Suiza – Sudáfrica: faltó firmeza en la condena al apartheid
La Confederación Helvética debió actuar con más coraje frente al Apartheid. A diferencia de otras capitales, Berna perdió las oportunidades de intervenir ante Pretoria, constata un estudio realizado por el "Grupo de investigación Suiza - Sudáfrica".
Los autores del documento interrogaron a varios testigos de la época, sobre todo a personas cercanas a la Iglesia y a los círculos de lucha contra la segregación racial, que entonces se dirigieron al gobierno de Suiza pidiendo su condena a las violaciones de los derechos humanos en Sudáfrica.
El «Grupo de investigación Suiza – Sudáfrica» está formado por un grupo de expertos y fue creado en 1999 para analizar las relaciones entre Berna y Pretoria durante el período 1948 – 1994. Su labor es coordinada por el Fondo de solidaridad para la liberación social en el Tercer Mundo (Solifonds).
Sin emitir un juicio definitivo sobre la política de Suiza en la época del Apartheid en Sudáfrica, el grupo cita algunos ejemplos con la intención de clarificar algunas lagunas que surgieron en informes previos al respecto.
Campo de «ocupas»
Al término de sus averiguaciones, los investigadores mencionan varios casos en los que, opinan, Suiza pudo mostrar más coraje. Uno de ellos es la destrucción, en 1981, de un campo de ocupas, situado cerca de Ciudad del Cabo. La policía sudafricana procedió con violencia al desalojo.
Recordando ese episodio, el grupo señala que varios países se unieron a Francia para protestar ante las autoridades de Pretoria. Suiza no lo hizo. «Berna practica una diplomacia discreta» respondió en esa ocasión el entonces ministro de Relaciones Exteriores, Pierre Aubert.
Baños de sangre
Otro ejemplo en el que los autores del estudio reprochan a la Confederación su falta de decisión son los funerales de las víctimas caídas en baños de sangre perpetrados en los homeland de Mamelodi y Alexandra, en 1985.
Varios diplomáticos asistieron al acto con la intención de disuadir a la policía e impedir que reprima con severidad a las personas asistentes a la ceremonia. Suiza no consideró útil enviar su representante al acto.
Pastor torturado
Interrogado por una pastora suiza, el embajador de entonces en Sudáfrica, Jean-Olivier Quinche, respondió que no era necesario enviar un representante a los funerales, porque al conversar con su chofer, un habitante de Mamelodi, estaba al tanto de cómo pensaban los negros.
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El grupo cita también el caso del pastor Simon Farisani, torturado en el curso de los años 80 en el homeland (territorio negro) de Venda. Mientras Alemania, Gran Bretaña y Estados Unidos intervinieron en su favor, Suiza no protestó.
Embargo
La razón invocada entonces por el Ministerio de Relaciones Exteriores es que Suiza no reconocía a los homeland ni mantenía contactos con los responsables de esos territorios. Consiguientemente, no podía hacer nada para ayudar eficazmente al señor Farisani.
Por otra parte, Suiza eludió el embargo impuesto por la ONU a la venta de armas, añade el estudio. La Confederación autorizó el envío de 60 aviones PC-7 a Sudáfrica, en 1994. Berna justificó la venta argumentando que ordenó la modificación técnica de los aparatos para evitar su uso con fines militares.
Enfoque limitado
Caber recordar que el Consejo Federal formó una comisión Interdepartamental denominada «Suiza – Sudáfrica», cuyo informe, presentado en octubre de 1999, fue demasiado restrictivo. Con todo, lamenta que Suiza no se uniera a las sanciones internacionales contra Pretoria.
Con el fin de esclarecer completamente esa etapa de su política exterior con Sudáfrica, el gobierno de Suiza encomendó, en mayo último, al Fondo Nacional Suizo las averiguaciones pertinentes. Las investigaciones durarán tres años y cuentan para ello con un presupuesto de dos millones de francos.
El «Grupo de investigación Suiza – Sudáfrica» aboga además por la supresión de las deudas contraídas por el régimen del apartheid.
Refiriéndose a lo que denomina de «deudas de la vergüenza», considera que los sudafricanos de hoy pueden negarse a asumir esa responsabilidad, ya que esos dineros fueron empleados para oprimir a la población y para el enriquecimiento personal.
swissinfo y agecias
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