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Brazos extranjeros, un apoyo para el país

Keystone

Afectada por la resistencia xenófoba pero con gran necesidad de mano de obra exterior, la economía suiza ha recibido una gran contribución de los inmigrantes extranjeros.

Un salto en la historia permite comprender cómo un pequeño país, en el centro de Europa, se transformó en punto de convergencia para numerosas etnias.

Considerada desde hace mucho tiempo como tierra de emigrantes, Suiza se convirtió en el siglo XX en un país de inmigración.

Etienne Piguet, profesor de Geografía Humana en la Universidad de Neuchâtel, dice en su último libro («La Inmigración en Suiza») que una tercera parte de la población suiza tiene orígenes en el flujo migratorio registrado desde la Segunda Guerra Mundial. Por el contrario, una cuarta parte nació fuera de las fronteras nacionales.

«Comparadas con países clásicamente considerados como tierra de emigrantes como Estados Unidos, Canadá, o Australia, las cifras relacionadas con Suiza son notables», indica a swissinfo Etienne Piguet.

La necesidad de la fuerza de trabajo

Una de las razones que convierte a Suiza en una meta de los emigrantes es su particular situación topográfica. «Entre más reducida es la superficie del territorio, más elevada es la proporción de los residentes provenientes del extranjero», explica Piguet quien, entre otras cosas, recuerda la posición de Suiza en el corazón de Europa.

Sin embargo, la causa principal de los flujos migratorios del pasado es otra. «La razón dominante, por lo menos en los últimos 50 años, es la gran necesidad de mano de obra», subraya el profesor.

Algunas cifras lo indican. De los 271.000 extranjeros que había en 1950 (5,1% de la población total) se pasó a 476.000 en 1960 (9,1% del total).

Cohesión nacional gracias a los extranjeros

La historia de la inmigración en suelo helvético comenzó hace mucho tiempo. Ya en los siglos XVI y XVII los cantones suizos que habían adoptado la Reforma acogieron a refugiados protestantes que huían de Francia.

Fue a raíz de la creación del Estado Federal (1848) cuando se asistió a una verdadera apertura en favor de los extranjeros. La nueva Confederación fundó su identidad sobre el principio de la libre circulación de bienes y personas y sobre valores multiculturales.

En este contexto, la misión humanitaria de Suiza (acogida de refugiados y víctimas de guerras) se considera como un elemento que consolida la nación.

Paralelamente, el desarrollo industrial de la segunda mitad del siglo incrementa la necesidad de mano de obra exterior, en particular en el sector textil, de las obras públicas y de la metalurgia.

«Hacia finales del siglo, la industrialización, urbanización y construcción de las redes ferroviarias está en el origen del primer gran flujo migratorio de italianos que, con alemanes y franceses, constituyen la nacionalidad más representada entre los inmigrantes hasta la Primera Guerra Mundial», dice el historiador Giovanni Casagrande, del Foro suizo para el Estudio de las Migraciones.

Cambio de ruta del gobierno

En un período de 30 años, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, una gran parte de las autoridades y de la sociedad suiza consideraban como una «invasión» el rápido aumento de la población extranjera cuyo número estalló al pasar de 211.000 en 1880, a 552.000 en 1910.

Son significativas las advertencias que tuvieron lugar en Berna, en 1893, y en Zúrich, en 1896, cuando el pueblo se rebeló violentamente contra los trabajadores italianos.

Al estallar la Primera Guerra Mundial los trabajadores extranjeros fueron considerados «indeseables». Fue durante esa época cuando se difundió el concepto de «Überfremdung»(sobreextranjerización) expresión con la cual se designaba la excesiva penetración extranjera.

En el oleaje de este marcado nacionalismo el Consejo Federal (gobierno suizo) decidió romper con las disposiciones liberales en materia de inmigración y creó, en 1917, la Oficina Central de la Policía de Extranjeros. Suiza pasó de una política liberal de acogida y asimilación de los inmigrantes a un control de sus movimientos.

Brazos extranjeros y apoyo de la economía

Sin embargo, los flujos migratorios se reanudaron después de la Segunda Guerra Mundial gracias a los impulsos dados por la necesidad de mano de obra poco calificada.

Berna reclutó sus trabajadores extranjeros primero en Italia (Acuerdo de 1948), después en España y más tarde en Turquía, Portugal y Yugoslavia.

A finales de los años sesenta volvió a florecer la reticencia de los movimientos xenófobos. En menos de diez años, cinco iniciativas populares –todas rechazadas-, pedían medidas legales para limitar la población extranjera.

Siguiendo el esquema de fluctuaciones que ha caracterizado su evolución, la inmigración se reactivó en los años ochenta. Una vez más las peticiones del mundo económico relegaron a un segundo plano las protestas xenófobas.

Impacto en la economía

El flujo de extranjeros se ha incrementado también en el tercer milenio. Hoy, el total de la población extranjera inmigrante se acerca al millón y medio. «Además de la necesidad de fuerza de trabajo se han sumado otros motivos como el asilo y el reagrupamiento familiar», señala Etienne Piguet.

Si se procede a un primer análisis de las consecuencias económicas de la inmigración en Suiza se puede observar que el balance es moderado.

«De un lado se puede afirmar que la mano de obra extranjera permitió el desarrollo de la economía. No obstante, de otro lado, el flujo de trabajadores poco calificados generó problemas de integración y disminuyó el ritmo de ajuste de la economía helvética en el contexto internacional», concluye el profesor Piguet.

swisinfo, Luigi Jorio
(Traducción: J.Ortega)

La inmigración en Suiza ha sido precedida y siempre acompañada por un fenómeno inverso: la emigración.

Entre 1815 y 1914, medio millón de suizos dejaron su país en busca de una vida mejor en tierras de ultramar.

El motivo de ese flujo de emigración fue el empobrecimiento de una parte importante de la población, particularmente entre los agricultores.

A finales del año 2004 los extranjeros residentes en Suiza eran 1.495.000, 20% de la población suiza.

El total de los extranjeros ha aumentado en 1,6% al año.

La principal comunidad extranjera está representada por los italianos, con 300.214 personas.

Vienen después los serbio-montenegrinos (199.150), los portugueses (159.737), los alemanes (144.864) y los turcos (76. 631)

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