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Andreas Gross, "filósofo del fútbol"

Seis parlamentarios suizos firmaron la famosa moción presentada en Estrasburgo.

¿Piensa usted principalmente en los clubes Chelsea y Wil?

Sí, en esos dos clubes en particular, aun cuando los montos invertidos son incomparables. Como suizo, el ejemplo de Wil me llama la atención, pero me gusta enormemente el fútbol inglés y el caso de ese club de Londres, adquirido por 300 millones de francos, plantea seria interrogantes.

Lo que yo quiero saber es si el dinero invertido es dinero sucio, si invertir en los clubes de fútbol permite lavarlo o si esos fondos escapan al fisco de los países concernidos. Un mejor conocimiento del contexto general permitirá, eventualmente, legislar en la materia.

Lo veo en mi actividad en Chechenia para el Consejo de Europa: la democratización de la ex URSS es un punto fundamental para el futuro del mundo.

Y, para lograrlo, la manera en que diversos oligarcas de esas regiones han adquirido fortunas colosales y la forma en que las utilizan, deben ser tomadas muy en serio.

En forma concreta, ¿a qué puede llevar la moción presentada en Estrasburgo?

El Consejo de Europa es el Parlamento de los Parlamentos. En total hay 45 países miembros que envían parlamentarios a Estrasburgo.

No es ahí donde se decretan las leyes, pero lo que es interesante es que gracias a las reflexiones efectuadas en esa organización intergubernamental y en las diversas convenciones que propone, los diferentes parlamentos nacionales pueden legislar ulteriormente.

La moción que presentamos no es una convención. El objetivo es propiciar la redacción de un informe trasnacional. 90% de ese reporte será informativo, pero serán emitidas diversas proposiciones para los ministros de los 45 países miembros. Hay una pequeña oportunidad de que este procedimiento conduzca a una convención europea y, eventualmente, a la creación de leyes.

¿Hay que desconfiar únicamente de las inversiones procedentes de los países del Este?

¡No, absolutamente! Reaccionamos al caso de la adquisición del Chelsea por parte de Roman Abramovitch puesto que es un caso chocante y mediático, pero es un punto de partida, puesto que, efectivamente, hay mucho dinero turbio que circula en el mundo del deporte profesional.

¿El hecho de pretender controlar el origen de esos fondos es una nueva manera para la política de inmiscuirse en el mundo deportivo? ¿Esta “injerencia” es inevitable?

El deporte tiene importancia para millones de personas en este planeta. Concierne, entonces, lo político. No hay que tomar esto como una injerencia sino como una expresión de responsabilidad de los políticos y de los ciudadanos para que las leyes y las convenciones de la sociedad civil sean también aplicadas en la esfera deportiva.

swissinfo, Mathias Froidevaux
Traducción, Marcela Águila Rubín

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