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ONU: una suiza en un alto puesto sobre desechos

Katharina Kummer Peiry en su nuevo puesto. swissinfo.ch

La experta medioambiental, Katharina Kummer, es desde este mes secretaria ejecutiva del Convenio de Basilea, y una de las pocas personalidades helvéticas con una posición clave en la ONU.

Suiza está estrechamente relacionada con ese código internacional para la eliminación de desechos peligrosos.

«Por ningún otro puesto hubiera dejado mi despacho de asesoramiento», afirma Katharina Kummer Peiry.

«Pero el Convenio de Basilea es un ámbito que conozco al dedillo».

La experta internacional de derecho medioambiental, de 47 años de edad, participó en las negociaciones para la elaboración del Convenio de Basilea, en la década de los años 80.

De ese tiempo a la fecha se ha ocupado de forma intensiva en la cuestión de los desechos a escala mundial.

Su tesis doctoral la escribió en Londres. El tema: el Convenio de Ginebra. Ese estudio es aún hoy una obra obligada en el sector de la administración de desechos a escala internacional.

Después de sus estudios en el Reino Unido, Kummer trabajó en la administración helvética ocupando diversos puestos, impartió clases en varias universidades y fundó hace siete años su propio despacho de consejería en materia de desechos.

«Yo me dije siempre: ‘dejo esto sólo cuando me llegue algo fantástico’. En la ONU puedo aportar ideas y propuestas ante figuras claves de los países implicados. Esto me sedujo».

Sin respaldo, imposible

Katharina Kummer ya había postulado al puesto de secretaria ejecutiva del Convenio de Basilea hace ocho años. En el segundo intento obtuvo el puesto con el apoyo de la diplomacia y de las autoridades suizas.

«La Suiza oficial tiene interés en ocupar puestos importantes en la ONU. En el programa medioambiental, Suiza está poco representada a pesar de tener una participación financiera por encima de la media», explica Kummer.

«Aparte del nivel técnico en la elección, existe un ámbito político-diplomático. Aquel que no cuente con el apoyo oficial de su país, no tiene posibilidades reales de ocupar un puesto directivo de este tipo.»

Contacto directo

Suiza tiene una relación muy estrecha con el Convenio de Basilea. Fue la que propuso la redacción de esta reglamentación y en 1989 fue la anfitriona de la conferencia diplomática que concluyó el documento.

«Fue la época de los famosos barcos con desechos que dirigían su basura a los países en desarrollo. Suiza quedó bajo la mira con la catástrofe ecológica de Seveso Internacional», recuerda.

Al frente de la Secretaría del Convenio de Basilea, Katharina Kummer se encuentra justo debajo de la función del director ejecutivo del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), con sede en Ginebra. Como órgano principal del Convenio de Basilea, es el encargado de realizar la conferencia de los 170 países adheridos al Convenio.

«Pese a las afinidades entre Suiza y la Secretaría, la administración federal helvética no puede darme instrucción alguna. No obstante, es usual que los que ocupan estos altos cargos en Naciones unidas tengan un contacto especial con su país», afirma Kummer. «Suiza puede plantear sus peticiones por mi intermedio».

Los desechos a la sombra de las cuestiones medioambientales

En su primera semana de trabajo, Kummer arregló un importante acto, la conferencia preparatoria de las partes implicadas en la reunión de junio de 2008 en Bali. «Fue algo relativamente difícil. Las discusiones conducían a un bloqueo. Pude hacer una propuesta práctica para favorecer un proceso más fluido».

El tema de la basura tiene un papel mucho más reducido que el clima en el ámbito público y en la agenda política. «Para Bali me puedo imaginar un tema central que sitúe de forma paralela a la basura y a la salud, pues ésta última tiene un valor emocional más alto en la esfera pública.»

No existen los modelos hechos

Un punto esencial en el Convenio de Basilea radica en los programas de colaboración para países que no han solucionado su problema de desechos. En Europa, los consumidores pagan una tasa para la eliminación de los productos electrónicos que compran.

Este modelo, típico de sociedades opulentas, no puede ser aplicado en China, observa Kummer. «Allí se reutilizan varias veces los teléfonos portátiles. Los comerciantes callejeros viven de la reventa de ese material». Al final, estos productos terminan como chatarra electrónica en las montañas de basura.

Se trata ahora de desarrollar para esos países un sistema de eliminación de basura eficiente. «No existen los modelos hechos. Nuestro secretariado tiene aquí una tarea de asesoría.»

swissinfo, Andreas Keiser, Ginebra
(Traducido del alemán por Patricia Islas Züttel)

Suiza fue anfitriona en 1989 de la conferencia diplomática que estableció el Convenio de Basilea sobre el Control de los Movimientos Transfronterizos de los Desechos Peligrosos y su Eliminación.

El Convenio de Basilea fue una reacción tras diversos escándalos y la eliminación ilegal de desechos en la década de los años 80, como la ocurrida en Seveso.

Suiza desempeñó un papel determinante para la creación de este Convenio de la ONU, que aspira a reducir en escala mundial los desechos peligrosos y su eliminación irrespetuosa ante el medio ambiente.

El Convenio de Basilea se corresponde con los principios básicos de la política de desechos helvética.

Hasta ahora, 170 Estados han ratificado el documento.

1966-1979: Estudios primarios y secundarios en Covington (EE. UU.), Awash (Etiopía), Langnau am Albis (Suiza). Bachillerato en la escuela cantonal de Wiedikon, Zúrich.

1979-1984: Estudios en Ciencias Políticas y Jurídicas en la Universidad de Zúrich.

1990-1993: Doctorado en Derecho en Londres.

1985-1988: Asistente e investigadora en la Universidad de Zúrich y aprendizaje como empleada jurídica en el juzgado municipal de Horgen.

1988-1990: Consultante en el programa medioambiental de la ONU en Nairobi. En ese periodo participó, con el apoyo de Suiza, en el borrador del Convenio de Basilea.

1994-1997: Responsable de programas de la división de asuntos internacionales en la Oficina Federal de Medio Ambiente, en Berna.

1997-1999: Jefa del departamento de Protección Ambiental de la Sección política V del Ministerio de Asuntos Exteriores suizo.

1999-2007: Docente en la Universidad de Berna y propietaria del despacho de asesoría EccoKonsult.

El Convenio de Basilea sobre el Control de Movimientos Transfronterizos de Residuos Peligrosos y su Tratamiento fue adoptado en 1989 y entró en vigor el 5 de mayo de 1992.

El Convenio de Basilea surgió como respuesta de la comunidad internacional a los problemas causados por la producción anual de millones de toneladas de residuos en todo el mundo.

Estos desechos resultan perjudiciales para los seres humanos y el medio ambiente porque son tóxicos, venenosos, explosivos, corrosivos, inflamables, tóxicos para el ecosistema e infecciosos.

Este tratado mundial sobre medio ambiente regula estrictamente el movimiento transfronterizo de residuos peligrosos y señala obligaciones que atañen a las partes integrantes para asegurarse de que tales residuos se gestionan y disponen de manera que se respete el medio ambiente.

Para lograr la consecución de estos principios, el Convenio aspira a controlar los movimientos transfronterizos de residuos peligrosos, dirigir y prevenir el tráfico ilegal, proveer asistencia técnica para la gestión de residuos peligrosos y la conservación del medio ambiente, promover la cooperación entre las partes implicadas y desarrollar guías técnicas para la gestión de residuos peligrosos.

La Secretaría del Convenio de Basilea (SBC, en sus siglas en inglés) tiene su sede en Ginebra y es administrada por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

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