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Medir nuestros datos de salud: ¿beneficio real o moda pasajera?

Un hombre pasa por delante de la clínica de escáner corporal completo Prenuvo en Nueva York, Estados Unidos.
Es posible hacerse una resonancia de cuerpo entero en menos de una hora en clínicas como Prenuvo, en el centro de Nueva York. SWI swissin.ch / Aylin Elci

Desde revisar los patrones de sueño a hacerse un escáner en todo el cuerpo, cada vez más personas sanas monitorizan en privado sus datos físicos para mantenerse en forma. Pero ¿cuáles son en realidad los beneficios? 

La influencer Kim Kardashian sorprendió a sus fans el pasado mes de noviembre al revelar que le habían diagnosticado un aneurisma cerebral que le detectaron durante una resonancia de cuerpo entero en una clínica privada. La primera vez que habló a sus 354 millones de fans sobre esas resonancias fue en agosto de 2023, lo que hizo que algunos medios de comunicación se refirieran a esta práctica como «el nuevo símbolo de estatus del bienestar».

Aunque no hay datos oficiales sobre el número de clínicas que ofrecen resonancias de cuerpo completo para personas aparentemente sanas, la oferta está creciendo y se ha expandido desde Norteamérica al resto del mundo. En Suiza, donde las clínicas y hospitales privados y centros wellness de lujo llevan décadas ofreciendo tratamientos de salud preventivos, en los últimos tres años han aparecido, al menos, cinco start-ups diferentes que ofrecen este tipo de pruebas.

Estas clínicas se suman a otras prácticas de salud preventiva que se mueven entre el bienestar y la longevidad, como los “wearables”: pequeños dispositivos de seguimiento integrados en dispositivos de uso cotidiano, como teléfonos y relojes, y capaces de medir cualquier parámetro, desde el estrés al envejecimiento. Gracias a su amplia presencia y a su precio cada vez más asequible, estas herramientas forman ya parte de nuestro día a día. Sin embargo, persisten las dudas sobre sus beneficios reales para la salud y los datos disponibles siguen siendo limitados.

«En tan solo dos generaciones, nuestra esperanza de vida ha aumentado entre 20 y 30 años, por lo que las personas de entre 50 y 70 años quieren envejecer de forma saludable», afirma el Dr. Francis Meier, cofundador del Centro Suizo de Medicina Preventiva (Swiss Center for Preventive Medicine) en el campus del Hôpital de la Tour en Ginebra.

«Hay que valorar lo que es bueno para el paciente y no lo que es bueno para el negocio, y ambas cosas no siempre van de la mano», cuenta. «Estas resonancias de cuerpo entero son un negocio creado desde cero para ganar dinero».

Según el doctor, Suiza cuenta con sólidos programas de detección de enfermedades que responden bien al tratamiento, como el cáncer de mama, de pulmón, de próstata y de piel; motivo por el cual su clínica no ofrece resonancias de cuerpo completo. Otras anomalías que se pueden detectar con este tipo de pruebas son enfermedades raras sin tratamiento conocido, o ni siquiera llegarán a convertirse en patologías. Ambas opciones pueden causar ansiedad y costes innecesarios para quienes se someten a estas pruebas.

Una industria multimillonaria

Todo esto no ha impedido que el mercado de monitorización de la salud prospere. Las clínicas, start-ups y gigantes tecnológicos se están posicionado como empresas de salud preventiva. La baza que utilizan para vender es detectar enfermedades lo antes posible mediante la recopilación amplia de datos, incluso si la persona está sana.

Personas conocidas y grandes empresas de capital riesgo como Andreessen Horowitz (a16z) están invirtiendo en centros de diagnóstico como Function Health, que desde su fundación en 2022 en Estados Unidos ha recaudado un total de 358 millones de dólares (285 millones de francos suizos). Su competencia sueca, Neko Health, fundada un año más tarde, ha obtenido 325 millones de dólares. En 2025, las valoraciones de ambas empresas se situaban en 2.500 millones y 1.800 millones de dólares, respectivamente.

Según Grand View ResearchEnlace externo, el mercado de wearables podría duplicar sus cifras con creces en los próximos cinco años, pasando de 60.900 millones de dólares en 2024 a 162.700 millones. Además, el sector cuenta con el respaldo de responsables políticos. En julio, el secretario de Salud y Servicios Humanitarios de EE. UU., Robert F. Kennedy Jr., lanzó una campaña para animar a la población estadounidense a usar wearables, y en septiembre la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) aprobó el uso del Apple Watch fue aprobado como dispositivo de grado médico para detectar la hipertensión.

Las personas interesadas en monitorizar sus datos de salud disponen hoy de una amplia oferta en cuanto a marcas, precios, usos y funciones; desde contadores de pasos que cuestan apenas unos dólares hasta relojes inteligentes cuyo precio supera los 400. Por su parte, las resonancias de cuerpo entero tienen un coste considerablemente más alto, ya que requieren equipos de resonancia magnética por imagen capaces de recopilar una gran cantidad de datos para reconstruir de forma virtual los órganos y tejidos del cuerpo.

En la start-up suiza Aeon, los precios empiezan en los 2.490 francos suizos (3.126 dólares estadounidenses) para una resonancia de cuerpo completo y un análisis de sangre, y llegan hasta los 6.990 francos suizos si se incluye un escáner adicional de densidad ósea, un análisis genético, una cita con un experto en longevidad y un análisis de composición corporal con inteligencia artificial. Estos servicios no están cubiertos por el seguro suizo.

Objetivo: personas sanas 

Según afirman especialistas del sector, la creencia de que nuestro comportamiento individual puede influir en nuestra salud es una de las principales razones del auge de estas prácticas. «Solo el 25% de nuestra esperanza de vida se puede explicar realmente por la genética, lo que alimenta la idea de que, si cuidamos nuestros hábitos, podemos tener una vida más saludable», cuenta Filipe Barata, investigador senior en el Centre for Digital Health Interventions (centro de intervenciones digitales en materia de salud) del Instituto Federal de Tecnología ETH de Zúrich.

Tanto las empresas de diagnóstico como de wearables atraen a su clientela con frases como «la salud es bella» o «coge las riendas de tu propia salud», que enfatizan la importancia del bienestar. Sus servicios están dirigidos a personas sanas, si bien insisten en que no sustituyen a pruebas ni cribados médicos. En palabras de un representante de la start-up suiza Aeon, «la oferta está diseñada para personas adultas que se preocupan por la salud y que quieren establecer un punto de referencia de su estado de salud y entender mejor su perfil de riesgo».

Cuando Prenuvo (la empresa que usó Kim Kardashian) abrió sus puertas en Bethesda, Maryland, en el verano de 2024, contactó con influencers del ámbito del wellness, como la maquilladora de 39 años Jeet Bahra. Esta aceptó una resonancia gratuita a cambio de una publicación en sus redes sociales porque no tenía seguro médico y estaba preocupada por el cáncer de mama.

En muchos países, incluido Estados Unidos, las mamografías no son obligatorias, no se reembolsan ni se hacen antes de los 40 años. «He tenido al menos una docena de amigas que han pasado de estar bien un día a encontrarse al día siguiente un bulto en el pecho que acabó en mastectomía», cuenta Bahra, cuyos resultados fueron positivos. Prenuvo no respondió a las preguntas sobre su oferta.

Sobrecarga de datos

Courtney McKay, psicóloga clínica en prácticas de 31 años, dice que «muy probablemente» se haga en algún momento una resonancia de cuerpo completo. En la última década, para mantenerse saludable y activa ha confiado en wearables como una pulsera Whoop que le dio su novio cuando él se compró un nuevo modelo. Los dos normalmente comparan estadísticas, pero han dejado de revisar sus datos de sueño nada más levantarse para que los resultados no «definan su día».

«Intento determinar cómo me siento antes de mirar los datos», señala McKay. Muchas personas que usan estos dispositivos afirman sentir estrés tras consultar sus datos de sueño, un síndrome conocido como «ortosomnia» que se documentó por primera vez en 2017 y que se define como «la búsqueda perfeccionista del sueño ideal con el fin de optimizar el rendimiento durante el día».

Según el Cambridge Dictionary, la longevidad se define como «vivir durante mucho tiempo». Este término se usa cada vez más para referirse tanto a la esperanza de vida (lifespan), que es el total de años que vivimos, como a la esperanza de vida saludable (healthspan), que son los años que vivimos con buena salud, sin ninguna enfermedad crónica ni discapacidad. 

Aunque no es una gran aficionada al deporte, McKay dice que su reloj inteligente la motiva a entrenar con regularidad. Por otro lado, los datos de la «esperanza de vida saludable» de McKay, que incluyen la medición de su edad biológica en contraposición a su edad cronológica, también son algo que le ronda la cabeza. «No sé si es ansiedad, pero, por ejemplo, me fui de despedida de soltera y pensaba que acostarme tarde iba a afectar a mi ritmo de envejecimiento. Eso no me gusta.», declara McKay. El ritmo de envejecimiento se ha convertido en uno de los datos de salud más populares, y se puede medir con diferentes dispositivos inteligentes.

Sin embargo, no existen pruebas suficientes de que monitorizar nuestros datos de salud se traduzca en vidas más saludables. Según especialistas en cambios del comportamiento, en prácticamente la mitad de los casos tomar conciencia de hábitos poco saludables no lleva a una modificación de la conducta y, cuando lo hace, es difícil demostrar la correlación.

«La investigación sobre la longevidad es compleja, porque es muy difícil analizar de forma rigurosa la causalidad, y la mayoría de los resultados son correlacionales», declara Barata, del ETH de Zúrich.

Además, muchas de las personas que usan wearables no suelen compartir los datos con profesionales de la salud, sobre todo cuando no pretenden obtener asesoramiento médico, como en los casos de McKay y Bahra. Cuando lo hacen, estos datos tienen a menudo importantes limitaciones en cuanto a precisión y validación, porque la mayoría de estos dispositivos están diseñados como herramientas de bienestar y no como dispositivos médicos.

«Creo que es bueno tener estos dispositivos, pero lo que sigue siendo muy difícil es hacer recomendaciones claras», dice Barata. «Los datos normalmente solo sirven para hacer observaciones genéricas como ‘te iría bien moverte más’, en lugar de diagnósticos claros y firmes», prosigue.

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Si bien las resonancias de cuerpo completo ofrecen datos más precisos que los de un reloj, también se hace un llamamiento a la precaución. «Para nada le aconsejaría a nadie que se hiciera ese tipo de exámenes», declara Suzanne O’Sullivan, neuróloga de la University College London.

Las resonancias magnéticas comenzaron a utilizarse de forma habitual en la práctica clínica en la década de 1990, y según la neuróloga, las imágenes de alta definición solo están disponibles desde hace unos diez años. «Aún estamos empezando a conocer cómo es el interior de una persona sana, y todavía estamos aprendiendo sobre nuestras diferencias y las anomalías con las que conviven muchas personas», apunta O’Sullivan.

Además de generar ansiedad, los resultados de estas pruebas también pueden conducir a tratamientos perjudiciales o innecesarios, según la neuróloga. «Cuantas más pruebas te haces, más irregularidades vas a encontrar, hasta que al final estés en riesgo de recibir un tratamiento que en absoluto necesitas, porque un médico siempre va a preferir pecar por tratar que por no tratar». 

Texto original editado por Virginie Mangin. Adaptado del inglés por Cristina Esteban. Versión en español revisada por Carla Wolff.

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