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Brasil ilumina Locarno con Luz Bermeja

La actriz Djin Sganzerla en una escena del nuevo "Bandido de la Luz Bermeja".

(Gabriel Chiarastelli)

El largometraje ‘Luz nas trevas. A volta do bandido da Luz Vermelha’ (Luz en las Tinieblas. El retorno del bandido Luz Bermeja) , digno heredero del ‘Nôvo Cinema’ brasileño, se perfila como serio candidato al Leopardo de Oro en el Concurso Internacional del Festival de Cine de Locarno que concluye este sábado.

La ceremonia de entrega de los Leopardos en la ‘Piazza Grande’ marcará el final de la esta cita suiza con el cine del mundo en la que será noche de luces, con lluvia de estrellas pero, esperemos… sin un chubasco de verano.

En un balance preliminar, puede decirse que esta 63 edición de Locarno mostró una apertura hacia lo nuevo:

Productores, técnicas, soluciones en la recepción de los huéspedes y en la logística, así como una actitud desprejuiciada ante propuestas que difícilmente podrían definirse como “artísticas” pero que expresan eficazmente una idea. Criterios que reflejan la voluntad de la nueva gestión, encabezada por el director artístico, Olivier Pére.

En primer lugar, se dio espacio a las cinematografías de Europa del Este, entre cuyas producciones se distinguieron, por su sobriedad y belleza, el filme serbio ‘Beli beli svet’ (2010), de Oleg Novkoviç; el belga-polaco ‘Beyond the steppes’ (2010) de la autora Vanja d’Alcantara, y dos películas rumanas : ‘Morgen’ (2010) de Marian Crisan, y ‘Periferic’ (2010), de George Apetri.

¿La pornografía es arte?

Cabe una observación a propósito de la selección de algunos filmes escabrosos, con temas ásperos, como el incesto, el crimen pasional, o la pornografía.
Desde luego, los temas son pertinentes; sin embargo, lo que debe interesar a Locarno es la calidad para poder afrontar con maestría la realidad en todas sus declinaciones.

Al contrario, las películas escogidas en este caso no presentan ningún acierto, ni artístico, ni estilístico, ni documentable. Se trata de productos más bien mediocres, y es una lástima considerando que una cuestión tan controvertida como la homosexualidad, por ejemplo, merece ser tratada en filmes bien rodados y mejor bordados, con ideas claras y talento expresivo.

De otra manera, la visión escurre por el resbaladizo sendero del consumismo chato, que sólo atiza la comezón del público y no le da nada que le pueda interesar o conmover, amén de que este tipo de productos no necesita un festival internacional de cine para promoverse.

El retorno de ‘Luz Bermeja’

Luz Bermeja es el sobre nombre de un legendario bandido de Sâo Paolo, en el Brasil de los años sesenta. Cuenta la crónica que en sus incursiones nocturnas en las lujosas mansiones de la metrópolis, el ladrón irrumpía armado con una antorcha eléctrica cuya intensa luz roja paralizaba de terror a las víctimas.

Este hampón, que existió realmente, se llamaba Joâo Pereira da Costa y fue condenado por sus crímenes a 351 años de cárcel.

En 1968, Rogério Sganzerla, cineasta genial, perteneciente al movimiento de renovación ‘Nôvo Cinema’ brasileño, reconstruyó la figura del bandido con base en los archivos de la policía.

Con el empleo de una serie de géneros cinematográficos, que mezcló con egregios resultados, hizo suya una técnica que fue vista como innovadora en esa época: Western junto con género policiaco; documental con comedia musical, incluyendo además “crónicas” de ciencia ficción (como la aparición, por ejemplo, de ovnis), a la manera de Orson Wells, sin olvidar la denuncia social.

Brasil, por Latinoamérica

Cuarenta y dos años más tarde, y como única presencia latinoamericana en la sección ‘Concurso Internacional’ del Festival de Locarno, se proyecta la historia de Luz Bermeja, con el largometraje ‘Luz na trevas. A volta do bandido da Luz Vermelha’ (2010) con Helena Ignes, actriz, colaboradora y viuda de Sganzarla, e Icaro Martins, productor, guionista y autor de cine, también brasileño.

Uno de los dos protagonistas es ‘Tudo ou Nada’ (todo o nada), sobrenombre que se da a sí mismo el hijo de Luz Bermeja, su heredero en el crimen y en la astucia. Gran vividor, como su padre, amante del lujo y las mujeres, no tiene empacho en quitar de en medio a quien se le opone.

En paralelo aparece el viejo Luz Bermeja. En la cárcel, viviendo de recuerdos y reconocido por los demás reclusos como una celebridad, pasa su tiempo leyendo a Nietzsche y Baudelaire y propinando sentencias pseudofilosóficas del tipo: “En el penitenciario nadie hace penitencia”.

Un nihilismo de fondo, en efecto, podemos notar también en las reflexiones que hace Todo o Nada, el nuevo terror de la comunidad acomodada de Sâo Paulo. El muchacho sufre de una ‘saudade’ (tristeza) que interrumpe con explosivos momentos de exceso: carreras desbocadas en su automóvil convertible, sexo violento con las víctimas de sus atracos, vanidosa atención hacia su guardarropa y su persona.

La técnica mixta que comenzó a usar Sganzerla se confirma y hasta supera en este nuevo filme, sin duda porque los recursos tecnológicos y digitales, hoy más sofisticados, permiten resultados que eran imposibles en aquella época.

Lo que es indudable es que el espíritu del Maestro ha sido respetado “religiosamente”, así como su modernísima ironía. También queda reproducido el tono, desencantado en el fondo pero con episodios de explosiva alegría, y, en general, esa actitud reflexiva tan lusitana ante la vida y su sentido.

Lupita Aviles, Locarno, swissinfo.ch

El ‘Boccalino d’Oro’

Un ‘boccalino’ es una taza con una boquilla puntiaguda que sirve para beber, sin que se derrame por ambos lados, el vino tinto del Tesino, el famoso Merlot
‘Boccalino d’Oro’ se llama también el premio a la mejor película proyectada en Locarno y es asignado por un jurado alternativo e independiente, formado por escogidos críticos y periodistas cinematográficos.

Estas personas decidieron dar al evento un carácter informal y muy jovial, donde se premia no solamente el mejor filme, sino también la mejor actuación y el trabajo más interesante desarrollado en el ámbito del festival.

Este año la manifestación cumple diez años de existencia y, para festejar, se ha tenido una alegre ceremonia - un poco desparpajada - en la que, entre un plato de risotto y un boccalino de merlot, se entregó el premio por la mejor dirección, nada menos que a Helena Ignes y a Icaro Martins, por su largometraje “Luz nas trevas. A volta do bandido da Luz Vermelha” (2010).

Por la mejor interpretación en absoluto, recibió un “Boccalino d’Oro” la actriz rumana Ana Ularo, en la película “Periferic” (2010), y el estadounidense Joseph McBride, responsable de la Retrospectiva de Ernst Lubitsch, recibió otro ‘Boccalino d’Oro’ que le reconoce haber sido la persona más significativa durante este Festival.

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