El coronavirus y el fantasma de la gripe española

Hospital militar en Olten en 1918

Entre 1918 y 1919, la epidemia de “gripe española” provoca una de las crisis sanitarias más graves en la historia de la humanidad. La situación actual no es comparable a la de hace un siglo. Sin embargo, hay similitudes.

“Murió de la gripe española”: de los recuerdos de mi infancia emerge esta frase, pronunciada tal vez por un primo de mi madre, sacristán de la comunidad protestante de un pequeño pueblo suizo en la frontera italiana y guardián de la memoria familiar.

Esta frase se refería a mi bisabuela paterna, Caterina. En 1918, Caterina estaba embarazada y, como a muchas otras mujeres en su estado, la infección por el virus de la gripe le resultó fatal. Murió con su pequeña hija poco después de dar a luz el 15 de diciembre del mismo año. Tenía 22 primaveras y dejaba un esposo y dos hijas aún pequeñas.

Un flagelo global

Caterina fue una de las muchas víctimas de la gripe española. Según las estimaciones más recientes, la epidemia causó entre 50 y 100 millones de muertes en todo el mundo (entre el 2,5% y el 5% de la población del planeta), más que la Primera Guerra Mundial y quizás incluso más que la Segunda. En números absolutos, fue la epidemia más grave en la historia de la humanidad. Solamente en Suiza, alrededor de dos millones de personas se infectaron, con casi 25 000 muertos.

Las teorías difieren en cuanto a los orígenes de la gripe española, llamada así porque durante la guerra, la prensa de la neutral España, que no estaba sometida a la censura militar, había sido la primera en evocarla. Tal vez vino de China, tal vez comenzó en Estados Unidos o en campamentos militares europeos.

La epidemia afectó a todos los continentes en tres oleadas: la primera, de abril a julio de 1918, la segunda, la más mortal, en otoño; y la tercera, en los primeros meses de 1919. Y se caracterizó por una distribución demográfica anormal de la mortalidad, muy diferente a la de la pandemia actual: la gripe española afectó especialmente a personas de 20 a 40 años. Alrededor de la mitad de las víctimas estaban en este grupo de edad.


Época de crisis

La gripe española se propagó en un contexto de profunda crisis social. “Las poblaciones estaban debilitadas por la guerra, al igual que los Estados y la economía”, recuerda el historiador Séveric Yersin, doctorando en la Universidad de Basilea y experto en pandemias y salud pública en Suiza.

La masa de tropas en cuarteles y trincheras en Europa favoreció el contagio. Incluso en Suiza, donde el ejército había sido movilizado para defender las fronteras, los soldados fueron de las primeras víctimas de la epidemia: en julio de 1918, durante la primera ola de gripe, hasta 35 personas morían por día. La Huelga General de 1918 y la nueva movilización de tropas para el mantenimiento del orden público contribuyeron a una segunda ola de contagios.


Contrariamente a la percepción de la prensa en esa época, que exaltaba especialmente el sacrificio de los soldados, la epidemia afectó particularmente a la población civil. Como demostró el historiador Christian Sonderegger en 1991, en uno de los primeros estudios consagrados a la gripe española en Suiza, las víctimas militares representaron menos del 8% del total.

Los límites de la medicina

“La salud pública no tenía la importancia que tiene ahora, incluso en Suiza estaba poco desarrollada”, observa Séveric Yersin. La Confederación aprobó una ley sobre epidemias en 1886, luego de que un primer proyecto fuera rechazado en votación popular, principalmente debido a la obligación de una vacunación planificada. La gripe no formaba parte de las enfermedades cubiertas por la ley.

En 1893, con la creación de la Oficina Federal de Salud Pública, Berna sentó las primeras bases de una administración nacional de salud. Sin embargo, los tímidos avances hacia la centralización de la atención sanitaria se encontraron con una fuerte resistencia de los cantones.


Almuerzo en el centro de convalecencia para soldados enfermos de gripe en Sigriswil, en el cantón de Berna, en 1918.

Además, en ese momento, la medicina no pudo identificar el agente patógeno de la gripe. La existencia de los virus ya se había teorizado, pero su tamaño era demasiado pequeño para ser visible con microscopios ópticos (el microscopio electrónico no se inventó hasta 1931). Las hipótesis sobre los orígenes de la gripe todavía estaban dominadas por el paradigma bacteriológico que prevalecía en ese momento.

Plenos poderes

La respuesta de las autoridades suizas a la epidemia fue bastante tardía e inicialmente se limitó a medidas de orden público. El 18 de julio de 1918, mediante un decreto urgente, el Consejo Federal (Gobierno suizo) delegó a los cantones el derecho de prohibir reuniones y manifestaciones.

“La decisión se basaba en los plenos poderes otorgados al Consejo Federal cuatro años antes, al estallar la guerra, y no en una enmienda a la Ley de epidemias”, señala Séveric Yersin. Y fue parte de una estrategia para reprimir el movimiento laboral en lugar de luchar contra la propagación de la enfermedad”.

No fue sino hasta el otoño que las autoridades de salud intervinieron de manera más decisiva, cerrando escuelas, cines y mercados, y aislando a los pacientes. El 11 de octubre, el Consejo Federal también impuso a los médicos la obligación de informar sobre todos los casos de gripe. “Algunos cantones consideraron esa medida como una injerencia de las autoridades federales. El cantón del Valais incluso se negó a aplicarla”, puntualiza Séveric Yersin.

Además, la Confederación intervino para apoyar a los cantones y las comunas (municipios), asumiendo la mitad de los costos causados por la epidemia. Al mismo tiempo, los cantones obtuvieron la posibilidad de subvencionar a las personas que perdieron sus empleos a causa de la gripe, una medida que, sin embargo, fue mal aplicada. El Gobierno también otorgó aumentos salariales a los trabajadores de la salud.

Epidemia y desigualdad

A pesar de las medidas tomadas por la Confederación, una gran parte de los costos de la epidemia terminaron afectando a las personas, con graves consecuencias para los más pobres. La cobertura del seguro de salud era muy limitada. En cuanto a los fondos vinculados con las organizaciones sindicales, fueron puestos a prueba por las consecuencias de la huelga general.

“Las epidemias son indicativas del estado de una sociedad", considera Séveric Yersin. "Durante mucho tiempo, se sostuvo que la gripe española había sido democrática de alguna manera al golpear a todos de la misma manera. En realidad, los datos sobre mortalidad parecen muy heterogéneos e indican tensiones y desigualdades sociales”.

Mientras que la mortalidad en Europa fue de alrededor del 1%, en otras regiones alcanzó el 5%. En la ciudad indonesia de Madura alcanzó el 25%. Incluso a nivel local, las diferencias entre barrios o clases sociales podían ser considerables. En su estudio de 1991, Christian Sonderegger encontró una correlación significativa entre la posesión de bienes inmuebles y la tasa de mortalidad en los barrios de la ciudad de Berna.

En otras palabras: aquellos que eran propietarios de la casa en la que vivían y tenían suficiente espacio disponible, así como la posibilidad de quedarse en la cama, parecían arriesgar mucho menos que los que vivían en espacios alquilados y exiguos de un barrio obrero. Y, sin duda, también pudieron enfrentar mejor las consecuencias económicas de la crisis sanitaria.

Este artículo ha sido importado automáticamente del antiguo sito web al nuevo. Si observa algún problema de visualización, le pedimos disculpas y le rogamos que nos lo indique a esta dirección: community-feedback@swissinfo.ch

Compartir este artículo