El impacto incierto de la financiación privada en la cooperación al desarrollo
Debido a la reducción del presupuesto de ayuda al exterior, Suiza confirma que dependerá cada vez más de los capitales privados para financiar proyectos de apoyo sostenible en los países más pobres. Sin embargo, los avances que se observan en mecanismos innovadores como la «financiación combinada» todavía son muy dispares.
En 2018, el emplazamiento de la primera planta de energía solar a escala industrial de Vietnam era un terreno baldío de 300 hectáreas difícil de cultivar, situado en la provincia más pobre del país. A siete años de entonces, los recursos aportados por Suiza y un grupo de donantes está permitiendo proveer energía a 200.000 hogares, al tiempo que las emisiones de CO2 se redujeron en 240.000 toneladas anuales.
Este proyecto acicateó la producción solar en todo Vietnam, redujo la dependencia del carbón y es conocido por haber utilizado 20 millones de dólares (16 millones de francos suizos) de grandes donantes como un eficaz incentivo para atraer 147 millones de dólares adicionales de inversión del sector privado.
Pero la situación ha cambiado y los apoyos financieros para el desarrollo de la principal comunidad de donantes retrocede por primera vez en añosEnlace externo, y Suiza es una de las naciones ricas que intenta nuevos acuerdos de cofinanciación pública y privada, conocida como financiación combinada, para el desarrollo de nuevos proyectos y para preservar una sólida relación con las naciones emergentes que ha apoyado históricamente.
«Si tenemos menos fondos públicos, debemos acudir al sector privado», expresóEnlace externo Patricia Danzi, directora de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE), luego de conocerse que hubo un recorte de 250 millones de francos suizos en el presupuesto de ayuda disponible para esta organización en 2025.
Danzi habló sobre las bondades de la financiación combinada, destacando que es una de las herramientas que tiene Suiza para atraer capital privado hacia el desarrollo y ofreció detalles de cómo funciona.
«En nuestra calidad de Estado podemos aportar garantías, asegurar las pérdidas iniciales y atraer capitales privados a sectores en los que no estarían interesados en trabajar o que consideran demasiado arriesgados», dijo.
«Un intenso movimiento en torno a la financiación combinada»
Fue en 2015 cuando los países miembros de las Naciones Unidas acordaron los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), entonces reinaba un gran optimismo sobre la obtención de «varios billones» que permitirían alcanzar estas metas en el año 2030.
Desde que fue creada, se pensó que la financiación combinada desempeñaría un papel relevante en la recaudación de fondos. De hecho, gracias a este enfoque, la comunidad donante internacional ha logrado atraer 260.000 millones de dólares en favor de las naciones en desarrollo, según cifras Enlace externode Convergence, red mundial que apoya este tipo de financiación.
«Hoy en día, observamos un gran movimiento en torno a la financiación combinada y el interés en este esquema es creciente», expresó Robin Ivory, director de información de mercado de Convergence.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) define la financiación combinada como el uso estratégico de fondos destinados al desarrollo para obtener financiación adicional para el desarrollo sostenible en naciones con ingresos bajos o medios.
Esto se logra mejorando el perfil de riesgo-rendimiento de las inversiones aportadas por el sector privado. Y para lograr este objetivo, la OCDE cuenta con una serie de principios rectores, así como una lista de cinco puntos verificadores que permiten asegurar que toda transacción cumpla con ciertos estándares de calidad y que realmente alcance los objetivos que se fijó.
Fuentes: OCDE, UNESCO
De acuerdo con Convergence, aproximadamente dos tercios de las inversiones provienen de empresas del sector privado. En Suiza, por ejemplo, algunas de las más activas son las firmas de gestión de inversiones responsAbility o Blue Orchard. Pero las figuras con más peso son de carácter público, como la agencia de desarrollo estadounidense USAID (al menos hasta el desmantelamiento que experimentó con la llegada de Donald Trump al poder en 2025), o los gobiernos de Alemania y Japón.
Suiza utiliza varios mecanismos de financiación combinada, como el Grupo de Desarrollo de Infraestructuras Privadas (PIDG), que ha realizado inversiones solares en Vietnam. Desde que Suiza cofundó este grupo en 2002, le ha destinado alrededor de 220 millones de dólares. Exclusivamente entre 2022 y 2024, el PIDG obtuvo inversiones privadas por 5.860 millones de dólares, según datos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Suiza (DFAE).
El DFAE considera que el impacto ha sido «significativo, y cada franco suizo de ayuda oficial para el desarrollo ha generado más recursos para financiar a empresas locales que tienen un impacto social o medioambiental en los países receptores».
«No se puede ganar dinero con la gente pobre»
Pese al éxito obtenido gracias a este tipo de recaudación de capital privado para el desarrollo sostenible, se mantiene un escepticismo generalizado. La promesa de obtener «varios billones» aún está incumplida: la brecha para alcanzar la financiación total que permitiría cumplir con los objetivos de la ONU es inmensa, actualmente superaEnlace externo los 4.000 millones de dólares, por encima de los 2.600 millones que se estimaban en 2019. Así que la ONU considera que la comunidad internacional solo podrá cumplir 18%Enlace externo de los ODS en 2030.
Un informe recienteEnlace externo de la OCDE, también conocida como el Club de los países ricos, reconoció que los fondos privados movilizados a través de la financiación combinada han sido relativamente limitados. «Se mantiene como una industria artesanal hecha a la medida y con intervenciones fragmentadas», detalló.
Robin Ivory considera que aún puede alcanzar su máximo potencial. «Mientras más se generalice el esquema, más podremos generar transacciones combinadas que sean replicables y puedan expandirse», dijo.
Pero hay voces críticas que afirman que la financiación combinada simplemente no funciona.
«Todo el mundo se ha creído el cuento de la financiación combinada, pero carece de lógica en muchos sentidos. Sin embargo, la falla evidente es que no se puede ganar dinero con la gente pobre», dice Susan Pronk, profesora asociada de desarrollo internacional en la Universidad de Ottawa.
Spronk encabezó la elaboración de un informe sobre financiación combinada en Canadá, donde tanto su gobierno -como el suizo- ha financiado varios proyectos a partir de este mecanismo durante la última década. Hay oenegés canadienses especializadas en desarrollo que han expresado su inquietud por la ética de este enfoque.
Los proyectos fueron llegando a gente en ciertos sectores «rentables», como la agricultura, y sobre todo, en países con ingresos medios, lo que fue dejando de lado a las economías más necesitadas, observaciones que se hicieron patentes durante la conferencia internacional sobre financiación del desarrolloEnlace externo que tuvo lugar en julio del 2025, auspiciada por Li Junhua, subsecretario general de las Naciones Unidas.
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La financiación combinada solo funciona «en aquellas áreas donde existe una solución de mercado», dijo Ivory.
«Se necesita cierta habilidad para obtener un beneficio comercial en la transacción realizada y para que sea sostenible sin capital concesional», añadió, es decir, sin la financiación que otorgan las instituciones públicas a tipos de interés preferenciales por debajo del mercado.
El banco suizo UBS opina que todavía hay oportunidades para la inversión privada en sectores como la transición energética, la infraestructura, la salud y la «inclusión financiera».
Sin embargo, una investigación de la economista británica Kate Bayliss evidencióEnlace externo que, en el terreno práctico, pocos proyectos de infraestructura son financiados con capitales privados en las economías más pobres. La OCDE confirma que los sectores educativo y social también reciben niveles relativamente bajos de inversión privada.
Una innovadora colaboración público-privada
Si la combinación entre fondos públicos y privados no ha logrado atraer inversiones sustanciales en áreas estratégicas, la Fundación Jacobs, basada en Suiza, se ha propuesto demostrar que otros planes de financiación más creativa sí pueden lograrlo.
Durante 10 años, la Fundación Jacobs ha echado mano de un mecanismo de cofinanciación que moviliza capital de diversas entidades privadas (fundaciones benéficas y empresas) para apoyar la educación básica en Costa de Marfil. Hoy, 16 empresas vinculadas a la producción de cacao marfileño, un grupo de fundaciones y el propio Gobierno de Costa de Marfil han hecho el compromiso de invertir 78 millones de dólares en un proyecto para mejorar el acceso a la educación básica de calidad. El mecanismo permitió obtener además otros 13 millones de dólares provenientes del Fondo Multiplicador de la Alianza Mundial para la Educación, un innovador instrumento financiero especializado en la recaudación de fondos para la escolarización.
Convencer a las empresas de sumarse a un proyecto de esta naturaleza no fue fácil, había que persuadirlas de mirar más allá de la fase inmediata, en la que no habría ganancias para la comunidad inversora.
Pero las empresas «tienen un incentivo adicional al asegurar que estas comunidades obtengan la educación que necesitan: además del retorno económico, consiguen un mejor posicionamiento de la marca que representan», afirmó Simon Sommer, codirector ejecutivo de la fundación. Agregó que para estas firmas «es importante hacer visible que contribuyen a la educación del país».
La Fundación Jacobs está instrumentado este enfoque de financiación también en Ghana y Colombia, otros dos países productores de cacao. Y está explorando la forma en la que podría instrumentarlo en otras industrias, dado el evidente impacto positivo observado en Costa de Marfil.
«Estamos viendo mejoras en las habilidades de lectoescritura y matemáticas», expresó Sommer.
Un «rayo de esperanza»
Proyectos como el de la Fundación Jacobs y el de Vietnam ofrecen resultados alentadores, pero no están exentos de acusaciones de que muestran un impacto exagerado (impact washing). Se les acusa de exagerar -o incluso falsificar- los beneficios sociales de su participación en los acuerdos establecidos entre los sectores público y privado.
Convergence niega esta acusaciónEnlace externo, asegura que la comunidad inversora que apoya los proyectos de financiación combinada se sujeta a las mismas normas que debe respetar cualquier otro proyecto tradicional financiado con fondos públicos. Por lo tanto, cualquier potencial laguna u opacidad en los informes de impacto se explicaría en un problema más amplio y generalizado en el sector del desarrollo, no en la financiación combinada.
Pero las voces críticas siguen dudando de que los proyectos de financiación combinada aporten realmente el beneficio de la llamada «adicionalidad», es decir, que ofrezcan efectos positivos por encima de la inversión normal que provee el mercado. Añaden que quienes contribuyen podrían simplemente estar reduciendo costos y aumentando las ganancias de las empresas involucradas.
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La OCDE opina que es difícil evaluar la adicionalidad de los proyectos, dado que las empresas inversoras rara vez revelan suficiente información sobre sus retornos financieros o las metodologías en las que basan sus cálculos.
«¿Cómo pueden demostrar la adicionalidad?», cuestionó Spronk. «¿Cómo saber si el sector privado no habría hecho de todas maneras esa inversión si no lo hubiéramos buscado para hacerla?».
«Tiene que haber un replanteamiento fundamental de cómo utilizar la escasa ayuda oficial para potenciar al máximo la financiación recibida del sector privado», añadió.
Pero aunque Suiza y otras fuentes de recursos se plantean nuevos recortes en la ayuda exterior, Sommer todavía ve un pequeño «rayo de esperanza» que podría obligar a la comunidad de donantes a imaginar una estructura multilateral global más eficaz, capaz de equilibrar la financiación pública con el capital privado, en función de las situaciones que se presenten.
«Habrá cierta necesidad de financiación de la deuda para los países que puedan reunir los requisitos (para este objetivo) y que puedan asegurar una capacidad de pago. No obstante, también hacen falta nuevos mecanismos creativos de cofinanciación. ¿Cómo podemos gastar el dinero de una forma más eficiente y alinearnos de una forma más eficaz?», señaló Spronk.
Texto original editado por Tony Barrett. Adaptado del inglés por Andrea Ornelas. Versión en español revisada por Carla Wolff.
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