Mohamed Ali, un empresario egipcio exiliado que desató inusuales protestas en Egipto en septiembre, asegura que está trabajando con la oposición para convocar nuevas manifestaciones en las próximas semanas y derrocar al presidente Abdel Fatah al Sisi.

"Vamos a llamar a las masas pero no ahora (...) lo estamos planeando para de aquí unas dos o tres semanas", dijo Mohamed Ali en una entrevista a la AFP desde sus austeras oficinas con vistas al mar Mediterráneo cerca de Barcelona.

Es desde allí que este empresario publicó unos vídeos virales que consiguieron millones de vistas en Egipto y provocaron ruidosas manifestaciones de cientos de personas por todo el país el 20 de septiembre.

"Queremos reducir los potenciales enfrentamientos (con las fuerzas de seguridad)". "El próximo paso debe ser comedido porque no quiero un derramamiento de sangre", afirmó.

Ali, contratista de la construcción y actor principiante, irrumpió en el panorama político egipcio con sus agitados vídeos, con tintes cómicos y soeces.

En dispersos discursos de 30 minutos, fumando cigarrillos frenéticamente, este hombre con pronunciados rizos negros acusó repetidamente a Sisi y la cúpula militar de gastar dinero público en proyectos fatuos.

Y aseguró que le deben millones de libras egipcias por sus trabajos.

No ofreció pruebas concretas de sus alegaciones, pero señaló palacios y mansiones, algunas en El Cairo y Alejandría, que el presidente le habría encargado construir. Su enfadadado mensaje tocó la fibra sensible de los egipcios que desde 2016 sufren planes de austeridad.

El presidente Sisi negó las acusaciones en septiembre, asegurando que construyó los palacios para el país y no para él.

- 'Las detenciones me entristecen' -

El llamado a protestar del viernes 20 de septiembre fue seguido por cientos de egipcios tomando las calles de El Cairo y otras ciudades como Suez. Sorprendidas, las fuerzas de seguridad respondieron con gases lacrimógenos y balas de goma.

El inesperado apoyo tomó también desprevenido a Mohamed Ali, que se confiesa fortalecido por la respuesta.

"Le dije a la gente de salir el viernes en un momento de calentón. Algunos incluso me reprendieron: '¿cómo puedes llamar a la revolución estando tú solo?'".

Desde entonces unas 4.000 personas han sido detenidas, de acuerdo con asociaciones locales de derechos humanos. Los activistas la describen como una de las peores olas represivas desde el ascenso al poder de Al Sisi en 2014.

El fiscal general aseguró el miércoles que muchos fueron liberados incluyendo "niños, estudiantes, mujeres y ancianos", sin precisar el número. A finales de septiembre, dijo que "no más de mil" fueron interrogados por la fiscalía.

Las detenciones pesan en Ali pero lo motivan más para tumbar al antiguo general convertido en presidente.

"La gente ha sido arrestada por mi culpa (...) Esto muestra al mundo que bajo su mando (de Sisi) no hay libertades", dijo.

"Las detenciones me entristecen, pero me empujan a seguir para que sean liberados. Ellos y los que han sido antes encarcelados", añadió, enfundado en una camisa celeste y una chaqueta azul.

Tras expulsar al líder islamista Mohamed Morsi en 2013, Sisi ha sofocado a la oposición. Miles de islamistas, activistas seculares, blogueros e incluso cómicos fueron encarcelados.

Desde septiembre, el dispositivo de seguridad se reforzó en El Cairo con policías interceptando ciudadanos y registrando aleatoriamente el contenido de sus celurares. Las protestas estan prohibidas desde 2013 y se mantiene el estado de emergencia.

- 'Librarnos de Sisi' -

Aunque solo unos pequeños grupos opositores sobrevivieron a las detenciones, neutralizando cualquier desafío al poder de Sisi, el contratista no duda en coordinarse con ellos.

"La oposición dentro y fuera de Egipto está conmigo porque todos tenemos el mismo objetivo: librarnos de Sisi", explicó.

"Los Hermanos Musulmanes acogen mi idea. Están conmigo y son buenos compañeros (...) No tengo problema en decirlo. Él (Sisi) los señala como un grupo terrorista pero son gente muy respetable", añadió.

La cofradía fue prohibida y calificada como organización terrorista en 2013, meses después de que Sisi liderara el golpe militar contra Morsi.

Los medios progubernamentales y otras celebridades lanzaron una campaña contra Ali y la cofradía desde la publicación de los vídeos del empresario, al que acusan de alcohólico y mujeriego.

Él no se amedrenta pese a las amenazas de muerte que dice recibir de altos cargos egipcios. También niega las especulaciones que lo vinculaban con las poderosas agencias de seguridad.

"El próximo paso es dejarle (a Sisi) en evidencia ante el mundo. Desvelaré a Occidente y a todos quienes le prestan dinero en qué lo gasta", explicó.

Y cuenta con que los egipcios responderán a sus futuros llamados.

"Confío en que la gente se manifestará (...) Al comienzo era ira pero esta vez las protestas deben ser reales para que podamos derrocarlo. La gente bajará (a las calles), seguro".

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