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Cuando una aerolínea desune al país... Swissair

En un contexto de globalización, es ilusorio aferrarse a la idea de una compañía aérea nacional, según algunos expertos.

(Keystone)

El descalabro de la compañía aérea suiza revuelve los ánimos de diferentes sectores de la sociedad helvética. El declive de la mayor marca de exportación nacional no une al país. Al contrario: la batalla por los cielos causa enormes divisiones.

El nacionalismo y el patriotismo no son conceptos de uso popular en Suiza - o mejor dicho: no eran conceptos políticamente correctos. Ahora todos pretenden ser buenos helvetas.

Por una parte tenemos el sector financiero que participa en la reconversión de la aviación civil nacional. Los bancos más grandes de Suiza, UBS y Credit Suisse, ya han apostado por Crossair y están convencidos de que la filial vuelos regionales de Swissair tendrá mejores posibilidades de sobrevivir en el mercado mundial de la aviación, cada vez más liberalizado y desregularizado.

Los dos bancos, que compraron al grupo Swissair su participación en Crossair (70,35%), no se imaginaban qué clase de furia iba a provocar su decisión eminentemente mercantilista en amplios sectores de la sociedad suiza. A primera vista, el UBS ganó la batalla y se perfila ahora como accionista mayoritario de Crossair, cuyas acciones subieron en un 30% en sólo una semana.

La transacción divide también a la comunidad financiera. Queda la impresión de que los máximos dirigentes de los bancos desestimaron las implicaciones que representa el desmontaje de Swissair en el ámbito político y para la imagen del país.

Por otra parte, la clase política criticó contundentemente a la comunidad financiera y, en particular, al sector bancario. Todos los partidos lamentaron la absoluta falta de coordinación para reemplazar a una vieja y endeudada compañía, Swissair, por una nueva y rentable: Crossair. La dramática situación llevó al Gobierno suizo a intervenir con carácter de urgencia, para mitigar los daños ocasionados por el paro temporal de las actividades de Swissair a principios de esta semana.

Las autoridades federales decidieron garantizar los vuelos de Swissair hasta fines de octubre. EL Parlamento se reunirá en noviembre, en sesión extraordinaria, para debatir la posibilidad de crear una aerolínea con una participación estatal mayoritaria.

El daño que sufrió la marca Swissair ya está hecho. Los analistas políticos estiman que la ignominia no recae únicamente sobre la aerolínea, sino también sobre toda Suiza, país que suele brillar por su puntualidad, su seriedad y por su precisión de relojería.

El distanciamiento entre el sector financiero y el poder político nunca ha sido tan profundo como ahora, cuando el futuro de Swissair es tan incierto. La reacción de muchos ciudadanos, que tienen un lazo sentimental con Swissair, ha sido fulminante. Decenas de miles de personas salieron a la calle para manifestar su descontento sobre la desintegración de Swissair.

La paralización temporal de la compañía aérea ha provocado desunión en los sectores político y financiero del país. La anunciada desaparición de Swissair también ha desencadenado una inusitada muestra de solidaridad y furia entre la población.

¿Se aferra Suiza a una ilusión al abogar por una aerolínea nacional? Algunos expertos estiman que el concepto de una compañía aérea identificada con un país no tiene futuro en un contexto global ni en una industria, dominada por unos pocos oligopolios transnacionales que no se identifican con naciones, sino con mercados.

Erwin Dettling, Zúrich


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