidas de los manifestantes, su espíritu simbólico e incluso defensivo", precisa Muthanna Youssef, de 42 años. "Pasará a la historia", recalcó.

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